X

Accede a todos los contenidos de infoLibre durante 15 días por 1. | El periodismo tiene un valor

infolibre Periodismo libre e independiente

¿Quiénes somos? Sociedad de Amigos
Buscador de la Hemeroteca

Hazte socio
Iniciar sesión Regístrate
INICIAR SESIÓN
¿Has olvidado
tu contraseña?
Secciones

Regístrate en infoLibre Comenta las noticias y recibe las últimas novedades sobre nosotros.

Gracias por registrarte en infoLibre Si además de comentar noticias quieres hacerte socio, sigue este enlace: Hazte socio
Formulario de Registro
¿Qué es Nombre público?

Es el nombre que se mostrará cuando hagas un comentario en infoLibre.es




Luces Rojas

Machismo y violencia invisible

Publicada 14/02/2018 a las 06:00 Actualizada 22/02/2018 a las 20:39    
Facebook Twitter Mas Redes

Envíalo a un amigo Imprimir Comentarios 7

Hubo un tiempo en España, no muy lejano, en que las mujeres estaban relegadas a las labores de su sexo, privadas de cualquier autonomía jurídica, económica y cultural y condenadas a la obediencia y al sacrificio. Cuando todo eso parecía historia, porque se suponía que la democracia había logrado una mayor igualdad entre hombres y mujeres en la educación, en el trabajo y en la participación política, resulta que en los últimos años han aflorado a la superficie las manifestaciones más extremas de la violencia machista: el maltrato y el asesinato.

Esa violencia deriva de las desiguales relaciones de poder que existen entre hombres y mujeres y sus razones son históricas y culturales. Si no se identifican y no se va a la raíz, es muy probable que las leyes y las posibles, y escasas, soluciones que proponen los partidos políticos, resulten insuficientes.

Las normas culturales que regían y rigen en la sociedad española, muy influidas todavía por la educación católica, han tratado siempre a la violencia familiar como un tema privado y en muchas ocasiones como una cosa normal de la vida. Todos hemos escuchado y leído relatos sobre violaciones matrimoniales justificadas por el derecho conyugal o por el poder legítimo de quienes tienen derecho a hacerlo. Esa violencia aparentemente invisible, que sólo se convierte en noticia cuando hay mujeres muertas, amenaza a la estructura familiar más que el divorcio, el aborto o los matrimonios homosexuales y, sin embargo, ha preocupado bastante menos a muchos políticos y casi nada a la jerarquía de la Iglesia católica.

La violencia machista amenaza a la familia porque las víctimas de esa violencia transmiten sus experiencias negativas a los hijos y a quienes están alrededor. Eso quiere decir que la violencia llamada de género no consiste sólo en el maltrato físico o en el asesinato, sino en todas las formas de violencia que perpetúan el balance desigual de poder entre hombres y mujeres. El Estado puede legislar y tiene la obligación de proteger las vidas y la dignidad de las personas. La administración de justicia, la policía, los fiscales y los jueces tienen que reaccionar apropiadamente frente a la violencia machista. Pero el problema continuará mientras no se combata a la cultura masculina, que acepta la desigualdad entre hombres y mujeres, como fuente del problema, una cultura formada en la  infancia  y en la adolescencia y estimulada por algunos medios de comunicación, que transmiten como una cosa normal los anuncios de pornografía o prostitución.

Las campañas para promover la diversidad, la tolerancia y rechazar la violencia son muy importantes, aunque deben ir acompañadas también de una crítica enérgica a la cultura y lenguaje machistas que difunden series de televisión vistas por millones de espectadores. A las asociaciones de telespectadores que se oponen a ellas se les tacha de moralistas o puritanas y se esgrime la libertad de expresión, y la libertad del espectador de cambiar de canal, para continuar difundiendo imágenes y comentarios basados en el dominio y en la humillación del contrario.

Las medidas que los políticos proponen, que pasan por programas de prevención, poner más policía, juzgados especializados y campañas educativas, son urgentes. Educación, prevención y justicia parecen, en efecto, armas muy necesarias para esa lucha.

Pero poco podrá hacerse mientras la publicidad divulgue imágenes basadas en el dominio del hombre sobre la mujer, y nadie haga nada por impedirlo, y los políticos y la sociedad civil no denuncien, y logren impedir, el lenguaje y las actitudes machistas tan presentes en muchos programas de televisión o en muchas páginas de Internet. La tradición patriarcal perpetuaba antes las relaciones de jerarquía y de poder a través de la educación. Ya no es sólo así, por muy importante que siga siendo la escuela. Los medios audiovisuales, las redes sociales y la tolerancia que muestra una parte importante de la sociedad ante la violencia que transmiten, son ahora sus mejores vehículos.

La representación que muchos medios de información hacen de los asesinos como enfermos o psicópatas nos permite a los demás distanciarnos de la locura de quienes cometen esos crímenes, algo que parece que sólo puede ocurrir en familias trastornadas. En realidad, la mayoría de las manifestaciones de violencia contra las mujeres, física o verbal, a la que estamos tan acostumbrados, forma parte de comportamientos adquiridos y aprendidos.

Y somos los hombres –políticos, padres o educadores– quienes tenemos que comprometernos en ese proceso de cambiar los conceptos culturales en torno a la masculinidad, basados todavía en muchas ocasiones en la violencia, en la agresividad y en otras formas más sutiles de sexismo incorporadas como normales en nuestros comportamientos. Somos una parte muy importante del problema y de la solución, aunque, con nuestra pasividad, sigamos cargando la principal responsabilidad sobre las espaldas de las mujeres.
____________

Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza.

 
Volver a Luces Rojas
 
Correo Electrónico


Hazte socio de infolibre



7 Comentarios
  • TOTOFREDO TOTOFREDO 14/02/18 12:47

    "El maltrato y el asesinato" siempre han estado ahí, aunque se les llamara de otra manera y no se hiciera tanto énfasis, salvo en El Caso....

    El brote de violencia actual, probablemente se deba a que "el macho ibérico" no está acostumbrado que le contradigan, y mucho menos que le pongan en evidencia ante los otros "machos patrios".

    TODOS debemos contribuir en nuestra medida, pero es el Estado el que tiene la obligación de proteger a las víctimas, de forma preventiva incorporando a los planes educativos ésta realidad, y de forma activa apoyando a las víctimas y controlando judicialmente a los potenciales agresores identificados y con orden de alejamiento.

    Responder

    Denunciar comentario

    Ocultar 1 Respuestas

    2

    6

    • Birth 2 Birth 2 14/02/18 13:08

      Los masivos datos estadísticos e históricos (Steven Pinker) nos indican que sobre todo desde la ilustración ha disminuido progresiva y significativamente la violencia en todas sus formas a nivel global. Ahora, entre otros aspectos, la sociedad ha tomado conciencia más aguda sobre la violencia entre género. Se tolera menos, se registra. Hace una generación, quizá, (lo constatamos en estos foros), las mujeres aún se sentían inferiores y actuaban en consecuencia y los hombres aún argumentaban en términos biologistas. Hoy cuando Canadá quiere un pasaporte en que no se indique el sexo. En estos temas hay que tener una visión a medio plazo. Los "brotes" puede que no sean tan significativos respecto a la tendencia general.

      Responder

      Denunciar comentario

      1

      4

  • jorgeplaza jorgeplaza 14/02/18 12:47

    Se olvida el autor de que las razones fundamentales de la organización social, aquí y en todas partes, ahora y siempre, no son culturales sino biológicas. Eso no quiere decir que sean inalterables y eternas, pero sí que hay un fondo muy difícil de cambiar so pena de comprometer la reproducción de la especie. Y como la manera más eficaz de transmitir la cultura es la reproducción biológica (en su mayoría, los musulmanes son hijos de musulmanes; los católicos, de católicos; los hispanoparlantes, de hispano y no de angloparlantes; etc, etc) si uno se olvida de las bases biológicas hasta el punto que lo han hecho las sociedades occidentales del momento (incluyendo a Rusia entre ellas) resulta que se pueden largar los discursos antimachistas que mejor le hagan quedar que, en cien años, no habrá nadie que los reproduzca, los lea o viva de acuerdo con ellos, porque nuestra cultura habrá sido, casi con toda seguridad, reemplazada por otra mucho más machista y mucho más injusta, cierto, pero con una tasa de reproducción --biológica y cultural-- mucho más alta.
    Lo anterior no pretende justificar el maltrato ni la violencia contra las mujeres, que es lo que entenderán los mentecatos de costumbre, sino recordar algo que los historiadores, filósofos, sociólogos, politólogos y demás gente "de letras" tienden peligrosamente a olvidar: la biología. Yo no sé cómo resolverlo, ya me gustaría, pero sí sé enunciarlo porque el dilema está muy claro: o hacemos compatible nuestro aparente progreso social y moral con una tasa de reproducción decentita (digamos de una hija que llegue a edad fértil por mujer) o nos iremos con nuestros discursos, nuestro progresismo y nuestra superioridad moral e intelectual exactamente a ese sitio que están ustedes pensando. Y en un par o tres de generaciones como mucho.

    Responder

    Denunciar comentario

    Ocultar 1 Respuestas

    9

    1

    • vaaserqueno vaaserqueno 06/03/18 01:15

      ¿Y eso que tiene que ver con la igualdad social y legal?

      Responder

      Denunciar comentario

      0

      3

  • Birth 2 Birth 2 14/02/18 12:41

    Coincido con el profesor. Por mi parte creo que se tiene que poner en claro que las instituciones, como las religiosas, (la católica y la musulmana...), infringen en sus organizaciones el princio de igualdad de derechos. Por ello, por no respaldar los principios constitucionales, no deberían de recibir respaldo económico alguno del estado. Financiando y apoyando estas organizaciones se está vendiendo armas al enemigo. Saben que es la infancia a la que tienen que apuntar. Enseñar doctrinas de fé, creencias infalibles, antes que hacer conscientes a la infancia de usar su libertad de pensamiento y su razón, y poner conocimientos en cuestión, no es enseñanaza, sino adoctrinamiento. Es una vergÜenza que la situación se mantenga.

    Responder

    Denunciar comentario

    1

    6

  • M.T M.T 14/02/18 12:21

    Excelente análisis y excelente propuesta basada en la educación y una mayor sensibilidad social ante las desigualdades de poder en una sociedad de raíz y cultura patriarcal. Saludos.

    Responder

    Denunciar comentario

    1

    13

  • Aserejé Aserejé 14/02/18 10:36

    Me encanta este historiador. Da gusto leerlo.

    Responder

    Denunciar comentario

    1

    10

Lo más...
 
Opinión
Oferta anticrisis
 
Sociedad de amigos

Ya puedes ser accionista de infoLibre

Cargando...
Cualquier ciudadana o ciudadano interesado en sostener un periodismo independiente como garantía democrática puede participar en la propiedad de infoLibre a través de la Sociedad de Amigos de infoLibre.