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Luces Rojas

La hucha de las pensiones no es una bandera de la izquierda

Publicada 11/12/2017 a las 06:00 Actualizada 10/12/2017 a las 19:39    
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Es un tema recurrente y una de las armas arrojadizas favoritas del Partido Socialista y de otros progresistas contra el Gobierno del Sr. Rajoy. Me refiero a ese asunto que sirve para publicar titulares alarmistas casi todos los meses: “Al fondo de reserva de la Seguridad Social le queda dinero para seis pagas, cinco pagas, cuatro pagas, tres, dos, una… cero”. La semana pasada los periódicos encabezaban sus columnas con ominosas advertencias sobre el inminente agotamiento de la “hucha” de las pensiones… ¡otra vez! En esta ocasión nos avisaban de que daba para una sola paga más. No faltaron a la cita los tuiteros progresistas en la propagación de la mala nueva. ¿Qué otro ejemplo más claro podía haber de la nefasta gestión de los ultraconservadores españoles? Alarmaban así al lector menos informado que podría quedarse con la sensación de que el mes que viene no cobraría la pensión.

Y, sin embargo, ¿han visto ustedes a los ministros del Sr. Rajoy mostrar la más mínima inquietud? No lo han visto porque ellos saben perfectamente que el fondo de reserva forma parte de una monumental maniobra de distracción para conseguir otros fines.

Los progresistas yerran al obsesionarse con el fondo de reserva. Demuestran haber caído inocentemente en otra de las numerosas trampas que les han tendido los economistas neoclásicos. En estas líneas espero alertar a los progresistas sobre lo profundamente reaccionaria que es la noción misma de un fondo de reserva y hacerles ver lo absurdo e irrelevante que es para la sostenibilidad de un sistema de pensiones.

Ante todo, veamos qué es el fondo de reserva. Consiste en que la Seguridad Social cubra pensiones del futuro con cuotas aportadas por los cotizantes del presente. Para ello se pretende que los excedentes presupuestarios que obtenga la Seguridad Social se destinen prioritariamente a la dotación de tal fondo. Este instrumento fue resultado del Pacto de Toledo, esa comisión creada en el Congreso de los Diputados para asegurar la sostenibilidad de un sistema que se creía amenazado por el envejecimiento demográfico, la consiguiente reducción de la población activa y el aumento de la tasa de dependencia.

El fondo fue establecido en el año 2000 durante la presidencia de Aznar pero alcanzó su máxima dotación (66.000 millones €) durante la época de Zapatero. Los socialistas llevan muy a gala este “logro” y no se cansan de recordárselo a Rajoy. Pero en realidad ese superávit fue consecuencia de la combinación de la tradicional cicatería de las políticas sociales del Estado español con un aumento automático de la recaudación en una época de gran bonanza.

Previsión dirán quizás los defensores del invento. Pero deberían preguntarse los socialistas y otros obsesos de llenar alcancías acerca de la utilidad que tenía un fondo de reserva invertido mayoritariamente en deuda pública española. Dicho de otro modo, ¿cómo cambiaba el saldo financiero neto del Estado el acto de sacar dinero del bolsillo izquierdo del Estado para meterlo en el bolsillo derecho?

Tras el fondo de reserva subyacen nociones erróneas y creencias ultraconservadoras que confunden los presupuestos del Estado con los de un hogar. Parten de la idea de que son los cotizantes los que aportan los fondos para pagar las pensiones. Pero nada de esto ocurre en la realidad. Cuando el Estado paga las pensiones simplemente reconoce un poder de compra a favor del jubilado mediante un mero apunte contable registrado en un ordenador. Cualquier Estado que disfrute de soberanía monetaria puede crear esas pensiones de la nada. Cuando el Estado cobra las cuotas de la Seguridad Social, mayoritariamente aportadas por los trabajadores, simplemente está destruyendo dinero. No hay transferencia desde los trabajadores a los pensionistas.

Tampoco los superávits fiscales del presente se pueden utilizar para pagar las pensiones del futuro. Un superávit público en 2010 o 2017 no va a hacer nada para conseguir que el anciano de 2030 pueda ejercer poder de compra porque el saldo de las cuentas públicas es un mero guarismo que indica la diferencia entre los activos financieros que el Estado ha inyectado en la economía al ejecutar el gasto público y los que ha destruido mediante los impuestos.

El Estado no es como una familia

Ahorrar en épocas de vacas gordas para cuando lleguen las vacas flacas tiene sentido para una familia que no puede crear nuevos activos financieros. Pero el Estado no es como una familia, ni siquiera bajo los disfuncionales mecanismos de la zona euro, porque su deuda tiene el respaldo del Banco Central (y crucemos los dedos para que el BCE no vuelva a cometer el error de no comprar deuda pública de los Estados periféricos como ocurría hasta 2012).

Las pensiones de hoy se pagan con excedentes extraídos de la producción de bienes y servicios producidos hoy. Las pensiones del futuro se pagarán solo con los excedentes obtenidos con la producción de bienes y servicios del porvenir. Ningún ahorro financiero del Estado hogaño conseguirá que la producción del futuro sea mayor. Si queremos asegurar que los jubilados de 2030 obtengan una pensión —recordemos, poder de compra creado ex novo por el Estado a favor de los jubilados— debemos asegurarnos de que puedan gastarla en bienes y servicios disponibles en el mercado. Por tanto, lo único que debe ocurrir es que en 2030 la población activa produzca lo suficiente para cubrir sus necesidades de reproducción y además entregar un excedente suficiente a la población dependiente. Bastará con que haya un número suficiente de personas trabajando y produciendo. De hecho en 2030 es probable que nadie se acuerde de que una generación anterior los políticos pensaron en ellos dotando una hucha que se quedaría vacía pocos años después.

La mejor política para asegurar la sostenibilidad de las pensiones es el aumento de la productividad ya que permite que la tasa de dependencia aumente sin menoscabo del nivel de vida de trabajadores y dependientes. Eso se consigue con inversiones. Las políticas de austeridad, que permiten obtener superávits fiscales son causantes de desempleo y subinversión crónica. Si, por ejemplo, para conseguir ese superávit se recorta en educación, sanidad o infraestructuras menoscabamos la capacidad de producción de las generaciones futuras. Pretender que el Estado, o entidades integradas en él como la Tesorería de la Seguridad Social, obtengan un superávit resta atractivo a la inversión ya que deprime el consumo en el presente.

El superávit es por tanto un obstáculo a la mejora de la productividad. ¿Puede tener ocasionalmente utilidad un superávit público? Sí, si todos los agentes quieren ejercer un poder de compra que excede de la capacidad productiva de la economía. En este caso puede ser conveniente drenar capacidad de compra elevando los impuestos o bajando el gasto público. Convendrán conmigo que hoy España está muy lejos de padecer las circunstancias que aconsejarían políticas de austeridad pública.

Una visión conservadora de las finanzas públicas

Tras el concepto de fondo de reserva subyace una visión conservadora de las finanzas públicas cargada de prejuicios morales. La analogía del Estado como hogar que debe equilibrar sus presupuestos en el largo plazo de forma que un déficit presupuestario hoy deberá expiarse mañana con un superávit de la misma manera que una borrachera se paga con una resaca es falaz. En realidad un Estado casi nunca puede sostener un superávit público sin provocar una recesión. El superávit del Estado solo se puede conseguir mermando los ahorros del sector privado o generando un superávit comercial. Lo primero no suele dar resultados felices y lo segundo depende de la voluntad de consumidores extranjeros.

Por tanto la noción de que la Seguridad Social debe mantener un superávit para financiar un fondo de reserva parte de una mala comprensión del papel de la hacienda pública en la macroeconomía. No se engañen. Pretender el equilibrio de las cuentas públicas solo responde a los intereses de determinadas oligarquías. De esta manera se aseguran de que el nivel de actividad económica quede determinado por decisiones que tomen los empresarios y socavan la capacidad del Estado de gestionar el ciclo económico y garantizar el pleno empleo.

Fíjense en que las propuestas de reforma de la Seguridad Social suelen acompañarse de escenarios fiscales apocalípticos, por cierto bastante alineados con la promoción del negocio de los planes de pensiones privados. A la postre las propuestas de reforma de nuestro sistema de pensiones solo sirven para justificar recortes como el que impuso el aumento de la edad de la jubilación a 67 años.

La pregunta que nos deberíamos hacer los ciudadanos es: ¿Qué hacen los progresistas españoles mostrándose más papistas que el Papa y defendiendo políticas fiscales reaccionarias? La izquierda debería felicitarse de que el conservador Rajoy no haya cumplido con los objetivos de déficit. Su crítica a Rajoy debería ser la opuesta: señalar que el gasto público es claramente insuficiente y que la política fiscal es tan conservadora que genera unos elevadísimos niveles de desempleo. Paradójicamente, al picar en el anzuelo conservador, la izquierda está dando soporte a una amenaza real: que la derecha utilice el agotamiento de la “hucha de las pensiones” para engañosamente advertir de la necesidad de recortarlas si queremos que sean “sostenibles”.

Si quieren proponer una reforma progresista de verdad, ¿por qué no defiende la izquierda la desaparición de ese impuesto creador de desempleo llamado cotizaciones a la Seguridad Social? Ese impuesto fue construido sobre la premisa de que son fundamentalmente los trabajadores los que tienen que ser solidarios con nuestros ancianos. Lo único decente y justo es que sea toda la sociedad la que asuma la obligación de mantener a los ancianos y dependientes y por tanto las pensiones deben pagarse desde la Tesorería General del Estado.
_______________

Stuart Medina es economista y MBA por la Darden School de la Unversidad de Virginia.

 
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16 Comentarios
  • VALLESabero VALLESabero 14/12/17 10:32


    Tema muy " espinoso ", personalMENTE, pienso.

    Agradecimientos al autor y a " LuisVERSOlibre ", sic, por traerlo y compartirlo. También a los comentarios de tod@s los foristas.

    Con todo lo leído aquí ( .. y lo que ME aporta sobre este mismo tema, www.asturbulla.org, hoy,.. )" me voy aclarando algo más ".
    #SaludosAlud.

    P.E.

    Enviado SOLAMENTE una vez.

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  • Maca Maca 12/12/17 00:18

    Perdonen que insista, compañeros: ¿Cuándo vamos a ILEGALIZAR AL PARTIDO POPULAR? No olvidemos que, todo lo que pongamos a su disposicción, PARA GESTIONARLO, se lo quedan, y no volvemos a saber nada de esos impuestos que hemos y estamos pagando. Pensar......................Un saludo. Maca

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    • salvafer salvafer 13/12/17 17:53

      Primero fue la sanidad, y ya está lo suficientemente deteriorada para que sea muy difícil recuperar la sanidad pública, no hace tanto de las mejores del mundo.
      Luego vino la educación y la han convertido en confesional engordando la privada (principalmente la religiosa). Solo falta que obliguen a cantar el cara al sol.
      Después la información, absolutamente partidista (tanto la pública como la privada, salva excepciones).
      Luego la reforma social, ¿Dónde quedaron los derechos de los trabajadores ( o debo decir "asalariados" "por cuenta ajena", para que nadie se moleste?).
      ahora que llegan las pensiones.... ¿Quién me va a ayudar, si ya hemos permitido que nos quiten todo?.
      La culpa no la tiene nadie más que los millones de desfavorecidos que le votan. De ahí estos lodos

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  • Luis Aras Luis Aras 11/12/17 23:34

    2.- Creo también que es evidente que las “cotizaciones” son un impuesto más (así se han utilizado) y las prestaciones un gasto pero lo mismo que no hay un impuesto específico para financiar la sanidad o la educación (por citar solo algunos de los elementos de base del Estado de Bienestar), la Administración debe garantizar las pensiones y mantener su poder adquisitivo, al margen de que en etapas de bonanza las cotizaciones sean superiores a las prestaciones o de crisis en que (salarios bajos, reducción de tipos a las empresas, fraude etc.) o, simplemente porque el aumento de pasivos y la esperanza de vida, alargen el cobro de las prestaciones.
    Se trata de gestionar ingresos y gastos eficientemente y por supuesto perseguir el fraude porque este es uno de los problemas más graves que penaliza a los ingresos y a fin de cuentas a los pilares del Estado de Bienestar que en cada etapa histórica consideremos necesarios.

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  • Luis Aras Luis Aras 11/12/17 23:34

    1.- Creo como Ud. que poco a poco y con escasa crítica, el pensamiento neoliberal ha conseguido uno de sus objetivos y es que las pensiones, tiendan a mínimos (por eso las sucesivas regulaciones para rebajar la tasa de reversión-objetivo a medio plazo reducir 20 puntos) y que por encima de mínimos, cada cual de acuerdo con su capacidad de ahorro se las arregle.
    El mensaje de la crisis de las pensiones tiene más de 30 años (no olvidemos que la regulación de los planes privados de pensiones es de la época de Joaquín Almunia como ministro de trabajo - al final de 2016 estos planes acumulaban acumulaban fondos por importe de 115.731 millones de euros gestionados por intermediarios financieros) y que los Pactos de Toledo que entre otro de sus objetivos tenía el de sustraer el debate sobre las pensiones al "gran público" son del año 1995 y, es en estos pactos cuando se empiezan a diferenciar los sistemas de financiación y la creación de reservas porque, hasta entonces, las cotizaciones no generaban "fondo" sino que al igual que otros "impuestos" se destinaban a financiar diferentes partidas del gasto del estado y no solo "prestaciones de pensiones etc.".
    En este sentido, que sucedió con todos los superavit de los ingresos por cotizaciones por encima del gasto en prestaciones, en épocas no tan lejanas en que las tasas de desempleo no eran las actuales y el número de jubilados y sus prestaciones tampoco. ¿Qué fondo de reserva se generó antes del año 2000 que es cuando se crea el actual?

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  • Dver Dver 11/12/17 19:23

    Señor Stuart Medina. Por fin oigo (leo) en una tribuna pública a alguien del ramo de la economía (yo no lo soy ni de lejos) hablando claramente. Es decir, manifestar con palabras precisas y concisas (aunque con conceptos un tanto farragosos quizá para los profanso) lo evidente. "No hay más cera que la que arde". O sea, la sociedad ni dispone ni dispondrá de más bienes que de aquellos que sea capaz de producir. En el reparto está la clave de la cuestión. Usted expresa de maravilla que el dinero prometido a largo plazo no sirve para garantizar el accesoa los bienes necesarios para vivir. Nadie sabe cuál será el valor de cambio de un euro contra patatas, energía, ropa, o vivienda en el futuro. En lo único en lo que podemos confiar es en el reparto necesario y equitativo de lo producido en cada momento. Confiar además en el valor de una moneda prometida a muchos años vista por agentes privados planes de pensiones) es de locos. Ninguna agente privado me garantizrá el día de mañana un poco de arroz y un muslo de pollo para comer cada día, un par de zapatas para caminar, ni un techo para vivir, por hablar de sobrevivencia solamente. Ni siquiera aunque lo firmaran con su sangre me serviría de nada, porque en el caso de que no pueda cumplir lo prometido (ojo, ni siquiiera estos agentes se comprometen a ello, solo se comprometen a devolver un"dinero" según haya ido las cosas. ¿Y que hago yo con ese papel si se ha convertido en algo sin valor de compra?), pues como digo, de poco me serviría reclamar su sangre, si fuera el caso, porque aún en el caso de obtenerla, yo, continuaría sin mi arroz, mi tomate, mi techito, ni mi ropa. Es tan elemental que no entiendo, cómo usted dice, y dice bien, la barahunda que se monta no solo con las pensiones sino con los impuestos, que es al fin y al cabo, la manera de repartir la producción.
    Y aún estando de acuerdo en que todo son apuntes contable y no hay más cerra que la que arde, sí que le encuentro un mérito a pacto de Toledo y es que ha sido una manera de "blindar" (entre comillas) una parte del PIB para destinarlo a pensiones.

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  • esfera esfera 11/12/17 18:59

    El que hace la ley hace "la trampa".
    Me parece que transferir el tema de las PENSIONES, y transformarlo cómo vía IMPOSITIVA ,sin saber en función de qué variantes, "cargándose "el Pacto de Toledo, sería "un suicidio colectivo", sin solución de continuidad al proyecto del Estado de Bienestar.
    Politicas de pleno empleo digno y con representantes políticos preocupados realmente por garantizar a los ciudadanos los derechos fundamentales baluartes de la Justicia y el Estado Democrático y social de Derecho de la Constitución/78 ,reconoce y proclama.
    Saludos.


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  • mirar adelante mirar adelante 11/12/17 13:05

    CONTINUO: Si la paga monetaria de jubilados y asistidos es y vuelve al sistema productivo vía costes es solo con la mejora de productividad, robotización sistemas digitales y demás medios de reducción de costes por APROVISIONAMIENTO a la sociedad de bienes y servicios que la mantengan con menos mano de obra directa y mayor volumen de producto (productividad). Al fin solo somos lo que necesitamos para vivir básicamente.....lo demás capricho y lujo que pague extra impositivamente. Siempre hay unos mas que otros... pero no menos que unos.

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    • salvafer salvafer 11/12/17 17:41

      Si ya es farragosa la exposición que hace el comentarista, llega Ud. con su aclaración al sistema de pensiones (sin duda maravillosa para quien la entienda).
      ¡Menudo ladrillo! (con perdón)

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      • Dver Dver 11/12/17 18:48

        Efectivamente. Un ladrillo lo del amigo "mirar adelante". Es muy claro. Solo tenemos lo que producimos. El sitema de reparto solo puede venir via fiscal (sea directa, indirecta, o por instituciones "ad hoc". Lo importante es que el capital no se lleve la parte del león, es decir más de lo que se necesita para amortizarlo. Del reparto de la producción sale el mantenimiento del estado social, es decir todas esas protecciones que cotidianamente denuncian tantos ciudadanos de que no las tienen. Parados sin ingresos, trabajadores que no llegan a final de mes, pensionistas que no pueden vivir, enfermos sin atención, discapacitados dejados a la mano de dios (mas bien de su familia o de personas caritativas), infraestructuras que faltan o no funcionan, etc. ¿De dónde puede salir eso? Solamente de la producción. Una fiscalidad eficiente y equitativa es la obligación que tienen los gobiernos para atender el Bien Común. Es claro que los gobiernos conservadores reducen la fiscalidad en detrimento del estado social.

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  • mirar adelante mirar adelante 11/12/17 12:56

    Los costes sociales de cuotas van imputados al coste del producto final y al CONSUMIRLOS las personas, trabajadores empresarios, jubilados y pasivos como niños o dependientes, TODO vuelve a recuperar por las empresas que generaron el coste de cuotas. Es un circunferencia que se puede tomar en tomar desde cualquier punto para hacer un recorrido al mismo fin de financiar un sistema de servicio social. DA PARA MAS.

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    • Dver Dver 11/12/17 18:37

      Pero ¿qué preguntas se hacen? Claro que los impuestos son cargas sobre lo producido. Son por así decirlo la parte que se aparta para mantener un estado social. Otra cosa es el diseño del sistema fiscal, su efectividad y su equidad."Rebajar los impuestos no es de izquierdas", como dijo en sentido contrario el célebre Solchaga. Lo que hay que hacer es cobrar mucho más al rendimiento dell capital. En Dinamarca, por ejemplo, entrevistaron a una chica española que trabajaba allí. Según ella, en total, su fiscalidad (igual a la de los daneses) era de más del 60% y aumentaba el porcentaje según aumentaban los ingresos. Ella estaba muy contenta y no quería cambiar para nada el sistema, pues "tenía la seguridadde no quedarse NUNCA desprotejida", según dijo ella (y así es efectivamente). Y cuando hablaba de protección social, hablaba de vivienda digna, sanidad eficiente, enseñanza gratuita, etc. Hay que pensar que tener un estado social es repartir deberes y obligaciones entre todos. Solo puede salir de lo que producimos cada dia. Otra cosa es que parte del pastel se queda el capital y cuánto aporta al Bien Común. Cobrar impuestos equitativos y suficientes para mantener un estado democrático y social no soo "es de izquierdas", o de progresistas, o de las personas que creen en la fraternidad y solidaridad, es que "debe ser" la base de su pensamiento. Sino que se lo digan al padre Ángel o a Observador de Cáritas, que están hasta los mismos de decir que si hacen caridad es porque el estado no cumple su función, y que cada vez se ven más abrumados por la pobreza y desigualdad creciente. Una fiscalidad efectiva y equitativa es indispensable para una sociedad evolucionad y segura.

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  • platanito platanito 11/12/17 07:21

    Dice ud que las cuotas son aportadas mayoritariamente por los trabajadores y yo creo recordar que las empresas ponen más del 30% y los trabajadores alrededor de un 6% . Bien es verdad que la plusvalía de las empresas procede de la sangría al trabajador.///
    Ustedes los economistas siempre quitando el sombrajo al espantapájaros. Ud propugna dejarse de retenciones en nómina y pasarlas al IRPF. Se da cuen, como diría el admirado difunto Chiquito, que las empresas cada vez se escaquean más de ese impuesto y lo gordo recae en las espaldas del trabajador? Al final, como ud dice, todo es puros apuntes contables. Me ha venido a la memoria un slogan sindical : " 200 km de ecuaciones para joder al obrero ".

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    • Dver Dver 11/12/17 18:22

      Es al revés. Sobre el 30% es a "cargo" del empresario y el resto del trabajador. Pero todo eso son conceptos tecnico-jurídico-burocráticos que se pueden revisar en función de la efectividad recaudatoria. La diderencia de momento es que si el empresario debe pagar unas cuotas y no las paga, las "debe". Si el empresario debe recaudar (y recauda de hecho) unas cuotas (la parte del trabajador) y no las ingresa, puede ser una estafa. Se ha quedado con un dieneroteoricamente que no es suyo.
      Pero insisto. Se le puede discutir al sistema su mejor o peor efectividad, pero al final son impuestos sobre lo producido, es decir la parte que se aparta para repartir a los que ya no trabajan (como muy bien explica el articulista). Son impuestos, necesarios para mantener el Bién Común (hay que meterse en la mollera que un estado hay que mantenerlo). Otra cosa muy diferente es cuales son los mecanismos más efcaces para recaudar equitativamente. Es claro que los gobiernos conservadorers quieren menos impuestos, siempre en detrimento del Bien Común, o sea de los ciudadanos y en apoyo al capital.

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    • Abba Lerner Abba Lerner 11/12/17 10:06

      Tiene Vd. razón en que la cuota la paga mayoritariamente el empresario pero no deja de ser un impuesto sobre el trabajo y no sobre los beneficios del empresario que contribuye a crear esas malas prácticas en la contratación de trabajadores. No es el más inteligente de los impuestos, en mi opinión.

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      • Dver Dver 11/12/17 18:12

        El empresario no paga nada, simplmente recauda en nombre del estado (SSGG). Y sí, es un impuesto sobre la producción. ¿Sobre qué sino podemos mantener el Bien Común? Solo sobre lo que se produce. Una sociedad demócratica y social hay que mantenerla y el dinero (concepto raro donde los haya) no cae dell cielo. Otra cosa es si la fiscalidad es eqquitativa.

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