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Efectos íntimos de la crisis

El escritor Julio Fajardo Herrero.

"Desde que empezó toda esta historia he notado que a veces me dedico a tratar de localizar por ahí a la gente que está como nosotros, y hay momentos en que hasta me siento acompañada cuando alguien se desespera delante de mí por los precios de las cosas, o cuando algún conocido me cuenta cuánto está teniendo que cortarse con los gastos. Yo supongo que es porque me ayudan a quitarme de la cabeza esa idea tan puñetera de que, si ahora nos está pasando esto, una parte importante de la culpa tiene que ser nuestra". 

Lo confiesa una mujer de treinta y tantos, madre y trabajadora, con estudios universitarios y pareja. Hace tres meses que no le pagan, aunque sigue acudiendo a su puesto de trabajo. Su pareja se ha quedado en paro. Apenas llegan a pagar la hipoteca, han puesto la casa en venta (sin éxito) y han pasado, con mucho, el umbral de la ansiedad por el dinero. Esta mujer quizás exista ahí fuera, en la calle. Pero la hace hablar Julio Fajardo (Tenerife, 1979) en su nueva novela, Asamblea ordinaria (Libros del Asteroide), una obra que retrata a través de tres tramas las consecuencias íntimas de la crisis: esa forma que tiene la desesperanza de calar en los huesos, la capacidad que tiene la escasez para cambiarnos la vida. 

En la contra, los editores han destacado tres breves reseñas. El también escritor Sergio del Molino, apunta: "Llevamos tiempo preguntándonos cuándo se escribirá la novela que retrate la crisis en España. Puede que ya esté escrita y se titule Asamblea ordinaria". Una versión anterior de la novela, con el título de Preferencias del sistema, fue finalista al Premio Herralde en 2014. ¿Qué piensa Fajardo? "Creo que no me quedaría muy tranquilo pensando que en 'la novela que retrata la crisis en España' no salga ningún político ni ningún banquero. Pero al menos retrata una serie de efectos de la crisis, más que los mecanismos de causas y consecuencias". La intimidad de la crisis. Los "conflictos personales, generacionales, laborales" que genera. 

Lo hace en tres frentes, tres pares de personajes cuyas historias se desarrollan en capítulos cortos y de manera independiente, unidas solo por el contexto y la complementariedad de aquello que piensan o sienten. Está la pareja de la que hemos hablado, cuya historia es narrada por ella en primera persona. Está el joven empleado de una empresa moderna que se dirige a su jefe, por el que siente cierta fascinación, para cantarle las cuarenta. Y está el sobrino que se muda con su tía abuela después de quedarse sin ingresos, lo que crea un extraño binomio imposible en cualquier otra situación. 

"Había cosas que en algún momento había pensado que sería interesante contar", dice Fajardo, "La relación desacostumbrada entre miembros de la familia de distintas generaciones, con esa relación de dependencia hacia los mayores; la idea de que un empleado le contara a su jefe por qué las decisiones que estaba tomando no las estaba tomando siendo consciente de todas las implicaciones...". A partir de una primera idea, luego descartada, de centrarse en una reunión de amigos, fue desarrollando los personajes que más tarde llegarían a ser definitivos. "Las tramas se fueron construyendo a base de detalles, de cuáles eran los problemas que tenía esa gente, qué le estaba costando asimilar de sus relaciones personales, su situación, sus condiciones de vida", explica.

Así, Asamblea ordinaria no es una novela realista al uso. Pese al peso del contexto, este solo es presentado en la medida en que motiva las reflexiones de los personajes, cuyas tribulaciones interiores se convierten en el único paisaje del libro. Vemos la deriva del mercado inmobiliario a través de los ojos de la mujer, preocupada por si los visitantes verán o no los desperfectos causados por el día a día. Vemos la formación de un nuevo partido (Podemos o algún movimiento municipalista, aunque no se nombre), que absorbe el tiempo, energía e interés de su pareja. Vemos en el sobrino una generación a la que se le prometió dinero fácil y compra a plazos, y en la tía a otra que trabajó toda la vida para quedarse viuda y con una pensión mísera. Vemos a un esforzado joven que consiguió acceder a la universidad para ser luego explotado sin miramientos por un jefe para el que resulta tan exótico como una planta tropical. 

Fajardo señala interesantes diferencias entre ellos. La pareja pertenece a una "clase media depauperada". El empleado "es una persona de clase baja pero que ha vivido en una época en la que alguien de clase baja, en los ochenta y noventa, si se esforzaba podía tener una educación incluso universitaria, aprender idiomas y visitar otros países, aunque aun así se estrella contra el muro de la precariedad, inevitablemente". Y el binomio sobrino-tía pertenece "a una familia de clase baja en la que al menos el integrante más joven no ha trascendido su propio contexto sociohistórico". Pero, asegura, "los últimos diez años de la historia de España les han igualado". Primero, hacia arriba. Luego, hacia abajo. 

Cervantes en el CIE

Cervantes en el CIE

Pero se produce también una deriva similar en lo íntimo, en las ideas que van configurando su imaginario. Lo explica Fajardo: "Contamos una historia de un miembro de un grupo de personas que se ha portado toda su vida con más responsabilidad o sacrificio que otras personas, que, por acontecimientos que no dependían de él y se venían imponiendo, su desenlace actual ha terminado siendo igual de malo que el de otras personas que no han sido tan ejemplares, abnegados o responsables". Y esto genera en los personajes una sensación de injusticia, pero también de indefensión. Se han roto las reglas. Lo que antes servía, ya no sirve. Quizás por eso ninguno de ellos se atreva a mirar al futuro: en este paisaje desconocido es imposible ver más allá de hoy. 

El escritor Jordi Amat dice de Asamblea ordinaria que "no está comprometida con una posición ideológica sino con la realidad". ¿Es esto literatura comprometida? Fajardo lo piensa uno segundos antes de dar una respuesta. "Me gustaría pensar que no es panfletario. Con este libro, y con todo lo que escribo, intento contar cosas que me mueven. Y eso es un gesto político, discernir entre lo importante en la vida de las personas y de uno mismo y lo que no. En este libro y otros que escriba siempre habrá un componente de militancia", concluye.

La suya, de todas formas, ha ido más allá de la literatura. Fue miembro, hasta antes de las generales del 20D de 2015, del Consejo Ciudadano de Podemos en Cataluña, responsable de comunicación del partido y miembro de los comités de campaña de Barcelona en Comú y En Comú Podem. "Me pareció que podía ayudar a montar una serie de tinglados, pero permanecer en ellos se me hacía cuesta arriba", explica. Lo dejó, y volvió a lo suyo: los libros, editar, traducir. Suerte que todo es política.  

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