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Los libros

Cuidado con el campo

  • Jane Harper escribe la historia de un pequeño pueblo australiano que sufre la mayor sequía de su historia cuando un triple crimen asalta a sus habitantes
  • Hay en Años de sequía reminiscencias de A sangre fría, por los detallados perfiles psicológicos de sus protagonistas y la brutalidad de los asesinatos

Publicada el 17/11/2017 a las 06:00
Años de sequía
Jane Harper
Salamandra
Barcelona
2017

En la época en la que está tanto de moda fantasear con el abandono de la ciudad para buscar la autenticidad del campo, en la que muchos habitantes de las grandes y asfixiantes urbes meditan cambiar radicalmente su forma de vida buscando en la naturaleza un espacio mucho más confortable, acaso cercano, se publica esta novela negra ambientada en un pueblo remoto de Australia en la actualidad para recordarnos que los dramas rurales también existen. Y los asesinatos y los vecinos mal encarados, y las disputas familiares que se infectan a lo largo de décadas…

Aunque algunas editoriales lo llaman ya country noir, un subgénero más de la novela negra, como la brillante ópera prima de Brian Panowich, Bull Mountain, quizá sea más adecuada la etiqueta de western policíaco en este caso. Jane Harper, inglesa de nacimiento y australiana de adopción, escribe en Años de sequía, su primera novela, la turbulenta historia de un pequeño pueblo del oeste australiano, Kiewarra, que sufre la mayor sequía de su historia cuando la conmoción de un triple crimen asalta a sus habitantes, provocando que la locura, el miedo y el pasado aparezcan para provocar una virulenta reacción en cadena que no va a dejar a nadie ileso.

Luke, su mujer y su hijo han sido brutalmente asesinados. La teoría inicial es que el padre los ha matado y luego se ha suicidado, pero los padres de Luke no creen esa versión y avisan a un viejo amigo de su hijo, Aaron Falk, que tuvo que irse obligado del pueblo hace bastantes años y que trabaja como policía en un grupo especializado en delitos financieros. Su vuelta será un reguero de desencuentros y problemas con sus antiguos vecinos, tendrá que investigar con la única ayuda del nuevo sheriff, Raco, un hombre honesto que también descubrirá en qué clase de población se encuentra y dónde nadie parece ser lo que dice. En Kiewarra la sequía es una protagonista más, en la que acabas sintiendo la ropa pegada al cuerpo y sudando cuando la trama se precipita definitivamente. El clima como variante desestabilizadora de una población extenuada que la autora transmite perfectamente, describiendo ese ambiente asfixiante sin agua ni lluvia  en el que el calor suele precipitar la locura…
 
“Cuando estaba a punto de llegar al límite del terreno, bajó el ritmo y finalmente se detuvo por completo. Pero no estaba seguro de qué lo había hecho dudar. La hilera de árboles que tenía delante se veía queda y sombría. Nada se movía. Un escalofrío le recorrió la espalda y el cuello como un hormigueo. Le pareció que incluso las aves habían enmudecido. Aunque se sintió como un tonto, miró por encima del hombro. A su espalda no había más que la mirada ausente de los campos. La granja de los Hadler se recortaba sin vida en la distancia y  recordó que la había rodeado entera. Allí no había nadie. El lugar estaba vacío.
Se volvió hacia el río y se dirigió allí con un presentimiento palpitándole en el pecho. La respuesta le había ido llegando lentamente, pero de pronto cayó sobre él como un rayo: desde donde estaba, debería estar oyendo la corriente. El sonido característico del agua esculpiendo el paisaje. Cerró los ojos y escuchó, intentando percibirlo, deseando que se materializase. Pero no oyó más que una nada espeluznante. Abrió los ojos y echó a correr”. Pág. 117.

Jane Harper tiene la capacidad de realizar perfiles psicológicos brillantes de sus personajes sin idealizar a sus protagonistas, sin convertirlos en héroes. Así, la paciencia y el control que caracterizan a Falk —que sufre vejaciones y humillaciones sin contrarrestarlas— no siempre son cualidades que ayuden al protagonista a encontrar la verdad. Junto con Raco forman una buena dupla de policías, se equilibran, siempre dentro de la ley. El libro es poderoso por su gran ambientación, su excelente  trama, y unos personajes muy bien trazados dentro del ambiente opresivo y deprimente que se vive en el pueblo. Todo el mundo tiene secretos tenebrosos, hay múltiples sospechosos, los personajes son consecuentes con su manera de ser, lo que los hace verosímiles. Además la autora emplea los flashbacks en el tiempo para entender la historia con todos los detalles y que cuenta con un final extraordinario. La secuencia con la que concluye la posible caza al asesino es memorable y mantiene el suspense hasta la última línea, yendo de menos a más hasta un final escalofriante. Hay en Años de sequía reminiscencias de A sangre fría de Truman Capote por los detallados perfiles psicológicos de sus protagonistas y la brutalidad de los asesinatos y cómo afectan éstos a la psicología general de una población rural.

Esta es una novela sobre los secretos, de cómo la adolescencia puede marcar de por vida en un ambiente rural desasosegante, que parece casi un western en muchos momentos, donde se retratan las miserias humanas de una sociedad cerrada que describe la presión social en el ambiente rural, que habla sobre los prejuicios y sus movedizos cimientos, sobre las segundas oportunidades y si cambiamos o no a lo largo del tiempo. ¿Cuál es la verdad? Quizá no sea siempre la misma para todos…
 
“Era consciente de que solía mantener las distancias y de que, más que amigos, tenía conocidos. Pero eso era lo mejor, por si uno de ellos volvía a aparecer flotando y abotargado en un río, a un tiro de piedra de su casa. Y era cierto que todos los días se enfrentaba al largo trayecto hasta el trabajo y que pasaba la mayoría de los días bajo la luz de los fluorescentes de la oficina, pero al menos su sustento no pendía de un hilo, a merced del clima. Él no pasaba tanto miedo ni estaba tan desesperado a causa de un cielo azul como para que el extremo más peligroso de un arma le pareciese la respuesta correcta.
Tal vez en casa de Luke Hadler siempre hubiera una luz encendida cuando llegaba, pero algo de aquella comunidad sin esperanza y desgraciada se había colado en su hogar por la puerta principal. Algo tan podrido, espeso y negro que había extinguido esa luz para siempre.” Pág. 165.

*Pablo Bonet es poeta y librero de guardia en la Librería Muga.

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