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Literatura española

Ramón Lobo: “La educación autoritaria del franquismo machacó a todo el país”

  • "La anécdota de mi vida puede elevarse a categoría de símbolo de mi generación", afirma el autor
  • "Quería descubrir la curiosa historia de mi familia, desde un bisabuelo médico y republicano a un padre facha", señala Lobo

Publicada el 22/11/2015 a las 06:00 Actualizada el 21/11/2015 a las 17:15
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El periodista y escritor Ramón Lobo.

El periodista y escritor Ramón Lobo.

ULY MARTÍN
Ramón Lobo necesitaba a sus 60 años hacer las paces con su padre, fallecido en 1983 y con el que mantuvo frecuentes broncas, tanto ideológicas como afectivas. Como tantos otros jóvenes rebeldes de su generación, Ramón se enfrentó al autoritarismo de su padre y desafió constantemente las órdenes del que llama en su libro Generalísimo Lobo en una alusión muy directa a los evidentes paralelismos, durante la dictadura, entre las microhistorias personales y la macrohistoria de todo un país. “Creo sinceramente”, confiesa el autor de Todos náufragos (Ediciones B), “que la anécdota de mi vida puede elevarse a la categoría de símbolo de una generación. De hecho, la educación autoritaria del franquismo que sufrimos machacó a todo el país durante décadas”.

Tiene claro este veterano periodista, curtido literalmente en mil batallas, corresponsal de guerra de El País durante 20 años hasta su salida por un ERE, autor de una novela y de varios libros de periodismo narrativo, que necesitaba firmar la paz con la memoria de su padre. “Ansiaba meterme en los zapatos y en la piel de mi padre para intentar comprenderlo y para declarar el final de la guerra interior que mantuve con él. Quizá mi padre murió demasiado pronto, cuando yo tenía 28 años, y esa circunstancia impidió una reconciliación entre los dos”. Falangista furibundo, voluntario en la División Azul y firme defensor del franquismo, el padre de Ramón Lobo aplicó también los métodos de la dictadura en su propia casa y allí se encontró con la resistencia de su hijo primogénito y único varón.

Como tantos y tantos hijos de aquellos vencedores de la guerra, que en general no contaron sus experiencias a sus familias, el hoy periodista se pasó al campo de la oposición antifranquista, la individual y la colectiva. De hecho, Todos náufragos alterna con mucho ritmo el paso del tiempo, desde los años cincuenta hasta la actualidad, a través de la familia de Ramón Lobo y de la evolución del país.

Aunque el deseo de escribir un libro autobiográfico a modo de catarsis rondaba la cabeza de Ramón Lobo desde su juventud, algunos detonantes lo impulsaron en fechas recientes a investigar en la historia familiar con la técnica de una crónica periodística, de un periodismo narrativo. Así las cosas, Lobo se vio empujado por unas memorias que comenzó a redactar su anciana madre, por una complicada relación de pareja y por consejo del psicólogo al que acude.

“En realidad”, señala, “he abordado una investigación histórica a partir de entrevistas con muchos familiares, a algunos de los cuales apenas conocía; a partir de lectura de libros; e incluso de charlas con historiadores. Entre otras cosas quería descubrir la curiosa historia de mi familia desde un bisabuelo ilustrado, médico y amigo de Manuel Azaña y de Cipriano Rivas Cherif, hasta un padre facha e intransigente que marchó de voluntario a la División Azul”. Como en todos los relatos memorialísticos del siglo XX, la alargadísima sombra de la guerra civil se proyecta sobre el presente, sobre el día a día de los hijos, los nietos o incluso los bisnietos de los que protagonizaron la contienda.

“La guerra civil destrozó a mi familia, como a tantas otras. Más tarde, la dictadura fue el fijador, la laca de todos los males”, afirma Lobo con esta metáfora muy gráfica sobre el franquismo. Además, en el caso del autor de Todos náufragos, el contraste entre su padre español y su madre inglesa todavía acentuó más las diferencias en su educación sentimental. “Siempre me han comentado los amigos”, explica, “que cuando me refiero a mi familia española aparece la guerra y, por el contrario, cuando hablo de mi familia inglesa no mencionó ningún conflicto, todo es paz”.

No obstante, la escritura de este libro autobiográfico le ha servido a Ramón Lobo para una segunda transición personal, “más generosa y menos dogmática”. “En mi transición del postfranquismo”, añade, “a todos mis parientes republicanos los colocaba en el cielo y a los familiares franquistas los enviaba al infierno. Algunas de esas opiniones las he relativizado y no todos los republicanos merecían el cielo solamente por el hecho de serlos”.

Colaborador en la actualidad de varios medios, entre ellos infoLibre y tintaLibre, Ramón Lobo sostiene que en las familias de los vencedores se habló mucho menos de la guerra y de la posguerra que en los hogares de los vencidos. En definitiva, entre los perdedores funcionaba una memoria de resistencia que resumió Julia Conesa, una de las 13 rosas, las jóvenes fusiladas en Madrid al comienzo de la posguerra, en una escalofriante carta escrita poco antes de morir: “Que mi nombre no se borre de la Historia”. Después de tres años de investigación y escritura del libro, de inmersión en su propia vida, en la de su familia y en la de su país, Ramón Lobo tiene claro que resulta necesario perdonar, pero que no se puede olvidar.

“Las víctimas del franquismo”, manifiesta, “nunca han podido hablar en España, nunca han tenido voz. Resulta increíble que más de 100.000 desaparecidos sigan enterrados en fosas comunes o en las cunetas de las carreteras. Es todo un símbolo de la desmemoria de España y de lo averiado que está nuestro país”. Desde la perspectiva de un corresponsal de guerra que ha visto el horror de los conflictos en muchos lugares, desde Bosnia a Afganistán pasando por varios países africanos, este periodista y escritor reclama un diálogo entre españoles. “Nunca es tarde para ese diálogo”, subraya, “y para abrir los ojos. España se ha convertido desgraciadamente en un país ciego, sin ojos”.

Se resiste a juzgar conductas, pero no rehúye opinar y, en esa línea, responsabiliza a los colegios e institutos, a los medios de comunicación y a la actitud ocultadora de muchas familias de que España no haya asumido su pasado histórico reciente. “Nos falta un sentido ético colectivo para superar con diálogo nuestros enfrentamientos”, concluye Lobo.

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10 Comentarios
  • icaria icaria 24/11/15 10:51

    Hay que hablar de nuestra Gurra civil. Sin sectarismo ciñéndonos a la verdad. Y enseñar en las escuelas la guerra, la posguerra ; así como la posterior dictadura . Llamemos a las cosas por su nombre. La verdad, la justicia y la dignidad para todos . Es un asignatura pendiente que no aprobaremos en Democracia, hasta que no se cozca toda esa parte de nuestra Historia mas reciente.

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  • Copito Copito 23/11/15 17:33

    Muy interesante el que Ramony Lobo haya escrito este libro que desde una experiencia personal aborda la influencia de la educación en las personas. Recordemos el tema del nazismo y porqué fue secundado por tanta población. Estudios como el de la psicóloga Álice Miller profundizan en este tema y en la Pedagogía Negra que se impartía. Muchos habréis visto la impactante película " La cinta blanca". Lo que narra está basado fielmente en esta "educación". Enhorabuena  Ramón por hacernos partícipes de tu experiencia. Está generosidad es la que nso salva a muchos del caos. Compraré tu libro, no lo dudes. Gracias

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  • esfera esfera 22/11/15 23:02

    Y nos falta una condena institucional unánime, oficial y rotunda del sanguinario  fascismo ejercido por el dictador Franco, para poner los cimientos de base de una auténtica Democracia . El reconocimiento de los hechos y  asumir la veracidad del relato objetivo con la aportación de pruebas tangibles.- 100.000 desaparecidos , niños robados , ejecuciones , torturas...durante 40 años, en un país pseudodemócrata y "liberal" ; tan libertino o sinvergüenza el actual gobierno , que aún consiente la exaltación  de la figura del genocida y homenajear socialmente su aniversario .

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  • baaron baaron 22/11/15 21:47

    Yo discrepo de la afirmación de que aquella educación fue autoritaria. Depende de cada familia y de cada padre. Mi padre fue un republicano que a pesar de estar 28 meses en campos de trabajo fascistas, ni me inculcó odios, ni me inculcó venganzas. Sólo me inculcó afán de justicia. La educación oficial, las escuelas, no formaba conciencias. Esas se formaban en casa con el ejemplo de cada familia. El señor Lobo no debe confundir su historia con la historia de esos años   

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  • ela ela 22/11/15 17:10

    Ela dice: La derecha española sigue siendo franquista, y mientras no reconozca los crímenes del régimen  seguirá sin reconocer las injusticias, abusos y asesinatos que se cometieron cuando ya había acabado la guerra civil. Somos el único pais de Europa que el franquismo sigue sin ser condenado y así nos va. Es inexplicable que el PSOE después de gobernar años no se atrevió a dar a conocer a todos los que nacieron después de la guerra el horror que supuso no ya la guerra, sino la postguerra, y de aquellos lodos vienen estos fangos.

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  • TOTOFREDO TOTOFREDO 22/11/15 12:10

    El PSOE y toda la izquierda, si se les puede llamar así, tienen mucha culpa de que ésa herida no se haya cerrado, pues han utilizado la misma fórmula que aplica hoy en día Mariano Rajoy, "dejar que pase el tiempo a ver si se cura sola la herida", y ya vemos que NO. 

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  • Falín Falín 22/11/15 11:18

    Ramón Lobo es un periodista que siempre tiene algo que aportar. No abundan este tipo de profesionales en nuestros medios. Por esta razón, y el por el interés que despierta en mí el autor, leeré su libro.

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  • liana liana 22/11/15 10:44

    Loable ejercicio, Ramón,nada fácil supongo,aunque el resultado intuyo liberador.Lo leeré,sin duda. Muchas gracias por todo lo que dices y escribes.

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  • Bacante Bacante 22/11/15 09:54

    La izquierda reivindicativa perdona y comprende mejor, porque es más culta. La derecha no perdona, se niega a reconocer la reciente Historia y nos quiere obligar a olvidar, no sé cómo cuando te tropiezas por las calles de tu ciudad con el homenaje diario al Dictador, homenaje que el Partido Socialista mantuvo en sus largos años de gobierno, aquí no se libra ni dios. Aunque nos cueste, hay que aceptar que no todos los fachas y falanjorros eran iguales ni luchaban por lo mismo. Los había descerebrados, pletóricos de ideales vagos y los había que luchaban por sus convicciones religiosas. Ideales, al fin y al cabo, que cuatro sinvergüenzas explotaron y exprimieron, junto con una cultura atávica patriarcal de autoridad y violencia, tan  cara a los militarotes. A Ramón Lobo le ocurrió como a muchos hijos de fachas (surgidos éstos de familias ilustradas y progresistas), que rechazaron la ideología franquista y devinieron izquierdistas activos, siempre en conflicto con su progenitor. Segün Marhuenda, estos "hijos de" son sospechosos y no se les puede perdonar ni se puede uno fiar de ellos. El pecado original.  ¡Lo que agüanta y ha agüantado la izquierda española! 

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    • luissot luissot 22/11/15 17:07

      Estoy deacuerdo con tu comentario, solo un matiz (tal vez discrepancia), yo si creo que todos los fachas y falanjorros eran y son la misma mierda, ellos nunca han luchado por la libertad, por la igualdad, por la convivencia, por la justicia....Mas bien han estado en el otro lado el del miedo, la injusticia, la represion, la sumision, la tortura....Salud Bacante

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