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  • Carlos Alcorta escribe Aflicción y equilibrio ante el desarraigo que le produce la muerte de su padre, el eje alrededor del cual gira todo el libro
  • Es imposible no recordar a Jorge Manrique. Alcorta escribe: "Ante tanta desdicha humana nos preguntamos/ si será cierto que la muerte iguala"

Publicada el 11/09/2020 a las 06:00

Aflicción y equilibrio
Carlos Alcorta
Calambur
Madrid
2020

Con este título, Aflicción y equilibrio, Carlos Alcorta nos adelanta el contenido y la forma de este relato poético. Aporta un cambio de rumbo en su trayectoria poética, pues sin abandonar su identidad, "a cierta edad" se remueve un tipo de sublevación interior que templa con su escritura emotiva y cercana. A partir de un hecho real, la muerte de su padre, profundiza sobre la condición humana y las cosas más elementales que a veces descuidamos o no a las que no damos la verdadera importancia que tienen. Es un ensayo lírico a modo de monólogo unas veces, otras conversacional, que escribe con todo el riesgo que la experiencia ya otorga y que hace que se pueda contar de una manera medida, sentida y contenida, repleta de registros. Es imposible leyendo estos poemas que no nos transportemos a las Coplas por la muerte de su padre, de Jorge Manrique: "Allí los ríos caudales,/ allí los ríos medianos/ y más chicos,/y llegados, son iguales". Alcorta escribe: "Ante tanta desdicha humana nos preguntamos/ si será cierto que la muerte iguala". Lo clásico, siempre vigente.

Carlos Alcorta (Torrelavega, 1959) es poeta, editor, crítico y gestor cultural, con una decena de poemarios publicados y varios premios en su haber. Con este libro nos acerca a la realidad más próxima y lo hace plantando cara a los tropiezos de la vida. Así, frente a lo adverso, con las vivencias adquiridas, dice: "Ahora, el peso del presente me arrastra hacia ese fondo/ que vislumbro a través de una ventana/ a ras de suelo". Indaga y fluye con una escritura en donde las relaciones humanas son las protagonistas, y de fondo el compromiso y el coraje. Lo hace con un gran manejo del lenguaje en donde oficio de vida y de escritor se unen como dos mundos paralelos inseparables que son inherentes a él: "Es más vida la vida en la ficción./ Realmente vivimos más cuando escribimos". Así realidad y ficción caminan juntos con ese efecto de distanciamiento brechtiano necesario por el que aboga: "La distancia es un dulce somnífero/ que encubre la carnicería de los inocentes".

Comienza el libro con cuatro citas memorables que, como ya también avanza el título, nos adelantan la temática que discurre por este poemario en donde la vida y la muerte pasean y pasan. La primera no podía ser sino de Jorge Manrique: "Y pues de vida y salud/ hicisteis tan poca cuenta…", le siguen las de Lêdo Ivo, Siri Hustvedt y Voltaire, que con sus versos significativos se unen al homenaje que hace Carlos Alcorta a su padre, donde el recuerdo, la nostalgia y la emoción están servidas de una manera sincera y desnuda que se manifiesta con hondura y a la vez arriesgada, que concilia a un paisaje y unos personajes que no le son ajenos. "Amor para vivir", diría en su canción Pablo Milanés, y entre triunfos y reveses pasó la "áspera existencia". También está dedicado a toda su familia más próxima. Por eso dice en el último poema: "Hacer vida, –esa es la intención/ con la que he escrito este libro— es vivir". Así nos dice también en estos versos que abren el libro, a modo de poética : "No trato de evadirme de la realidad/ (…)/ Uno no puede renunciar a lo que ha sido./ (…)/ Ahora, el peso del presente me arrastra hacia ese fondo/ (…)/ … por eso he buscado sentido/ a la vida a través de las palabras".

Hay poemas en el libro destacables como Siempre quise que mi vida significara algo ("Un abismo separa la apariencia exterior de la situación interna"), El buen hijo ("Me propuse escribir este poema/ como quien construye la casa natural/ de la vida, sin ayuda, con materiales nobles/ pero modestos"), y Aflicción y equilibrio ("Sin darme cuenta estaba pensando en ti de nuevo,/ como si fuera a verte dentro de unos minutos").

Sus versos nos recuerdan que somos vulnerables. Los lazos que nos unen. Es el poemario más personal y profundo de Carlos Alcorta, narrativo y poético a la vez, mantiene una armonía, un balanceo en donde la existencia propone y dispone. El existencialismo, el nihilismo, el humanismo y el estoicismo se dan la mano. Así sin titubeos, con intimismo, certezas y verdades, afirma: "Para mí, basta ya de hipocresía/ fue un estorbo al que terminé/ habituándome". Sus poemas están repletos de descripciones con la naturaleza de fondo, presencia del mar frente a las dudas, a la ausencia de lo amado. Con un tono reflexivo y meditativo fluyen y discurren como esos ríos que van a parar al mar. Poesía realista y naturalista. Es un libro en donde la madurez del poeta queda expuesta: la vida como lucha, la fugacidad de la vida, y la valoración de las cosas sencillas y la importancia de los instantes.

En los agradecimientos, el autor comenta también los homenajes y guiños que ha ido intercalando: "Los poemas (...), por otra parte, no ocultan las impagables deudas que mantienen con muchos poetas olvidados, deudas que un lector avisado sabrá reconocer". Es todo un paseo por escritores emblemáticos, filósofos, historiadores, personajes y espacios literarios emblemáticos. Toda una acertada complicidad literaria. Y estos son los imprescindibles que Alcorta no olvida.

Aunque sin estructura explícita, es un volumen dispuesto con un guion enhebrado por los títulos de los 21 poemas que se incluyen, a modo de capítulos que se engarzan los unos con los otros para conformar la historia que desarrolla y cuenta. Es la medición y la meditación de lo que no se piensa hasta que llega, "tan callando". Ha sido con este tema recurrente literario, el lugar propicio en donde acuden y se reúnen los recuerdos, las dudas por las que entramos en un mundo que genera inseguridad. Sensibilidad es el tono que utiliza el poeta ante el desarraigo que produce la muerte. Su padre, como hemos adelantado, es el eje alrededor del cual gira todo el libro. Recuerda su entusiasmo, sus anécdotas en el mar nadando, entre otras nostalgias. Echar de menos un mundo de presencias que ya son ausencias. Es un libro de reconciliación, delicado, desnudo, terapeútico, tan humano y cercano que duele y alivia.

Es un poemario sincero, valiente y hermoso. La escritura como medicina de la vida. Significado y forma son esenciales en esta elegía y oda a la vez. Y es en este vaivén en donde se mece Aflicción y equilibrio porque "hacer vida es aprender a morir./ Pasada la aflicción, empieza el equilibrio".

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Carmen Canet es crítica literaria y aforista. Su último libro es Olas (La Isla de Siltolá, 2020).

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