La presión estructural que sufre el periodismo en 2026 ya no viene solo de la crisis económica o de la polarización política, sino de una mutación profunda en la forma en que la ciudadanía accede a la información. El último informe del Reuters Institute sobre Periodismo, medios y tecnología dibuja un escenario lleno de sombras: la combinación de la inteligencia artificial generativa, de plataformas que reducen el tráfico y de una economía que cada vez mira más hacia los influencers y menos al periodismo está erosionando el papel tradicional de los medios.
Con ese panorama, no es de extrañar que crezca el pesimismo de los editores de medios sobre el futuro del periodismo. En cuatro años ha pasado del 40% al 62%.
No se trata de una amenaza futura: es un proceso ya en marcha. En el que no todo, sin embargo, es negativo. Por primera vez, muchos directivos de medios asumen abiertamente que el crecimiento no vendrá de las plataformas ni de los buscadores, sino de una relación más directa —y más exigente— con sus audiencias. El problema es que ese giro estratégico, que no es malo en sí mismo, se produce en un contexto que combina la pérdida de visibilidad con la incertidumbre sobre los modelos de negocio y de deterioro del ecosistema informativo.
La irrupción de la IA generativa no solo automatiza tareas o acelera procesos internos. Está alterando la propia arquitectura del acceso a la información. Los llamados motores de respuesta —buscadores que ya no remiten a enlaces, sino que ofrecen síntesis cerradas— cuestionan el modelo sobre el que se construyó el internet informativo durante dos décadas.
Google, con sus resúmenes generados por IA, y otros actores que avanzan hacia experiencias de búsqueda “sin clic”, reducen la necesidad de visitar directamente los sitios de los medios. El resultado es una caída prevista —y en muchos casos ya constatada— del tráfico procedente de buscadores y redes sociales. Para el periodismo digital financiado con publicidad, cuya economía se articuló alrededor de esa intermediación, el golpe es doble: menos audiencia y menor capacidad de monetización.
Los editores prevén una disminución del tráfico procedente de los motores de búsqueda de más del 40%, que se sumará a lo que ya lleva tiempo ocurriendo: el retroceso del tráfico en los últimos tres años procedente de Facebook ha sido del 43% y del 46% en X.
Materia prima invisible
El informe del Reuters Institute recoge un sentimiento compartido por parte de los editores de medios: la sensación de que el periodismo corre el riesgo de convertirse en una materia prima invisible, absorbida por sistemas automatizados que redistribuyen el valor sin reconocer la autoría ni el esfuerzo editorial. De ahí el debate abierto entre litigar contra las grandes tecnológicas o buscar acuerdos de licencia que, en la práctica, ofrecen retornos económicos muy limitados.
Ante este nuevo escenario, los medios empiezan a explorar un territorio todavía difuso: la optimización de contenidos para motores de respuesta, conocida como AEO o GEO. Ya no se trata solo de aparecer bien posicionados en Google, sino de intentar influir en cómo los sistemas de IA sintetizan y presentan la información.
Pero este desplazamiento, del que nadie está seguro de si funcionará, plantea dilemas de fondo. ¿Hasta qué punto adaptar los contenidos a las lógicas de estos modelos refuerza la dependencia tecnológica? ¿Qué ocurre con la pluralidad de enfoques si las respuestas tienden a homogeneizarse? El riesgo es que la complejidad del debate público se vea sustituida por explicaciones planas, aparentemente neutrales, pero construidas a partir de decisiones opacas.
Paralelamente, el auge de los creadores de contenido redefine la competencia por la atención. Influencers, streamers y comunicadores independientes capturan audiencias que perciben sus mensajes como más cercanos, más auténticos y menos institucionales que los de los medios tradicionales.
El auge de los creadores de contenido e influencers de noticias inquieta a los editores por dos motivos: el 70% piensa que ese ecosistema puede restar tiempo y atención al contenido periodístico y un 39% teme perder a sus mejores talentos en favor de un mundo que ofrece más control y la posibilidad de obtener recompensas económicas más elevadas.
Muchos periodistas jóvenes encuentran más reconocimiento —y, en ocasiones, mejores ingresos— fuera de las redacciones. El informe anticipa una intensificación de esta fuga de talento, que obliga a los medios a replantear su identidad: convertir periodistas en “creadores”, fomentar marcas personales dentro de la cabecera o establecer alianzas con voces externas.
Estándares en peligro
Además, la estrategia de apostar por influencers está poblada de riesgos. La personalización puede fortalecer el vínculo con la audiencia, pero también diluir los estándares editoriales y la responsabilidad colectiva. La frontera entre periodismo y opinión, ya de por sí erosionada, se vuelve aún más frágil.
No obstante, entre los cambios de perspectiva forzados por la coyuntura tecnológica hay también ventajas. Frente a la pérdida de valor de la información básica —aquella que la IA puede reproducir con facilidad—, cada vez más medios apuestan por reforzar aquello que no es fácilmente automatizable. El informe identifica una reorientación clara: menos contenido de servicio y atemporal, más investigación propia, reporterismo sobre el terreno, análisis explicativo, verificación y narrativas de interés humano. Aquello que la IA no sabe (o no puede todavía) hacer.
En términos generales, la suscripción y la membresía —un modelo en el que infoLibre fue pionero desde su fundación— siguen siendo el principal objetivo de ingresos (76%) para los editores, por delante de la publicidad gráfica (68%) y la nativa (64%). Los eventos en línea y presenciales (54%) también están cobrando mayor importancia como parte de una estrategia diversificada.
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No es una simple cuestión editorial, sino estratégica. En un entorno saturado de información sintética, el valor diferencial del periodismo reside en su capacidad para aportar contexto, contraste, experiencia y responsabilidad. La verificación, en particular, recupera centralidad como respuesta a un ecosistema en el que proliferan los contenidos de baja o nula calidad, las piezas basura y los deepfakes cada vez más sofisticados.
El informe confirma otro desplazamiento significativo: la apuesta creciente por el vídeo y el audio como formatos prioritarios. YouTube, TikTok y los podcast se consolidan como espacios clave para alcanzar nuevas audiencias, mientras plataformas como Facebook o X pierden peso estratégico.
Este cambio no responde solo a modas de consumo, sino a una adaptación forzada a los entornos donde aún existe un número significativo de personas que ven un contenido sin que el medio o el autor paguen por su difusión. Sin embargo, también implica una dependencia renovada de plataformas privadas, con reglas cambiantes y criterios editoriales ajenos al interés público.
La presión estructural que sufre el periodismo en 2026 ya no viene solo de la crisis económica o de la polarización política, sino de una mutación profunda en la forma en que la ciudadanía accede a la información. El último informe del Reuters Institute sobre Periodismo, medios y tecnología dibuja un escenario lleno de sombras: la combinación de la inteligencia artificial generativa, de plataformas que reducen el tráfico y de una economía que cada vez mira más hacia los influencers y menos al periodismo está erosionando el papel tradicional de los medios.