El golpe en Venezuela

La derecha española demuestra con Venezuela otro ejemplo de su errática política internacional

El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, comparece ante los medios de comunicación

El ataque de Estados Unidos sobre Venezuela perpetrado por el Gobierno de Donald Trump durante la madrugada del 3 de enero fue recibido entre vítores por la derecha española. Aunque en un primer momento el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, pidió "prudencia" ante los acontecimientos "esperanzadores", no tardó ni 24 horas en ensalzar "sin ambages" la operación ilegal para capturar al presidente venezolano Nicolás Maduro y llevarlo a EEUU por una supuesta "conspiración para el narcoterrorismo". Un escenario que deja muchas incógnitas abiertas y a un Trump que asegura que Washington "se hará cargo" del gobierno venezolano hasta una transición "apropiada".

"Llevamos muchos años denunciando el régimen de Maduro y a sus aliados, también desde la órbita del Gobierno de España. Hoy es un mal día para todos ellos. El actual Ejecutivo socialista sacó de Venezuela al ganador de las elecciones —en referencia a Edmundo González—. Estados Unidos ha sacado a quien se mantuvo en el poder pese a perderlas", escribió Feijóo en X. El jefe de la oposición reivindicó también la legitimidad de la oposición, con González y María Corina Machado al frente, para llevar las riendas de la transición. Trump, sin embargo, ya ha rechazado ese escenario, lo que ha dejado descolocada a una derecha que daba por hecho que ese era el plan de la Casa Blanca.

Un mensaje similar al del líder de Vox, Santiago Abascal, que llamó a "alegrarse" y "apoyar la restauración de la democracia en Venezuela" después del ataque sobre Venezuela que derivó en la captura de Maduro. "Hoy el mundo es un poco más libre. Debemos alegrarnos por ello y apoyar la restauración de la democracia en Venezuela. Con nuestros aliados del Foro Madrid trabajaremos por ello", señaló, tras pedir la "rendición" del "régimen narcoterrorista de Maduro".

El domingo, tras conocerse que Delcy Rodríguez, la vicepresidenta venezolana, asumía el poder con el beneplácito de Trump, Abascal culpó al Gobierno de Pedro Sánchez y evitó cualquier crítica al mandatario norteamericano. Un manual que ya aplicó después de que el presidente estadounidense —al que Vox tiene como uno de sus grandes referentes— anunciase los aranceles contra los productos europeos el pasado año. "Ahora toca acabar con la resistencia de Delcy, la cómplice de Sánchez. Y luego liberar a los presos políticos, encarcelar a los criminales y elecciones libres", señaló el ultraderechista en redes, pese a que Trump ha dejado claro ante la prensa que su prioridad es "arreglar lo del petróleo".

En el PP también se han cuidado mucho de no cuestionar directamente a Trump, sí han criticado la decisión de apostar por Delcy Rodríguez como presidenta interina. "No respaldamos que quien lleve las riendas sea Delcy [Rodríguez]", aseguró la vicesecretaria del PP, Cuca Gamarra. "Defendemos el resultado de las urnas de 2024, se debe producir una apertura de un tiempo nuevo y deben de liderarlo quienes tienen la legitimidad democrática", añadió. Previamente, Gamarra había reconocido ante los micrófonos de la Cadena Ser que su partido tenía "dudas" sobre la intervención de EEUU en Venezuela "vulnera o no el derecho internacional", pese a que Tump no esconde sus intenciones: quiere todo el continente americano al servicio de EEUU en una vuelta a la Doctrina Monroe.

El respaldo de Trump a Delcy Rodríguez desconcierta a la derecha

Las objeciones de Trump hacia Machado por no contar con el "apoyo" y el "respeto" de su pueblo han dejado a PP y Vox en tierra de nadie. En las últimas horas ambos se han visto obligados a hacer malabarismos para no culpar a Trump; en cambio, han arremetido contra el Gobierno por su supuesta "complicidad" con el "régimen chavista" a través del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. Así, han aprovechado para nacionalizar el debate mezclando sus críticas a Sánchez por la reacción a la captura de Maduro —después de que el socialista condenara públicamente la violación de la legalidad internacional en Venezuela— con los escándalos de corrupción que afectan al PSOE.

Pero más allá de los intentos de ambas formaciones por nacionalizar el conflicto, algunas reacciones de dirigentes y cargos del PP sí han dejado patente su desconcierto. "En Venezuela, se han de abrir las cárceles y que salgan todos los presos políticos, se han de terminar las torturas y los exiliados deben volver con seguridad. Todo ya. Desde este momento, EEUU y Marco Rubio [secretario de Estado], que administra, se hacen corresponsables de que siga la represión o no", escribía el portavoz del PP en Bruselas, Esteban González Pons, uno de los pocos dirigentes del PP que ha criticado públicamente a Trump, lo que le llevó una desautorización expresa por parte de Feijóo.

La portavoz adjunta del PP en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo, amiga personal de Machado —a la que acompañó en la entrega del Premio Nobel en Oslo hace escasas semanas— tildó de mentiroso al presidente norteamericano por decir que la opositora no tiene el "respeto" del pueblo venezolano. "Esto que ha dicho Donald Trump es manifiestamente falso. María Corina Machado es la líder indiscutible del pueblo venezolano, como bien sabe Marco Rubio", escribía en su cuenta de X. Sin embargo, el propio Rubio apuntaba en la misma dirección que Trump en una entrevista en el New York Times, defendiendo el papel de Delcy Rodríguez. "Creemos que tendrán oportunidades únicas e históricas de brindar un gran servicio al país, y esperamos que las aprovechen”.

Leopoldo López, Juan Guaidó, Edmundo González... las apuestas (fallidas) del PP

No es la primera vez que la derecha española se vuelca con la oposición venezolana. Lo hizo hace más de una década con Leopoldo López, condenado en Venezuela en 2014 a casi 14 años de prisión por instigar unas manifestaciones contra el Gobierno de la República Bolivariana que terminaron con 43 muertos y cientos de heridos. López esperaba que la ira de sus seguidores derivara en una insurrección contra un Maduro que llevaba apenas unos meses en el poder tras la muerte de su mentor ideológico, Hugo Chávez, en marzo de 2013, pero no fue así.

Las incógnitas sobre la captura de Maduro y el futuro de Venezuela

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Además de contar con un amplio respaldo en los círculos políticos y mediáticos, los expresidentes Felipe González (PSOE) y José María Aznar (PP) promovieron un manifiesto que reclamaba la libertad de López, y que también respaldaban otras figuras políticas como Marcelino Oreja (exministro de Exteriores), Álvarez del Manzano (ex alcalde de Madrid) y Álvarez de Miranda (expresidente del Congreso), ya fallecido. En las elecciones europeas de 2019, el PP de Pablo Casado fichó al padre de Leopoldo López para que se integrara en sus listas.

En enero de 2020 la derecha movilizó a sus partidarios para arropar al autoproclamado presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó, que fue recibido en Madrid con honores de jefe de Estado por la Comunidad y el Ayuntamiento tras una concentración de opositores venezolanos en la Puerta del Sol. La presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, le entregó la Medalla Internacional de la Comunidad de Madrid, que todavía no había recibido nadie desde su creación en 2017. Para Ayuso, que a diferencia de otros compañeros del PP ha celebrado el ataque de Trump, los venezolanos son una base importante de sus votantes. En los municipios madrileños viven en estos momentos, según cálculos aproximados, unos 200.000 venezolanos. Es el colectivo de extranjeros que más aumenta anualmente.

Con ese apoyo a Guaidó, las derechas trataron de poner en evidencia a Pedro Sánchez por no recibirlo durante su visita a España, a diferencia de los que habían hecho otros mandatarios europeos como Angela Merkel, Emmanuel Macron o Boris Johnson, a pesar de que Sánchez encabezó la decisión de reconocerle como presidente interino. En septiembre de 2024, el PP también impulsó una resolución para reconocer al citado Edmundo González como presidente electo del país, que salió adelante pero sin el voto del PSOE ni de la izquierda parlamentaria.

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