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La guerra de Trump... y la nuestra

Publicada el 18/08/2018 a las 06:00 Actualizada el 17/08/2018 a las 18:59
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Más de trescientos periódicos estadounidenses acordaron dedicar este jueves sus editoriales a denunciar los ataques de Donald Trump contra la prensa, a la que el presidente señala uno y otro día como “fábrica de fake news”. La iniciativa originada en The Boston Globe contó con el apoyo de grandes cabeceras globales como The New York Times y de pequeños periódicos locales, tanto de línea editorial demócrata como republicana, incluyendo algunos que pidieron expresamente el voto para Trump y han venido defendiendo su gestión. El elemento común de esos editoriales ha sido lo que debería considerarse una obviedad: sin libertad de información no hay democracia, y sin una prensa crítica no es real el ejercicio del derecho a la información, que pertenece a la ciudadanía y no a los periodistas.

Debería considerarse una obviedad en Estados Unidos, en España y en cualquier democracia que merezca tal nombre, pero no es tan obvio el asunto cuando asistimos, allí y aquí, a un debate permanente que socava el crédito de la política y del periodismo, y que por tanto debilita la democracia. Sería un error pensar que contemplamos un simple choque entre un iluminado populista en la Casa Blanca y una prensa rigurosa caracterizada por una independencia sin mácula. Trump hace y dice auténticos disparates, pero siempre pensando en sus intereses políticos y empresariales. A primera hora de la mañana ya había utilizado Twitter para responder a los periódicos: “Los medios de noticias falsas son el partido de la oposición. Esto es muy malo para nuestro gran país (…) Pero vamos ganando”.

Es muy pronto para saber quién ganará finalmente esta batalla entre el presidente y una inmensa mayoría de los medios, pero algunas cabeceras tan prestigiosas como la web Político o The Washington Post han preferido no unirse a la iniciativa por considerarla incluso contraproducente, al facilitar la imagen de una especie de “complot” que alimenta la idea de una prensa partidista que actúa contra la presidencia en defensa de sus propios intereses. Lo que el propio Trump utiliza para definir a los periodistas como “enemigos del pueblo”. Y ya se sabe que nada le viene mejor a un caudillo (en democracia o en dictadura) que señalar a presuntos enemigos del pueblo como culpables de todos los males e inventores de todas las infamias.

Es cierto que en este enfrentamiento está en juego la libertad de información como columna clave del edificio democrático, pero sería tramposo considerar que la prensa no tiene responsabilidad alguna en el camino que ha colocado a la sociedad estadounidense en esta situación. En junio pasado, una encuesta del instituto Gallup revelaba que el 62% de la ciudadanía considera que las noticias son partidistas. Otro estudio de una universidad mostraba hace unos días que el 51% de los votantes republicanos cree que los medios son “enemigos de la gente”. En esos mimbres sociológicos se basa Trump para alimentar su guerra contra la prensa.

Y esos datos vienen de lejos. De hecho, en Estados Unidos como en España, la crisis de credibilidad de los medios está en el origen de la profunda crisis económica, publicitaria y de audiencias, que no se puede achacar exclusivamente (ni mucho menos) a la revolución digital. Y la credibilidad se pierde en tres minutos o en tres mañanas, pero recuperarla puede costar tres vidas. Trump chapotea cómodamente en el fango de ese descrédito, porque le permite llevar constantemente el debate no a la argumentación de propuestas sobre una realidad factual indiscutible sino a la confrontación sobre quién es más creíble a la hora de decidir cuáles son los hechos: “La prensa o yo”, "el enemigo del pueblo o el presidente elegido”. Conviene recordar siempre a Hannah Arendt: “La libertad de opinión es una farsa si la información sobre los hechos no está garantizada y si no se aceptan los hechos mismos como objeto del debate”.

Ahí radica a mi juicio parte del descalabro democrático en el que andamos sumidos, también en España. Se empieza por aceptar que existe un nuevo fenómeno necesitado de un nombre y se le denomina posverdad, como si la manipulación de la realidad y la intoxicación masiva no hubieran existido antes. Se empieza por aceptar que existen las fake news, mal traducidas como “noticias falsas”, en lugar de “hechos falseados” o simplemente bulos. Porque si no hubiéramos olvidado las esencias del periodismo, “noticia falsa” sería considerado directamente un oxímoron: si un hecho merece ser noticia debe cumplir en primer lugar la condición de ser cierto, puesto que en caso contrario, o ante la simple duda, no debería adquirir el rango de noticia.

De modo que este choque inédito entre trescientos periódicos y el presidente de Estados Unidos es un síntoma más de estos tiempos gaseosos en los que vamos cediendo terreno a predicadores modernos, artistas de las nuevas tecnologías, periodistas sin escrúpulos y políticos oportunistas que vienen consiguiendo imponer un debate público en el que la realidad se confunde con otras “realidades alternativas”. No importa tanto la verdad factual, contrastada y comprobable, como la verdad sentida. Lo emocional adquiere un peso mayor que lo real. Todo para satisfacción de los poderes que manejan la especulación económica y financiera, siempre encantados mientras los focos del debate político alumbren cualquier objetivo excepto el beneficio disparatado del que ellos disfrutan.

Ocurre en Estados Unidos y en España, en la política y en el periodismo. ¿Acaso desconoce Pablo Casado los datos reales de la inmigración? ¿Acaso no sabe que falta a la verdad (come le ha afeado ACNUR) cuando repite que estamos que asistimos a una “avalancha” de migrantes? No está solo. Abundan los medios y periodistas que jalean esa misma especie, porque así conectan con los miedos, incertidumbres y emociones de millones de votantes, lectores o espectadores. Sin olvidar el desgraciado peso que en nuestra convivencia siguen teniendo los sectarismos. “Preferimos creernos cualquier mentira que concuerde con nuestra opinión a interesarnos por una información veraz que la desmienta”. Lo escribía Emmanuel Carrère en Limónov. Y así es. Con una constancia marmórea.
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55 Comentarios
  • I:OI:OI:O:I I:OI:OI:O:I 20/08/18 16:39

    Durante casi un año no me acerqué por estos lares. La culpa es de Diderot con su frase "engullimos de un sorbo la mentira que nos adula y bebemos gota a gota la verdad que nos amarga". La verdad es que la frasecita da para pensar nada más, oreo año.

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  • I:OI:OI:O:I I:OI:OI:O:I 20/08/18 16:39

    Durante casi un año no me acerqué por estos lares. La culpa es de Diderot con su frase "engullimos de un sorbo la mentira que nos adula y bebemos gota a gota la verdad que nos amarga". La verdad es que la frasecita da para pensar nada más, oreo año.

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  • salvafer salvafer 20/08/18 13:46

    Hace ya màs de un siglo que alguien (creo que Chesterton) decìa algo asì: "El periodismo se creò para dar a conocer la verdad. Ahora se dedica a ocultarla" (por supuesto para defender intereses: tambien lo decia) .
    Imagìnense que cara se le pondrìa si se asomase a la mayorìa de los medios de comunicaciòn actuales. ..

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  • rosalino rosalino 20/08/18 13:42

    La libertad de prensa no existe,en los medios que pertenecen a grupos empresariales y estos,defienden sus intereses.En eso,tiene razón Trump.Los periodistas honestos,que tratan de informar con la verdad,si esta no sintoniza con el interés empresarial del medio,duran menos que un caramelo a la puerta de un colegio.Los que siguen en el medio,unos lo hacen por qué sintonizan con su línea,y otros simplemente,por qué hay comer todos los días.Por eso es un aire de esperanza para la información libre y verás medios como este.Pero si queremos información libre,no nos engañemos,tenemos que financiarla los ciudadanos

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  • Eva Rosario Eva Rosario 20/08/18 07:09

    Excelente artículo. Clarificador. Como señala los periodistas
    Sitas tenemos parte o gran parte de responsabilidad o mejor los directores de medios por no pedir contraste sino obligar a lis prefesionales a ser simples voceros de lo declaran unos y otros si pasar por el filtro del chequeo. Un mundo peligroso. Una realidad q obliga a reforzar medios de común avión públicos como RTVE y sus mecanismos de. Transparencia ,independencia y objetividad. Cuyos profesionales no puedan ser coaccionados y garanticen una opinión pública informada. Felicidades señor Maraña.  

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  • Ataio Ataio 19/08/18 13:23

    Hay, pienso yo, una forma "sutil" o " torpe" ( depende de si se hace con intención o sin la misma) de desinformación-manipulación. Consiste en ( sin necesidad de mentir) poner el foco en otras noticias que en las verdaderamente importantes o trascendentes.
    En concreto me refiero a hablar y hablar de la terrible derecha( por supuesto lo es) y descuidar temas sociales: paro, sueldos, educación, sanidad, corrupción, jubilaciones, feminismo.......etc.
    Algo de esto he percibido en este medio durante el primer mes y medio del mandato socialista. Espero estar equivocado, y si no es así, que todo haya sido pura torpeza.
    Porque si el miedo a los migrantes que la derecha pretende instalar aboca al inmovilismo y busca destruir la solidaridad internacional. El miedo a la derecha aboca igualmente al inmovilismo y destruye la solidaridad nacional.
    PD: insisto, nuestro salvavidas es la unidad de acción de izquierdas y progresistas. Si esta se da, ningún miedo frenará el progreso.

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  • Aserejé Aserejé 19/08/18 12:49

    Gracias Jesus Maraña, me interesa siempre leer tus puntos de vista.

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  • platanito platanito 19/08/18 10:42

    La noticia de Mediapart sobre las aspiraciones del gabacho Valls a la alcaldía de Barcelona se ha presentado sin la opción "comentarios". Más le vale porque le íbamos a poner a caldo y a sugerirle que siga en la oposición del ayuntamiento de Evry donde fue alcalde.

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  • Argaru Argaru 19/08/18 03:24

    Joseph Goebbels, el malvado ministro de propaganda nazi, había hecho suyo y lo llevaba a la práctica con orgullo, EL CALUMNIA, QUE ALGO QUEDA. El actual presidente norteamericano, germano de origen, se ha quedado con la copla y utiliza el espíritu de la frase para volverla a su favor, acusando a los que lo critican de falsarios y, de esta manera, RETORCER la realidad a su favor. Pero, ¿alguien se traga toda esa bazofia, que sale de la boca de Donald Trump? Evidentemente, mucha gente. Esa es la ventaja de dominar muchos medios de comunicación. Y ese es el principal sustento de la DEMOCRACIA FORMAL: los medios de comunicación y de opinión están en manos de los que mueven los hilos y manejan el orden establecido. Nada escapa al TIRÁNICO dominio de estas ÉLITES EXTRACTIVAS que, gracias a su FINO ESTILISMO democrático (por llamarlo de algún modo), son capaces de convencer al más simple de los mortales, que sus propios intereses personales, coinciden plenamente con los intereses de la clase dominante.  Por lo tanto, no es de extrañar, que Trump en Estados Unidos o Pablo Casado, aquí, se permitan decir lo que dicen, sin que se le caiga la cara de vergüenza. Gozan del respaldo de medios de comunicación y pueden decir lo que les venga en gana, porque siempre hay gente que está dispuesta a tragarse lo que le echen, sin anestesia y sin vaselina. Y así nos va al resto.

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    • svara svara 20/08/18 23:35

      Muy de acuerdo. Cada vez hay mas medios de desinformación al servicio del neoliberalismo salvaje. Convencer al resto de que sus intereses son los intereses colectivos. Gran desastre ético y moral para el común de los mortales. 

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    • Aserejé Aserejé 19/08/18 12:40

      Muy bueno tu comentario!

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    • platanito platanito 19/08/18 10:43

      ¡Así de clarito!

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  • I:OI:OI:O:I I:OI:OI:O:I 18/08/18 18:11

    ¿Es posible que el Magnate haya comprado al W. Post? Jeje, no me lo creo, pero en fin esperemos a noviembre a ver qué pasa. Aunque la verdad es que cualquiera puede perder el culo por unos cuantos millones de $. Incluso los más santos (esos los primeros). Jeje.

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