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Sobre líneas de vida

  • Las “ocurrencias recurrentes” de Félix Trull tienen la dosis de los buenos aforismos: concisión, reflexión, humor, amabilidad, compromiso y crítica
  • “Hay dos tipos de tipos”, dice, “los que se abren paso a través de la espesura y los que buscan ocupar un espacio que ya existe. Yo soy de los primeros”

Publicada el 15/02/2019 a las 06:00
Líneas de flotación
Félix Trull
Libros al Albur
Sevilla
2018
  Leo en la contracubierta de su anterior libro de aforismos, Metas volantes, que “Felix Trull nació en una ciudad a orillas del Mediterráneo, aunque desde hace años reside en otra al borde de un río”. Esa imagen de “vivir a las orillas” me gusta, como también saber que este editor y escritor firma casi siempre bajo heterónimo, y, sobre todo, constatar que es un amante difusor del género aforístico.

Se abre el libro con una cita significativa de Rafael Pérez Estrada: “La flotación es un principio frívolo y poético de la naturaleza”. Consta de 3oo aforismos o “apuntes” que van numerados singularmente, y en ellos nos sugiere desde el principio iniciar un viaje, pasear por la vida, recorriendo muchas estaciones, con subidas y bajadas, paradas y esperas. Siempre en un tono conversacional y confesional nos transporta por senderos que nos dan que pensar.

Sus “ocurrencias recurrentes”, sus “líneas”, tienen la dosis de los buenos aforismos: concisión, reflexión, humor, amabilidad, compromiso y crítica. Con un lenguaje lúdico, provocador e incómodo a veces, Trull envuelve sus aforismos en un tono filosófico y poético, con el que da toques de atención sobre temas de actualidad que invitan al diálogo. Formula sus idearios. Así, sus aforismos críticos son moralistas, en el sentido de exponer costumbres y formas de vivir, no en el sentido universal didáctico-moralizante del clasicismo. Hace ajustes de cuentas con la vida y se implica con este tiempo que estamos: “Nada de lo humano me es ajeno: ni siquiera lo que ignoro activamente”.

Félix Trull es un aforista muy sentido, con una identidad muy particular, y sus juicios surgen de las decepciones: “La decepción se ha convertido en toda una industria”. Es discordante con algunos comportamientos progresistas que rechaza, insatisfecho con el paso vertiginoso del tiempo, se indigna y entristece con lo injusto: “No hemos venido a la vida a entenderlo todo, sino a gestionar lo incomprensible sin perecer en el intento”. Y se autodefine: “Hay dos tipos de tipos: los que se abren paso a través de la espesura y los que buscan ocupar un espacio que ya existe. Yo soy de los primeros, definitivamente”. Los temas que aborda son el tiempo, el amor, la amistad, las cosas cotidianas que nos rodean, que nos rozan. También son temas recurrentes de su escritura, la enseñanza, la soledad, la ética, la libertad: “La libertad se conquista siendo libre. Y de ninguna otra forma”.

Es  abundante el  juego que entabla con las frases hechas: “Más vale melodrama conocido que tragicomedia por conocer”, “Tu rutina eres tú”... El humor y la ironía hacen acto de presencia gracias al manejo riguroso y sutil que conforma su escritura: “No lo deconstruyas más que así es el gazpacho”. En sus aforismos se perciben los ecos de los clásicos: Heráclito, Bécquer, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Gómez Dávila, Miguel Hernández, entre otros. Son homenajes donde Trull da cuenta de la importancia del gusto por la tradición junto con la innovación. Es un excelente conocedor del aforismo, como ya sabemos, un entusiasta del género fragmentario, labor que lleva difundiendo rigurosamente desde sus estudios, su blog, sus ediciones (Libros Al Albur) y con su creación.

Este editor, filósofo y poeta nos advierte y nos deja frases memorables con la intención de implicarse con la vida. Así nos dice: “Tanta levedad, al final acaba pesando”. También: “Dudo, luego existes”. Y: “El amor es un rescate mutuo”. Por eso este consejo: “Madurar es dar un paso, uno solo: el que te obliga a dejar de lamentarte por lo que has perdido, a celebrar todo lo que aún conservas”. Y este: “Lo que hace insufrible a la ignorancia no es su atrevimiento, sino su inagotable locuacidad”. Añade: “La autentica libertad está llena de deberes”. Y se confiesa: “A mí, la verdad, poder o no poder me resulta indiferente. La pregunta que me inquieta de veras es ¿debo o no debo?”.

Y todas estos “apuntes” son sus Líneas de flotación: “He llegado a un punto en el que sólo me atrae mi atención lo que me interesa mucho y lo que no me interesa mucho; lo que me interesa a medias, ya no lo puedo soportar”. Y también son sus líneas de vida para nadar, a veces a contracorriente, y  para poder flotar en el viaje de la existencia: “Y es que para amarse hay que desarmarse. En todos los sentidos”.
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Carmen Canet es escritora y profesora de Lengua y literatura. Su último libro es Luciérnagas (Renacimiento, 2018).

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