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'Homintern'

Publicada el 27/10/2019 a las 06:00 Actualizada el 28/10/2019 a las 11:30
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infoLibre publica un extracto de Homintern, de Gregory Woods, un ensayo que la editorial Dos Bigotes lleva a las librerías el próximo 28 de octubre. En el título, que lleva por subtítulo Cómo la cultura LGTB liberó al mundo moderno, el poeta se reapropia de la idea de la mafia rosa, esa acusación homófoba de que un reducido número de hombres y mujeres homosexuales y bisexuales trabajan para dinamitar desde dentro la cultura occidental, y en sus manos esto pasa de ser una acusación malintencionada a ser objeto de una investigación histórica. Woods no se limita a señalar la presencia de creadores homosexuales y bisexuales en el París de los años veinte, el Berlín de los treinta o el Nueva York de los cincuenta, sino que analiza cómo la cultura LGTB, tratada a menudo como subcultura, ha influido de manera determinante en lo que se considera cultura mainstream o cultura a secas. 
______

 
Prefacio
  El Homintern es la presencia de lesbianas, gais y bisexuales en la vida moderna. Imaginado como una trama única, es una de las principales fuerzas creativas de la cultura desarrollada durante el siglo pasado, o una conspiración siniestra contra los intereses morales y materiales de los Estados nación. Usted decide.

A finales del siglo XIX y principios del XX, científicos europeos de distintas disciplinas publicaron estudios que intentaban definir y explicar a aquellos que se sentían atraídos por su propio sexo. En la misma época, una serie de escándalos públicos hicieron patente la existencia de dichas personas. Empezó a parecer que eran muy numerosas. Tan provocadora era su mera existencia, tanto traspasaba cualquier límite su comportamiento sexual —a menudo ilegal para los hombres, prácticamente impensable para las mujeres— que tuvieron que mantener distintos grados de discreción, o incluso un secreto total sobre sus vidas "personales". A su vez, este hecho se esgrimió en su contra, porque parecía que estaban conspirando en secreto entre ellos. ¿Con qué intención? Socavar las normas morales colectivas, cuestionar o ridiculizar los patrones de comportamiento y gusto aceptables o incluso subvertir la seguridad nacional.

Se permitieron, o les permitieron, una mayor visibilidad entre las clases ociosas y las ocupaciones artísticas, entre las cuales se aceptaban los estilos y modales "bohemios" sujetos a restricciones tácitamente acordadas. En algunos aspectos —al ser las artes de uso limitado entre ideólogos y burócratas— se creyó que las personas homosexuales era inofensivas; preo pronto, de forma inevitable, se consideró que ejercían una excesiva influencia cultural.

Para los entendidos, la presencia de lesbianas y gais en la vanguardia artística era, por otra parte, vigorizadora, precisamente porque contemplaban la sociedad desde un punto de vista inusual y eran capaces de socavar verdades consolidadas en la naturaleza humana. Al amar como lo hacían, recordaban al mundo que valía la pena arriesgarse por amar. Al vivir como habían escogido, iniciaban un proceso de liberación por arte de magia. Su mera presencia exigía una reevaluación de los roles de género prefijados y actitudes más matizadas hacia todo comportamiento sexual. Podían aportar una estética completamente nueva que afectara a las convenciones sociales suprafamiliares. Lo extraño de sus actividades artísticas resultaba a menudo enervante para los que buscaban, tanto en el método como en el contenido de las artes, una proyección de la norma.

Este libro trata de esas personas, y de las actitudes cambiantes hacia ellas. También de sus propias actitudes cambiantes hacia la sexualidad y el papel de esta en sus vidas. Algunas de estas personas y sus historias son ejemplares, y actúan como modelos para muchas experiencias semejantes. Otras destacan por su extrañeza, y su resplandor único arroja una luz especial sobre el conjunto de ellas.

La independencia de las lesbianas transmitió sus propias lecciones en el contexto de la lucha más amplia por la igualdad de las mujeres. A pesar de que se murmurara de ellas, y de que se las despreciara por solteronas, ya estuvieran solas o en pareja, con frecuencia estas mujeres fueron admiradas más o menos secretamente por su espíritu inconformista: habían escogido ser libres, o libres de los hombres, al menos, lo cual puede ser lo mismo.

Se nos dice que, en algunas épocas, la homosexualidad causó furor. En efecto, en el periodo de entreguerras, a cierto tipo de hombre gay elegante, ambiguo y afectado se le consideraba el epítome de lo moderno. La aceptación de la homosexualidad llegó a considerarse uno de los parámetros de la modernidad. Me interesa cómo las ideas y las imágenes relacionadas con las personas homosexuales adquieren estatus de mitos duraderos —el esteta gay, la Sodoma moderna, el espía homosexual, la isla de las sirenas, la trágica caída en desgracia, el retiro de placer oriental, el antro sórdido, el idilio pastoral, el propio Homintern—, que en la narrativa común ocupan merecidamente su lugar no solo de condición cultural de la homosexualidad en el mundo moderno, sino de modernidad misma.

El libro está hilvanado por los viajes, sobre todo en barco de vapor o en tren. Cuando mis personajes viajaban, ellos o su arte volvían a casa con horizontes ampliados: Gide de Argelia, Forster de Italia, Isherwood de Alemania, Stein de Francia, Lorca de Estados Unidos, Eisenstein de México, Mishima de Estados Unidos... Muchos otros se vueron obligados, o se fueron voluntariamente, al exilio desde sus hogares. Para los viajeros varones, en especial, lo sexual y lo cultural estaban íntimamente relacionados. Es difícil desligar los viajes con beneficio sexual de aquellos con rédito cultural. (Por supuesto, muchos los tenían ambos). El principal escenario de nuestro relato lo componen Europa y las costas del Mediterráneo junto a la travesía de ida y vuelta a través del Atlántico. Visto desde una perspectiva global, este cosmopolitismo en realidad es bastante local —como los lectores dle hemisferio sur observarán en seguida—, pero son los destinos que han acumulado valor mítico, más que otros lugares en los que vivan personas gais o a los que estas hayan viajado, los que más me interesan.

No tengo reparo en utilizar la literatura como prueba, y cito con liberalidad novelas con personajes queers que viajan al extranjero, y escenas en locales y bares de ambiente en ciudades como Berlín y París. Cito poemas con propósitos similares. Estos textos son de autores que habían observado las escenas que estaban describiendo. Muchos de ellos no se sentían libres de decirlo en letra impresa, excepto tras la pantalla protectora de la literatura: podían fingir que se estaban imaginando lo que de hecho habían experimentado de primera mano.

Suplico la indulgencia del lector por el hecho de que este es un libro de un poeta. A menudo busco proyectar una imagen, o secuencia de imágenes, en la imaginación visual del lector, más que convencer por medio de la argumentación lineal. Hay veces en que llevo a cabo saltos asociativos que, considerados como pasos lógicos, pueden parecer non sequiturs. Siempre me ha gustado lo que Ezra Pound dijo de sus Cantos: "Si el crítico lee a través de ellos antes de detenerse a preguntarse si los está entendiendo, creo que al final descubrirá que sí". Con cierto optimismo, me gustaría considerar el misterioso recorrido mágico de mi propio libro en términos similares. Es posible que yo sea un guía excéntrico, pero el lector verá la lógica de nuestro itinerario para cuando el viaje llegue a su fin.
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