'Biollac', la laguna artificial que construye Igualada en plena sequía que indigna a los ecologistas

Ilustración de cómo será el futuro 'biolago' de Igualada. | Batlle i Roig Arquitectura)

Ni una sequía asfixiante consigue parar el proyecto de biollac (biolago, en castellano) que tiene entre manos el Ayuntamiento de Igualada, en Barcelona. Los embalses en Catalunya están al 32% de sus reservas, la Generalitat ha declarado la alerta por sequía y se ha limitado el uso del agua. A pesar de todo ello, este municipio de la Conca d’Òdena está haciendo una laguna artificial dónde antes había un solar, que “era un secarral”, como reconoce el concejal de Sostenibilidad, Miquel Vives, para crear una “isla climática” con fauna y flora para que los vecinos paseen y disfruten cerca de casa, cuenta el regidor de Junts per Igualada.

La previsión es que esté listo antes de las elecciones municipales del 28 de mayo del año que viene. Desde 2011 gobiernan la ciudad, primero como Convergència i Unió y luego como Junts per Igualada. Antes estuvo el PSC.

“El concepto biolago no existe”, afirma rotundo el catedrático de Ecología de la Universidad de Girona y director de la cátedra de Ecosistemas Litorales Mediterráneos, Xavier Quintana. “Para que haya un lago hace falta una profundidad mínima de 10 metros, así que aquí hablaríamos de laguna”, prosigue. “El nombre es porque será un lago vivo”, argumenta Vives, que asegura que son “pioneros” y que “comprende que haya técnicos que no entiendan el nombre”.

Los grupos ecologistas y Poble Actiu, la candidatura municipalista de Igualada vinculada a la CUP, se echan las manos a la cabeza con la idea que impulsa el consistorio dirigido por el alcalde, Marc Castells. “No tiene sentido crear más ecosistemas artificiales cuando ya hay espacios naturales que no se cuidan”, reprocha Pau Ortínez, concejal de Poble Actiu. “El biolago es un espacio inventado, prefabricado y artificial, cuando tenemos el río Anoia, que es natural, que está en un estado deplorable, lleno de toallitas, residuos, cañas, plantas y animales que no son autóctonos y que lo están colonizando”, relata.

La laguna artificial forma parte de un proyecto de transformación urbana mayor que se inició en 2017, con la primera fase de urbanización del Parque Central de Igualada, que quiere convertirse en un gran punto verde de la ciudad. En aquel entonces se plantaron 20.000 metros cuadrados de césped natural, que se sumarán a los 1.586 metros cuadrados que ocupará el biolago y otros 15.175 metros cuadrados donde habrá un skatepark con gradas y una explanada.

El proyecto tendrá plataformas de cemento o roca, apunta el concejal de Sostenibilidad, para que la gente se acerque a la laguna artificial y la cruce. También se prevé que haya árboles estratégicamente plantados en “islas parcialmente hundidas” dentro del biolago para que “reduzcan la temperatura del agua” y la zona se convierta en un “refugio” para animales como los anfibios. A esto le han llamado “bosque inundado”. Esta obra contará, además, con una pequeña pendiente para que el agua no se quede estancada.

La laguna artificial se llenará con agua freática que se encuentra en el subsuelo, promete el ayuntamiento. Sin embargo, el informe del proyecto elaborado por Batlle i Roig Arquitectura establece que para controlar el nivel agua de esta “balsa urbana”, como la definen en el documento, se aportará “agua de red”, es decir, de consumo humano, con una frecuencia diaria o semanal. “Lo encuentro muy mal, porque la necesitamos para beber”, dice Quintana. “No tiene demasiada lógica y muy poco bio será si es agua clorada”, añade, mientras plantea que una alternativa sería usar las aguas pluviales.

Este entorno que se pretende natural contará con un sistema “para recoger y bombear fangos sedimentados”. “Para mí esto es lo que tiene menos sentido”, opina Quintana. “O la naturaleza se regula por sí misma o aquí hay un problema. Si tienes que bombear para limpiar… algo no funciona”, cuenta, sin olvidar que esto “supone un esfuerzo de mantenimiento demasiado grande y es antinatura”.

“El biolago no entra en colisión con el plan de sequía [de la Generalitat]”, asegura Vives, mientras fuentes de la Agència Catalana de l’Aigua (ACA) consultadas por infoLibre lo rebaten y recuerdan que "en escenario de alerta está prohibido llenar lagos artificiales, aunque sea con agua freática". La ACA tiene pendiente realizar un estudio que determine por qué zonas de Igualada pasa el agua subterránea y qué usos se le pueden dar, explica Vives. Un uso excesivo de este recurso podría ser contraproducente y podría secar otras zonas próximas al lugar de donde se extrae esta agua, advierten los expertos.

Las medidas de la Generalitat afectan a más de la mitad de municipios de Catalunya, casi 6,7 millones de habitantes. Esto es el 86% de la población. Las limitaciones consisten en una reducción del 25% del agua que se usa para riego agrícola, un 10% para usos ganaderos, un 5% en usos industriales y un 30% en usos recreativos. Para compensar la escasez de agua, las desalinizadoras funcionan a pleno rendimiento, pero en ningún caso tienen capacidad para cubrir toda la demanda, por lo que el escenario se aventura muy delicado.

Hacen falta medidas urgentes y estructurales para revertir esta situación, piden las organizaciones ecologistas. “Es un sinsentido mezclar el agua de lluvia con residuales, por eso hace falta poner en marcha el aprovechamiento de las pluviales”, reclama la plataforma Aigua és Vida, en un comunicado.

1.300.000 euros para hacer la laguna artificial y una zona verde con skatepark

El biolago costará 203.347 euros, mientras que su entorno, que comprende una zona verde y un skatepark, otros 1.143.821 euros. En total, 1.347.168 euros. “Es el 10% del presupuesto en inversión y casi el doble de todo lo que se destina a vivienda”, cuenta Ortínez, que afirma que en 11 años el ayuntamiento no ha hecho ni una sola vivienda pública. “Hay otras muchas prioridades que son más urgentes que hacer un lago”, remata.

Una de las reclamaciones históricas de las entidades ecologistas, así como algunos grupos de la oposición, es hacer algo con el río Anoia. Su estado deja mucho que desear, tal y como relatan diversas personas y documentan otras con imágenes donde se ve el estado deplorable del mismo.

“Este gobierno es negacionista del cambio climático”, dice Ortínez, que apunta que el ejecutivo municipal no trabaja para aumentar el reciclaje de los vecinos, situado en menos del 40%, dice. Otros ejemplos: en 11 años no se ha hecho ni un solo carril bici nuevo, afea el concejal de la oposición, mientras se promueve el uso del vehículo privado con más plazas de aparcamiento gratuitas, añade.

Igualada, fácil para ir en coche, aparcar gratis y estacionar donde no se puede

El plan de movilidad urbana y sostenible de Igualada, aprobado el pasado 6 de diciembre por la mínima —hubo un empate, entre los votos a favor de Junts per Igualada y Ciudadanos y los votos en contra de ERC, Igualada Som-hi (PSC y comunes) y Poble Actiu, pero decantó la balanza el voto de calidad del alcalde— recoge algunos déficits que padece el consistorio. Uno de ellos, la facilidad para moverse en vehículo privado, la “permisividad excesiva” con el estacionamiento sobre las aceras de uno de los polígonos de la ciudad y la “elevada concentración” de plazas de aparcamiento gratis. De hecho, la mitad de ellas se encuentran en la calzada, ocupando el espacio público. Otro dato: cada día entran y salen 89.000 vehículos, más del doble de habitantes que hay en el municipio. Por todo ello, Poble Actiu acusa de greenwashing (ecopostureo, en castellano) al actual gobierno de Junts per Igualada.

Otra medida estrella, y polémica, que defiende el Ayuntamiento es la construcción de un ‘ecopont’ (‘ecopuente’, en castellano). No está debatido, ni licitado ni tiene fecha de construcción, pero es un proyecto que consistiría en conectar el barrio de Monserrat, que se considera “abandonado” por el consistorio, con el Parque Central. Nuevamente, el nombre requiere una explicación: “Lo hemos llamado así porque tiene que ver con la biodiversidad”, argumenta Vives, que se lo imagina lleno de plantas. “No es un puente para coches, que es lo que todo el mundo piensa cuando hablamos de un puente, sino para las personas”, considera.

Ya sea ecopuente o biolago, el concejal de Sostenibilidad anima a aquellos sorprendidos a visitar a Igualada: “Que vengan y lo vean, hacemos proyectos innovadores”, termina.

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