Trump, Carney y la grieta que se abre Beatriz Gimeno
La lluvia envenenada de la fatalidad ha caído sobre nosotros y España ha sufrido dos catástrofes estremecedoras, la dana de Valencia y el accidente ferroviario de Adamuz. La respuesta del entonces presidente autonómico, Carlos Mazón, y del aún ministro de Transportes, Óscar Puente, ha sido opuesta: el primero jamás dio la cara, huía de los micrófonos que lo asediaban como alma que lleva el diablo y cuando se dejó ver en el funeral de Estado por las víctimas, los familiares de estas se le echaron encima y forzaron, por fin, su dimisión. Puente, en cambio, ha estado desde el principio al pie del cañón, quien no se lo reconozca no dice la verdad. ¿Eso aminora las responsabilidades eventuales que se le puedan achacar? En absoluto. Pero sí que deja ver el cinismo de quienes hoy piden escandalizados su dimisión inmediata y en su momento no sólo avalaron a Mazón, sino que le aplaudían a rabiar en sus congresos. Para dar lecciones, primero hay que dar ejemplo.
El presidente andaluz, Juanma Moreno, también ha estado a buena altura en su gestión de la tragedia y en su actitud con respecto al Gobierno central, con el que, a día de hoy, ha mantenido la compostura, no sabemos qué pasará mañana o más adelante, cuando las mariposas tóxicas de la polarización empiecen a revolotear de nuevo alrededor de los focos. Pero en clave interna, en lo que al Partido Popular se refiere, da la impresión de que la cercanía a Pedro Sánchez, aunque sea forzada por los acontecimientos, sí que marca las distancias con el ala más ultra de la formación, la que representa la lideresa madrileña Isabel Díaz Ayuso, que pide responsabilidades inmediatas mientras celebra la lentitud de la Justicia con su pareja, al que no hay UCO o tribunal que le pisen los talones y para quien los plazos se alargan como si para él las leyes fueran de goma. Y no da abasto, el hombre, porque no todas las venganzas se sirven frías, las hay que echan humo, y por eso, tal vez, ahora recurre la decisión de no apartar el fiscal general ya caído de la carrera y así permitirle seguir ejerciendo.
Abascal ha encontrado el trabajo que lleva toda la vida buscando, que consiste en no hacer nada y que cuanto menos haga, mejor le vaya
Así que tenemos un PP partido en dos, a un lado el que quiere dar una imagen moderada e institucional, y al otro el de trinchera y titular, el que vive del 'al enemigo ni agua' y hace difícil el juego de las diez diferencias con Vox, que se frota las manos porque su jefe, Abascal, ha encontrado el trabajo que lleva toda la vida buscando, que consiste en no hacer nada y que cuanto menos haga, mejor le vaya. Si eso es lo que da buenos dividendos en nuestra política, vámonos todos y el último que apague la luz.
¿Y Feijóo? Pues fuera de juego, nadando entre dos aguas y más perdido que un pulpo en un garaje. Le queda una última oportunidad. Cuando la desaproveche, le adelantarán a toda velocidad por la ultraderecha.
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