Falso de toda falsedad

A José Luis Rodríguez Zapatero solemos abreviarle quitándole su primer apellido, como el Núñez a Feijóo o el Díaz a Ayuso. Eso es en lo único que coinciden Felipe González y Pedro Sánchez: a ellos nadie les llama por el segundo, ni Márquez ni mucho menos Pérez-Castejón. Zapatero, que fue un gran presidente, sobre todo en su primera legislatura, es también un orador brillante, siempre educado pero contundente si hace falta, preciso en su lenguaje y moderado en el tono, incluso cuando alza un poco la voz para debatir los argumentos de sus adversarios políticos. No olvidemos que la palabra que más se asociaba a él cuando estaba en La Moncloa era “talante”, mucho mejor que el “p’alante” que califica ahora, en estos tiempos zafios y deslenguados, a otras y otros.

Zapatero acudió este lunes a la comisión que ha orquestado el PP, otra más, para intentar desprestigiarle, tal vez por el temor que parecen tenerle –se insiste mucho en que él fue quien más votos le dio a su partido en las últimas elecciones– y en base a algunas informaciones, en su mayoría no contrastadas y a menudo inverosímiles, que dicen que si medió en el rescate de la aerolínea Plus Ultra, lo preparó junto a Ábalos y obtuvo una comisión; que si hizo negocios extraños en Venezuela, ocultos tras su papel de mediador internacional –avalado en su momento, qué curioso, por el Partido Popular–; que si viajó con el empresario Víctor de Aldama –que es el listo de esta historia–, a la República Dominicana para hacer no sé qué operaciones especulativas… “Falso de toda falsedad", ha dicho el ex presidente en el Senado. “No tengo su móvil. No he hablado más con él. Cero. Cero. Cero.”

Tiene toda la pinta de que esto quedará en nada, igual que sigue en nada la causa contra Begoña Gómez, pero la diferencia es que no parece que Zapatero haya sufrido ni un rasguño

El interrogado, porque ese tipo de encerronas parecen más bien eso, una indagación policial, recordó algo importante: que “se ha producido una convocatoria por urgencia sin motivación, cuando la doctrina del Tribunal Constitucional la exige.” Eso es básico, porque describe el momento en que vivimos, de qué manera se usan las instituciones como escenarios donde representar comedias y cuánto poder tienen hoy en día los bulos, las noticias inventadas y las murmuraciones que crean la calumnia, la filtran a la opinión pública a través de medios afines, por ideología o porque ser obedientes tiene premio, y a veces llegan a las Cámaras y en ocasiones alcanzan los juzgados donde un juez Peinado sea el modelo a seguir, que al parecer consiste en darle la vuelta a los derechos de las personas y no investigarlas porque esté probado o haya pruebas concluyentes de que haya cometido algún delito, sino para ver si les encuentran algo ilegal. Estamos en el imperio de la yel, o sea de la ley escrita de derecha a izquierda o, en este caso, “contra” la izquierda.

Tiene toda la pinta de que esto quedará en nada, igual que sigue en nada la causa contra Begoña Gómez, pero la diferencia es que en este caso no parece que la imagen de Zapatero haya sufrido ni un rasguño: al contrario, dio una lección a la mayor parte de sus inquisidores, que fueron por lana y salieron trasquilados porque sus argumentos eran inconsistentes, estaban construidos a base de suposiciones, manipulaciones y a menudo simples patrañas, por lo que quedaron al descubierto y, a ratos, en ridículo. Estas pérdidas de tiempo para todos deberían cesar y quizá saliesen ganando hasta quienes las impulsan, porque les puede ocurrir lo que pasó este lunes en el Senado: que se les ven los andamios, las costuras y hasta las vergüenzas. Si es que esto último lo tienen.

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