La Unión Europea se enfrenta (por fin) a su pasado colonial desde Bruselas

Ludovic Lamant (Mediapart)

Bruselas (Bélgica) —

Desde España hasta Alemania, en los países miembros de la UE se debate desde hace años, con mayor o menor tensión, sobre el legado tóxico de su imperio colonial. Pero la exposición que acaba de inaugurarse en Bruselas, organizada por la Casa de la Historia Europea, adopta un punto de vista diferente: se atreve a ofrecer una historia transnacional de ese periodo, convencida de que los Veintisiete deben, juntos, enfrentarse a esa época de expansión y conquistas.

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“Algunos países no se sienten concernidos por esta historia. Alegan que ellos nunca tuvieron colonias”, afirma la franco-togolesa Ayoko Mensah, una de las comisarias de la muestra. “Pero defendemos la idea de que toda Europa está implicada en esta historia. Por ejemplo, a través de las ramificaciones del comercio. O también porque el proceso de integración europea estuvo ligado a la historia colonial.”

En su primera sala, la exposición titulada ¿Postcolonial? presenta un objeto minúsculo, cedido por el Africa Museum de Tervuren, cerca de Bruselas, que resume por sí solo la locura de la época: un pisapapeles de mármol, regalado en 1860 por el que más tarde sería el rey Leopoldo II a su ministro de Hacienda. Grabado en la piedra, como una orden escalofriante, se lee: “A Bélgica le hace falta una colonia.”

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Pero si este pisapapeles anuncia la macabra aventura en el Congo Belga, más o menos conocida por el gran público, a partir de 1885, el museo se adentra también en terrenos mucho menos conocidos: el papel de Suecia y Dinamarca en el comercio de esclavos y posteriormente en la expansión colonial (hasta la esterilización forzada de mujeres inuit por parte del Gobierno danés en la década de 1960), o incluso las ambiciones coloniales —que nunca llegaron a materializarse— de Polonia en la década de 1930, evocadas a través del éxito de un colectivo, la Liga Marítima y Colonial.

Sobre todo, la exposición dedica una pared entera a un tema decisivo, pero aún tabú en la burbuja bruselense: la “Eurafrica”, ese concepto geopolítico racista surgido en los años veinte, que quería que Europa y África tuvieran un destino vinculado. En resumen, que a los africanos les convenía, por su propio bien, dejar que los europeos gestionaran sus territorios. En aquella época, era una forma de dar una nueva legitimidad a un proyecto colonial cada vez más cuestionado.

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La exposición evoca el proyecto paneuropeo Atlantropa, ideado por un arquitecto alemán, Herman Sörgel, en la década de 1920: la construcción de presas hidroeléctricas en varios puntos del Mediterráneo, que debían hacer emerger nuevas tierras y dar lugar a un continente autónomo, “eurafricano”.

Décadas más tarde, la Declaración Schuman de 1950, acta de nacimiento de la actual UE, retoma elementos inspirados en esta “Eurafrica”, afirmando que el “desarrollo del continente africano” es una de las misiones de una Europa unida. Y Jean Monnet, otro de los “padres fundadores” de la UE, propone ofrecer las colonias francesas “en dote” a Europa. Como recuerda un cartel, cinco de los seis miembros fundadores de la Comunidad Económica Europea, en 1957, son potencias, o antiguas potencias coloniales. “En aquella época, el 90 % del territorio de la nueva organización se encontraba en África”, señalan los comisarios.

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Los trabajos de referencia de Peo Hansen y Stefan Jonsson, dos académicos suecos especialistas en esa “Eurafrica”, son prácticamente desconocidos dentro de las instituciones europeas. Salvo una resolución aprobada en 2020, que tipifica la trata y la esclavitud como crímenes contra la humanidad, el Parlamento Europeo, tan blanco como siempre si nos atenemos al perfil de sus miembros, se mantiene discreto sobre estas cuestiones, desde la colonización hasta la lucha antirracista actual.

¿Un punto de inflexión?

Desde este punto de vista, la exposición, organizada por un museo financiado en su mayor parte con el presupuesto del Parlamento Europeo, situado a un paso del hemiciclo de Bruselas, marca un punto de inflexión. La expresión puede sorprender, viniendo de una institución inaugurada en 2017, pero la Casa de la Historia Europea asegura incluso que, con esta exposición, inicia su “descolonización”. “La historia del colonialismo europeo está presente en la exposición permanente, pero de forma muy limitada, en una sola sección”, explica Ayoko Mensah. “Ahora queremos mostrar que esta historia se sitúa en los cimientos de la modernidad europea. La exposición es la primera etapa de un proceso.”

El título de la exposición es sin duda engañoso: no se trata tanto de un “poscolonialismo”, tal y como lo teorizó Edward Saïd, ni de los meros efectos de la colonización, sino más bien de un enfoque “descolonial” más amplio, según el cual la “modernidad”, el “capitalismo” y la “centralidad” de Europa proceden de 1492, año en que se iniciaron las conquistas europeas en América. De ahí la presencia, al inicio del recorrido, de una escultura maya, anterior a la conquista y a Cristóbal Colón. De ahí, también, la insistencia en la “colonialidad” de las sociedades europeas actuales.

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En apenas 500 metros cuadrados, la sección ¿Postcolonial? intenta así una hazaña y aborda, desde la trata de esclavos hasta el derribo de estatuas tras la muerte de George Floyd, numerosos temas candentes. La exposición puede llegar a dar la impresión de saturación (de textos y carteles), deseosa de decirlo todo sobre realidades que durante mucho tiempo se han silenciado. Los vídeos de europeas y europeos, a menudo mestizos, recuerdan con acierto la actualidad de esas historias de violencia y necesitas muchos respiros profundos durante el recorrido.

Más allá de los objetos históricos, se incluyen obras de artistas contemporáneos, incorporadas a las colecciones del museo para la ocasión. Una gran fotografía del artista congoleño Sammy Baloji, tomada de la serie “Memoria”, sobre los paisajes industriales devastados de Katanga, hace referencia al extractivismo de las materias primas que aún se practica en los antiguos países colonizados.

Hew Locke, el artista criado en Guyana —que presentó una gran exposición en el British Museum de Londres en 2024, pero sigue siendo poco conocido en Francia—, muestra uno de sus sublimes dibujos a color realizados directamente sobre un certificado de la época, una acción emitida por la “Sociedad agrícola e inmobiliaria franco-africana”, una empresa marsellesa que participaba en la financiación de la expansión colonial.

En una última sala muy densa, ¿Postcolonial? documenta la persistencia de un “racismo estructural” en los países europeos y repasa, entre otras luchas, la batalla judicial de los Colston Four, nombre dado a esos cuatro manifestantes de Black Lives Matter en Inglaterra que derribaron la estatua de un comerciante de esclavos. Al final del recorrido, los comisarios se permiten el lujo de evocar no solo la restitución de obras de arte expoliadas, sino también el pago de reparaciones económicas destinadas a los antiguos países colonizados.

En un momento en que la derecha y la extrema derecha se alían cada vez con más frecuencia en el Parlamento Europeo para frenar cualquier iniciativa progresista, la Casa de la Historia Europea, por su parte, parece mirar para otro lado. “Nos financia el Parlamento, pero nuestra independencia académica es total”, insiste Ayoko Mensah. “Nuestro trabajo se basa en la investigación histórica, en colaboración con un amplio comité de expertos, lo que muestra nuestra seriedad.”

Y aunque muchos sectores de la extrema derecha siguen prefiriendo destacar los aspectos positivos del imperio, como la reciente visita de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, a México, la experiodista, que pasó por Africultures, insiste: “Lo que ocurre en el seno de las instituciones europeas no es monolítico. Convivimos con fuerzas opuestas. Los movimientos de extrema derecha están a la ofensiva, pero la coordinadora encargada de la lucha contra el racismo nombrada por la Comisión, Michaela Moua, también consigue incluir estos temas en la agenda.”

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* La exposición ¿Postcolonial?, comisariada por Kieran Burns, se puede visitar de forma gratuita en la Casa de la Historia Europea, en Bruselas, hasta el 14 de marzo de 2027.

 

Traducción de Miguel López

Desde España hasta Alemania, en los países miembros de la UE se debate desde hace años, con mayor o menor tensión, sobre el legado tóxico de su imperio colonial. Pero la exposición que acaba de inaugurarse en Bruselas, organizada por la Casa de la Historia Europea, adopta un punto de vista diferente: se atreve a ofrecer una historia transnacional de ese periodo, convencida de que los Veintisiete deben, juntos, enfrentarse a esa época de expansión y conquistas.

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