“Trump ha debilitado la posición de EEUU”: el politólogo Droz-Vincent cuestiona el pacto con Irán

Fabien Escalona (Mediapart)

La reapertura del estrecho de Ormuz, tras el anuncio de un acuerdo entre Estados Unidos e Irán para poner fin a la guerra que asola la región desde el 28 de febrero, es ahora la esperanza de regiones enteras que dependen de este punto neurálgico de la economía mundial. Emmanuel Macron, anfitrión del G7 en Évian (Alta Saboya), afirmó que “se hará todo lo posible para que este acuerdo sea una realidad”.

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Pero ya se ha gestado una confusión en torno a las posibles tasas que se cobrarían a los buques que transiten por el estrecho. Aún no está disponible el texto completo sobre el que se han puesto de acuerdo los responsables estadounidenses e iraníes, y habrá muchos puntos conflictivos que se pospondrán, en cualquier caso, para debates posteriores.

Para hacer balance de los resultados tan inciertos de la diplomacia de la era Trump, Mediapart ha entrevistado a Philippe Droz-Vincent, profesor en la facultad de Ciencias Políticas de Grenoble y especialista en relaciones internacionales, autor de Military Politics of the Contemporary Arab World (Política Militar del Mundo Árabe Contemporáneo (edit. Cambridge University Press, 2020).

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Mediapart: Tras numerosos anuncios y desmentidos, Estados Unidos e Irán han creado un marco para un acuerdo de paz. ¿Cómo analiza este anuncio?

Philippe Droz-Vincent: En primer lugar, observo que la mayoría de los comentaristas se muestran decepcionados y muy cautelosos. Con razón, ya que todo es confuso y probablemente seguirá siéndolo hasta la firma prevista para el viernes, e incluso después. En cualquier caso, se trata únicamente de una especie de memorándum de entendimiento, es decir, un acuerdo para… discutir un futuro acuerdo. El único punto concreto en este momento parece ser la reapertura del estrecho de Ormuz, además de un alto el fuego, pero el resto es muy vago.

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Se podría decir que a cada uno de los dos principales protagonistas, Estados Unidos e Irán, les interesaba salir de esta situación tan costosa. Irán se encuentra estrangulado económicamente, mientras que la administración Trump se enfrenta a una creciente oposición a esta guerra en su propio campo y a los riesgos electorales de la inflación.

Pero, ¿ha sido suficiente la voluntad de estos dos actores para poner en marcha este acuerdo? Cabe ponerlo en duda, ya que la continuación del conflicto se ajusta tanto a la lógica de Trump, que se ha encerrado él mismo en una trampa al fijar objetivos de guerra poco realistas, como a la lógica de una parte de los dirigentes de la República Islámica, que priorizan la supervivencia ideológica del régimen.

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Mi hipótesis es que, a través de diversos canales, los demás actores de la región, para quienes la situación se estaba volviendo infernal desde el punto de vista económico y de seguridad, han presionado para que Estados Unidos e Irán encontraran una salida. Turquía, Arabia Saudí, Catar, Egipto y Pakistán tienen todo el interés en ello.

Actualmente está usted trabajando en una síntesis de la política exterior de Estados Unidos en Oriente Medio desde la época de Obama. ¿Cuáles son los elementos de continuidad y de ruptura que ha aportado el segundo mandato de Trump?

El elemento de continuidad es el extremo debilitamiento de la política americana en la región, como bien demuestra la necesidad de una mediación pakistaní para alcanzar un marco de acuerdo. Ya se veían los primeros indicios de este debilitamiento con Barack Obama. Y el balance del predecesor demócrata de “Trump II” fue ya una catástrofe: Joe Biden fracasó por completo ante la masacre en Gaza.

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La particularidad de Trump es el carácter incontrolable de su delirio egocéntrico. En comparación con su primer mandato, ya no hay límites —los que se impusieron, entre 2016 y 2020, por los cuadros a los que se llamaba “los adultos en la sala”. Como ha tomado el control del sistema estadounidense colocando a personas que le deben todo, puede dejarse llevar por sus “geniales intuiciones”. Pero estas han acabado por conducirlo a una trampa inextricable.

Nunca han sido tan intensas las presiones de los actores de Oriente Medio dentro del sistema estadounidense

En cuanto a Irán, sabemos que Trump, durante su primer mandato, rompió el famoso acuerdo negociado por Obama sobre el programa nuclear iraní, el JCPoA [Joint Comprehensive Plan of Action, o Plan de Acción Integral Conjunto, ndr]. Durante su segundo mandato, explicó que él lo haría mejor, recurriendo a la fuerza para obligar al régimen iraní a firmar lo que él quería. Pero no es eso lo que está ocurriendo. Los analistas ya están elaborando tablas comparativas que enumeran los elementos del problema (como el enriquecimiento de uranio o la cantidad de reservas enriquecidas) y que probablemente no favorecerán a Trump al final.

En general, el conflicto con Irán habrá agravado la pérdida de credibilidad de la palabra de Estados Unidos y de su líder a un nivel sin precedentes. En todo el mundo, la gente se ha acostumbrado ya a coger con pinzas cada una de sus declaraciones y a esperar a lo que diga la agencia Tasnim, cercana a los Guardianes de la Revolución. Su idea era derrocar o cambiar el régimen para lidiar con los Delcy Rodríguez iraníes [en referencia a la dirigente venezolana que sucedió al presidente Maduro tras su secuestro –ndr], pero en realidad ha debilitado la posición de Estados Unidos.

Una de las dificultades radica en la autonomía del frente abierto en el Líbano por Israel. ¿Cómo analizar la relación israelí con Estados Unidos en esta guerra?

La influencia israelí en el sistema estadounidense es muy elevada, algo que muchos miembros de los servicios de inteligencia y del ejército del Estado hebreo no habrían imaginado hace unos años. Netanyahu, que se juega todo por su supervivencia electoral, ha ejercido toda su influencia en la decisión de Trump de entrar en guerra, sobreestimando la facilidad con la que los ataques producirían los efectos esperados. Aunque Trump no duda en quejarse de las iniciativas de Netanyahu y en poner en escena su dominio, eso siempre dura poco.

No obstante, aunque no sea al mismo nivel, hay que destacar que otros actores de Oriente Medio también intervienen de forma inédita en el juego americano. Gracias a sus fondos soberanos y a las inversiones que realizan, Arabia Saudí y Catar, por ejemplo, son muy activos en Estados Unidos.

El lobbying siempre ha existido. Pero es un indicio del debilitamiento de Estados Unidos ver este “efecto rebote” de su implicación en Oriente Medio: presiones políticas de actores regionales dentro del sistema americano que nunca han sido tan intensas.

¿Qué habrá cambiado el conflicto, suponiendo que termine, para los dirigentes de la región?

Estados Unidos sigue siendo, a ojos de los dirigentes de Oriente Medio, ineludible debido a su poderío militar y tecnológico y a sus excepcionales recursos. Pero también se le percibe, más que nunca, como un elemento de desestabilización. Esto explica la multiplicación de las iniciativas de mediación regionales, desde Pakistán hasta Catar, pasando por Arabia Saudí.

Los Estados del Golfo se han visto especialmente afectados: es la primera vez que han sido atacados todos ellos más o menos al mismo tiempo. Han sentido una especie de abandono al verse implicados en una guerra cuya decisión se tomó en otro lugar, en Washington, sin contar con ellos. Aunque no tienen una alternativa inmediata a la alianza con Estados Unidos, saben que esta situación no es estable.

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En cuanto a los dirigentes israelíes, se enfrentan a las consecuencias de un conflicto con Irán que ha superado sus cálculos estratégicos. Tras el 7 de octubre, se propusieron resolver todos los problemas regionales que consideraban cuestiones de seguridad nacional, abriendo uno a uno diferentes frentes de intervención militar, desde la destrucción de Gaza hasta la invasión del sur del Líbano. Los límites de esta estrategia son evidentes.

 

Traducción de Miguel López

La reapertura del estrecho de Ormuz, tras el anuncio de un acuerdo entre Estados Unidos e Irán para poner fin a la guerra que asola la región desde el 28 de febrero, es ahora la esperanza de regiones enteras que dependen de este punto neurálgico de la economía mundial. Emmanuel Macron, anfitrión del G7 en Évian (Alta Saboya), afirmó que “se hará todo lo posible para que este acuerdo sea una realidad”.

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