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Los libros

"Sabemos que podemos resistir"

  • Los poemas de Hijos de la bonanza manifiestan una mirada inteligente, desmitificadora, a menudo autoirónica, sobre todo por lo que respecta a su visión generacional
  • El anhelo por construir un espacio habitable pasa a la vez por la intimidad y lo socioeconómico, ya que la precariedad laboral tiene efectos en la propia vivencia afectiva

Publicada el 22/01/2021 a las 06:00

Hijos de la bonanza
Rocío Acebal
Hiperión
Madrid
2020

Con Hijos de la bonanza, último premio Hiperión, Rocío Acebal continúa los hallazgos felices de este premio (pienso por ejemplo en el espléndido libro El desgarro de Jorge Villalobos). Los poemas de la autora manifiestan una mirada inteligente, desmitificadora, a menudo irónica y autoirónica, sobre todo por lo que respecta a una visión generacional. El primer poema, que da título al libro (un título excelente), reescribe en clave contemporánea los célebres versos de Machado: "Mi infancia son recuerdos de un piso a las afueras/ y un huerto descuidado en la ventana;/ mi juventud, veinte años de cuadernos de inglés". En un tono de amarga lucidez se muestra la grieta de lo que podríamos llamar en homenaje a Dickens "las grandes esperanzas" que las generaciones precedentes pusieron en sus hijos: "estudia cuatro años y tendrás un trabajo,/ trabaja y vivirás siempre tranquila;/ trabaja y serás digna de un futuro./ Asentí, como todos —hijos de la bonanza". La conclusión es la del poema "Autorretrato (o radiografía de un brunch con mis amigas)": "La conclusión es fácil:/ no vamos a vivir/ mejor que nuestros padres pero al menos/ sabemos que podemos resistir". Un poema especialmente inteligente y autoirónico es el retrato generacional que aparece en "Los revolucionarios": "No todos nos entienden: nuestros padres/ siguen tan reaccionarios como siempre/ y los abuelos dicen/ burradas en las cenas familiares./ No pueden entender los sacrificios/ que exige de nosotros el futuro:/ la heroicidad es la patria de los jóvenes.// La estupidez también. Nuestra revolución:/ estupidez con buenas intenciones". La precariedad y los efectos que produce en la intimidad se tematizan en poemas como "Mudanzas", donde asoma la ternura: "Ya no quiero viajar, ya solo aspiro/ a una patria, a un hogar, a un sitio donde/ alguien me lleve en brazos a la cama/ cuando me duerma tarde en el sofá". El anhelo por construir un espacio físico y sentimental sólido y habitable pasa a la vez por la intimidad y lo socioeconómico, ya que la precariedad laboral tiene efectos en la propia vivencia afectiva. Otra constante del libro es el feminismo, que se manifiesta en varios poemas como "Tiempos más simples": "entonces/ la vida era un camino de certezas:/ sabías que eras hija, que serías mujer y luego madre,/ y aquello parecía suficiente; […]// Eran tiempos más simples —más felices—./ No volverías a ellos/ por todas las riquezas de este mundo".

Hijos de la bonanza habla también del amor y elabora una subjetividad que imbrica ternura e inteligencia. Destacan en este sentido "Desde que te conozco" ("No quería decirlo pero a veces/ lloro cuando no estás en mis poemas"), "Dime" ("Dime si áun conservan algo/ de cierto los poemas que escribimos/ cuando todo lo que sabíamos del mundo/ tenía algo que ver con el amor"), "Ruego egoísta" ("No me obligues a ver en quién te has convertido/ no me importa de ti sino el recuerdo") y el magnífico "No eres tú»: "Porque no es el adiós,/ ni la vida sin ti, ni tu recuerdo;/ sino saber perdida/ a esa mujer que fui cuando te amaba". Me siento afín al imaginario afectivo de estos últimos dos versos, que me permito pensar que dialogan en cierto modo con un poema mío de 2016 en homenaje a Ángel González, que acababa así: "por eso quiere tanto parecerse/ a ese alguien que fui cuando me amabas".

Con Hijos de la bonanza Rocío Acebal se consolida como una de las voces más destacadas de la última poesía española.

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Ioana Gruia es escritora y profesora de Literatura. Su último libro es El expediente Albertina (Edhasa, 2016).

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