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Librepensadores

La libertad

Jorge Ulanovsky Getzel Publicada 26/03/2018 a las 06:00 Actualizada 24/03/2018 a las 00:17    
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No hay bienestar, igualdad, ni Justicia sin libertad. Una gran verdad tergiversada por liberales, ultraconservadores, tecnócratas oportunistas, y think tanks enchufados en Bruselas.

Desde hace ya cincuenta años entre portavoces de la denominada izquierda ha habido un acuerdo general en acusar a un enemigo principal: el neoliberalismo (un hueso duro de roer). Constructo polisémico con cientos de interpretaciones, forma recurrente de una doxa ideológica siendo muchas veces usado sin saber bien qué significa.

Reconocido como una tendencia dominante del capitalismo multinacional ha venido a desplazar en la retórica del lenguaje político, sin embargo, al concepto original, menos confuso, más estructural, de capitalismo a secas.

Según lo que yo alcanzo a entender, a diferencia de lo que se pueda considerar como una persona liberal, en un sentido positivo, a alguien tolerante, generoso, y sin estrechas ataduras, el neoliberalismo tiene un significado opuesto. Una avasalladora organización económica universal, de carácter holístico, con consecuencias negativas directas sobre nuestras vidas personales, a no ser que pertenezcamos a las élites de los más poderosos.

Desde una lógica mercantil y espíritu empresarial, en oposición a la actividad pública y al llamado Estado del bienestar, el neoliberalismo promueve la privatización, según dicen, en beneficio de la eficacia y la competitividad, frente a la incapacidad burocrática de las administraciones estatales. Dicen también reivindicar el emprendimiento individual como forma idónea de crear riqueza, de la cual por goteo, acabarían también siendo favorecidos los pobres y sectores marginales. Por lo tanto, se impone según sus ejecutores una limitación máxima del gasto público al que consideran contraproducente, y favorecen al “mercado” ya sea educacional, sanitario y social en la medida que puedan generar riqueza especulativa. Hasta aquí mi limitado y vulgar conocimiento. ¿Me equivoco?

Si nos guiamos por el discurso de un representante militante y propagandista de esa posición ideológica como es el escritor Vargas Llosa, por empezar, podemos quedar al menos desconcertados. Reconozcamos en él el mérito de no ser ni hipócrita ni falso a la hora de pronunciarse, hablando francamente como lo ha hecho en una reciente entrevista publicada en su principal plataforma de divulgación en castellano, el diario El País. Declara que el principal enemigo actual es el populismo. Por supuesto, ni una sola mención al capitalismo salvaje, factor decisivo en la génesis reaccionaria del auge populista. Y nos señala sus dos héroes preferidos: Thatcher y Reagan, según dice por lo que aportaron a la cultura de la libertad. Se referirá, supongo, al reaganomics, o sea a la liberación del sistema financiero, que desde entonces ha necesitado apoyarse en rescate tras rescate con dinero público. Evidentemente, desde su filosofía liberal, aplicada a la escenografía política no tiene reparos en admirar a tories y republicanos de férrea catadura. De vocación muy angloamericana se contradice no obstante al oponerse al Brexit, ya que tanto aliento conservador precipitó su concreción. Vargas Llosa gusta de alinearse fundamentalmente con todo aquel con quien pueda bastarle compartir un sentimiento anticomunista o antisocialista. Hoy, antipopulista. Pero ignorando todo lo que se cuece en su entorno, la manera con la que maltratan la libertad sus socios ultraconservadores. Parecería notarse en él, además del gran escritor que es, en su estilo y estética personal, un aire rancio de defensa de clase, de solidaridad con su cohorte de ricos.

El problema, nuestro problema, es luchar contra ese “neo” que prefiero seguir llamando capitalismo ¿a cambio de qué? ¿Contraponer a la dominación multinacional un estricto control por parte del Estado - nación? Eso sería ignorar la irreversibilidad de la globalización. Significaría no sólo pecar de ingenuidad, darse la cabeza contra la pared. Los estados están claramente subordinados a los dictados de las multinacionales. Para un problema global sólo cabe una solución global, con proyección continental e intercontinental. De allí también la ridiculez de los nacionalismos, el proteccionismo y el aislamiento.

El siglo XXI debería servir para reparar todos los males y daños producidos en el XX. Con una nueva visión cosmopolita acompañada de una estrategia cívica reparadora. Remplazando la lógica mercantilista por una ética económica, científica y tecnológica tendiente a eliminar la cosificación desalmada de la sociedad, el trabajo y el sujeto. (Por cierto, qué curiosa y significativa denominación esa del internet de todas las “cosas”). Reparación, en lugar de continuar a ciegas en el camino destructivo de todo lo que se disfraza de progreso, desarrollo, crecimiento y avances. Reparación con la recuperación de las conquistas sociales suprimidas y reforzamiento del servicio público. Reparación de la naturaleza destruida, del aire, la tierra y la vida malograda de nuestros hermanos animales.

Comenzando por reparar Europa revitalizando la confianza en un proyecto democrático en común. Para ello quienes presiden la UE deben ser elegidos directamente, como representantes claramente identificados por la ciudadanía, no colocados por intereses partidistas. Desalojando a todos los tecnoburócratas que apoltronados en Bruselas obedecen a las directivas de lobbys para poder luego salir por las puertas giratorias.

Que mi propuesta es utópica, pues sí. ¿Qué otra alternativa queda? De continuar las cosa como están, se vislumbra un triste futuro para las nuevas generaciones. Para materializar la reparación que propongo no partimos de cero, no nos faltan herramientas teóricas ni artesanos cualificados, gente sensata y experimentada, tal como vengo teniendo el placer de conocer en este espacio de librepensadores, articulistas y comentaristas. No estamos solos. Queda mucho por rescatar de la castigada y tantas veces traicionada social democracia, del social liberalismo, de la ecología, del feminismo, y de nuestra voluntad participativa.

 

Jorge Ulanovsky Getzel es socio de infoLibre


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5 Comentarios
  • Ambón Ambón 27/03/18 18:29

    Totalmente de acuerdo, el neoliberalismo no es mas que la careta actual del capitalismo de siempre y como tal, nuestra defensa contra esa explotación, es la de siempre, la lucha de clases, a la que también podríamos cambiarle el nombre para que parezca mas moderna.

    El problema radica en que los poderosos se han globalizado y las clases medias y trabajadoras seguimos peleando con herramientas del siglo XIX, es decir asociaciones que muy poco trascienden los estados-nacion. Por otro lado el enorme capital utilizado en adoctrinarnos, ha conseguido desmovilizar a las clases trabajadoras, nos ha convencido que nosotros ya no somos proletarios, somos clase media y que seríamos imbéciles si no estamos con los ricos. Eso es lo primero que tenemos que cambiar.

    Dices que tu propuesta es utópica. ¿Acaso no lo eran la jornada de 8 horas, el Seguro de enfermedad, las pensiones, la educación gratuíta, el derecho al voto femenino, la igualdad?

    En la lucha de clases no se puede salir a empatar y son las utopiás las que nos ayudan a ganar.

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  • @tierry_precioso @tierry_precioso 26/03/18 22:32

    Excelente columna Jorge. No tengo mucha idea de lo que va a pasar. Veo que Macron, Renzi y Rivera tienen algo en común. En Reino Unido y España los partidos socialistas no están muertos. Desde algún tiempo Tsipras y Grecia no interesan ni derecha ni izquierda. Raro no? Autócratas que se presentan como ilustrados tal Putin, Xi Ping, Erdogan y mâs son admirados por bastante gente en nuestros países parlamentarios. Estamos en un momento confuso pero hubo claridades peores. Un abrazo.

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    • Jorge Ulanovsky Getzel Jorge Ulanovsky Getzel 26/03/18 23:30

      Gracias Tierry. Celebro que coincidamos
      en una visión europea. Creo que por encima de nuestras lamentaciones y descontento manifiesto, hay todo un mundo que sigue esperando de Europa nuevas ideas. No está aún todo perdido y pese al sentimiento de profundo vacío y mediocridad política dominante yo confío en un otro renacimiento. La Historia se repite, para mal, y algún poquito para bien. Otro abrazo.

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  • AMP AMP 26/03/18 10:24

    Te preguntas casi la principio de tu artículo: ¿Me equivoco?
    ¡NO!, no te equivocas. Neoliberalismo= capitalismo disfrazado. Basta ya perversión del lenguaje.

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  • @tierry_precioso @tierry_precioso 26/03/18 09:24

    Buenos dîas Jorge. Lo leeré esta noche al volver del trabajo. Un abrazo.

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