QUÉ VEN MIS OJOS

¿Por qué sigues a alguien que avanza contra ti?

Lo seguimos llamando líder o lideresa. La palabra es un anglicismo, proviene de leader, “guía” en español. Es decir, que el término define a alguien digno de ser seguido, que tiene la respuesta y nunca pierde el norte. Pero sabemos que en estas sociedades neoliberales, arrodilladas ante el dinero, hay jefes invisibles que les dan órdenes a los que mandan y sospechamos que el sustantivo “autonomía” no es del todo lo que parece: quienes ostentan el poder regional siempre tienen planeando sobre los tejados de sus sedes al presidente o presidenta de su partido: si los llaman “barones”, será porque tienen un virrey y le deben vasallaje.

La alegría va por barrios y los problemas también. Si en el PSOE vemos las disidencias y los encontronazos continuos de un García-Page, por ejemplo, con la actual dirección de su partido, en el Partido Popular es evidente que lo que es blanco en la calle de Génova es negro en la Puerta del Sol, y que a Feijóo, igual que antes a Pablo Casado, Isabel Díaz Ayuso se le ha ido de las manos y con ella no puede tener en Madrid la mano dura que tiene con María Guardiola en Extremadura: con la primera se anda, por su propio bien y a la vista de lo que le ocurrió a su antecesor, con pies de plomo; a la segunda la desautoriza y, de algún modo, puentea, haciéndose cargo –aunque sea de lejos y con mando a distancia– de las negociaciones con la ultraderecha, que si él es el capitán, llegarán a buen puerto, donde tirarán juntos al mar a unos cuantos inmigrantes… y todo el mundo contento.

Sabemos que en estas sociedades neoliberales, arrodilladas ante el dinero, hay jefes invisibles que dan órdenes a los que mandan y sospechamos que el sustantivo “autonomía” no es del todo lo que parece

Hay otra pregunta, sin embargo: ¿qué capacidad de eso, de liderazgo, ven en ellas los votantes que eligen a Guardiola o de forma mayoritaria a Ayuso? La primera da bandazos, hoy sí y ayer también, se desdice, cambia de discurso, realiza promesas solemnes que incumple en un abrir y cerrar de ojos, asume teorías misóginas y xenófobas de Vox que juró haber venido a combatir. ¿No les importa a sus seguidores? A algunos sí, que son los que a la segunda campaña electoral se han ido con los de Abascal y han convertido en una derrota la victoria del PP local, que sacó las urnas a la calle para tener menos dependencia de los extremistas y tiene más.

La segunda, Díaz Ayuso, va de escándalo en escándalo, todos ellos cortados por el mismo patrón y con alguien cercano sacando tajada. El último suma y sigue, según una investigación periodística de infoLibre, ha sido dar ochocientos mil euros de dinero público a cuatro clústeres, asociaciones dedicadas a estudiar y desarrollar proyectos tecnológicos, que al parecer eran empresas fantasmas –del tipo de las que presuntamente usó también su novio para sus negocios y declaraciones fiscales– que no tenían empleados y que, aquí está la cosa, pagaron un tanto por ciento de sus ganancias a un bufete ligado al ministro del PP Rafael Catalá, cuyo despacho cobró por “asistencia técnica.” Una y otra vez la misma historia, pero da la impresión de que –por lo que sea– nadie la lee. O hay quienes sí lo hacen, sí saben y no les importa. Y les siguen, en algunos casos porque no saben que avanzan contra ellos. O sí, pero mejor arrollado por los míos que salvado por el rival.

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