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Desde la casa roja

Violación: de Lucrecia al #Yosítecreo

Publicada el 10/04/2019 a las 06:00 Actualizada el 09/04/2019 a las 18:13
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En los años noventa, una estudiante denunció ante la Guardia Civil que había sufrido una violación regresando a su casa desde clase de música. Nunca creímos la historia del todo. Pero conocíamos todos los detalles de aquella tarde: el lugar exacto, cómo, también el retrato robot que ella había hecho del agresor, por si acaso. Lo comentamos durante años. A veces, regresa a nuestras conversaciones. Sin embargo, ni entonces ni nunca nos acercamos para preguntarle. Dudamos siempre.

¿Por qué?

Recuerdo la cantidad de mensajes que se me han dado desde niña en torno a este delito y cómo me han codificado: por la noche, aún no saco al perro por el camino oscuro, no me meto en callejones sin salida, no invito a mi casa a nadie que luego no pueda quitarme de encima (no llamemos lógica a lo que significa miedo). Mi vida cuando estoy sola gira hacia lugares –escribamos– seguros. He crecido bajo el terror de que algo así pudiera sucederme y he tomado decisiones automáticas, resortes para la supervivencia que evitaran, como si alguna vez hubiera estado en mi mano, la amenaza latente de la agresión sexual. Después, hemos aprendido que no tiene por qué suceder en las calles oscuras. Lo que hemos masticado acerca de esto, el miedo que tuvimos, no era solo el del crimen que se perpetra contra tu cuerpo (no es tampoco lógico que una niña se plantee íntimamente qué cosas puede y debe hacer: patadas, la resistencia, la carrera), lo eran las consecuencias silenciosas y sociales, también familiares, en torno a tu propia identidad, me están hablando mis mayores de mi honra más antigua, algo que se quedaba roto por el camino y que era intangible e irrecuperable y que respondía a un proceso cultural largo y lleno de mitos patriarcales a la hora hacerle frente. Bajo la mesa: la vergüenza. A más vergüenza, más honor y más veracidad de los relatos. Lo hemos visto hace menos de un año en el caso de La Manada.

El 90 por ciento de las víctimas de una violación son mujeres. Y el 90 por ciento de los agresores son hombres. La violencia sexual es un crimen con un fuerte componente de género y tiene repercusión en nuestra vida, en nuestra cultura y en la forma en la que nos relacionamos. ¿Por qué es difícil imaginar a un hombre como víctima de una violación? El discurso en torno a la violación contiene tantos armazones inquebrantables (no solo de género, también la raza y la clase social participan) sobre nuestras propias estructuras que nos cuesta llegar a su fondo a hombres y mujeres. Escribo y siento que no tocaré el hueso en este texto. ¿Qué dirían acerca del mensaje “No es no”? Reviso mi propia construcción a la vez que paso las páginas de un libro, Violación. Aspectos de un crimen, de Lucrecia al #Metoo (Reservoir Books, 2019), de la periodista Mithu M. Sanyal. ¿Bajo qué mitos hemos aprendido a tener miedo? “No es no” nació como eslogan en 1970 y se convirtió en una consigna contra la violación que seguimos utilizando, ¿pero qué tipo de mensaje se esconde debajo de esto? “No es no” es un mensaje condicionado durante siglos a que el hombre es un sujeto activo para el sexo y la mujer es pasiva: el hombre decide y la mujer debe tener la posibilidad de decir sí o no y espera que sea escuchada. Un mensaje que perpetúa los roles que asocian al hombre con una sexualidad a controlar y a dominar, mientras que la sexualidad femenina es una zona amenazada.

Ni siquiera las artes, el cine o la literatura se han visto exentos de las constricciones culturales y el mercantilismo con los que se tratan el sexo y la violencia. Deleznable es la conversación generada en torno a El último tango en París y la escena de la mantequilla, de la que el propio Bertolucci se sintió culpable hasta muchos años después. ¿Creíamos a María Schneider, la actriz de la película que tiene esa escena con Marlon Brando, antes de que el propio director reconociera que buscaba “la reacción de la chica y no de la actriz”, aunque también confesara que no se arrepintió por “razones artísticas”?

Desde el mito del suicidio de Lucrecia para restaurar su honor, la mujer de un noble romano violada tras una apuesta por ser la más honrosa de todas, hasta el #Yosítecreo gritado por decenas de miles de personas en las calles el año pasado, las violaciones siempre han sido el mismo crimen y nunca más deberían sembrar la duda de ser un tipo de relación sexual. Su única prevención es la atención desde el principio tratando a niños y niñas no como dos grupos divergentes y enfrentados, unos a dominar y otras a proteger, sino como iguales.

En España, la agresión sexual ascendió a 1.702 en 2018 (12.109 delitos en total contra la libertad e indemnidad sexual), un 22 por ciento más que en 2017. En nuestras decisiones relacionadas con la sexualidad mandamos nosotros, otra cosa es trabajar como sociedad para desterrar un crimen y hacerlo desde la equidad y la igualdad de género, el equilibrio o la profundización en el significado de consentimiento, el respeto y la comunicación no violenta. Son cosas muy diferentes. Esperemos que ninguna política aparte ni la ley ni la educación de este camino. Seríamos cómplices y responsables.
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17 Comentarios
  • cagliostro cagliostro 14/04/19 11:42

    imprescindible la educación desde la infancia,pero reforzada con largas penas de cárcel.

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  • eldeantes eldeantes 10/04/19 15:26

    Gracias por el artículo, Aroa.
    He podido entrever las secuelas de la violación en un libro leído recientemente:

    "Me violaron a los seis años.
    Me ingresaron en un psiquiátrico.
    Fui drogadicto y alcohólico.
    Me intenté suicidar cinco veces.
    Perdí la custodia de mi hijo.


    Pero no voy a hablar de eso.
    Voy a hablar de música.
    Porque Bach me salvo la vida.
    Y yo amo la vida "


    James Rhodes


    También, he tenido la oportunidad de ver un posible tratamiento a un trauma de este calibre, para minimizar sus consecuencias.
    Fue en una entrevista ( youtube) de F. Sánchez Dragó a Alejandro Jodorowsky. Con un caso real, y en vivo, de una chica maltratada de pequeña por su maestra.
    Siempre hay salida. Siempre hay soluciones. Estoy convencido.

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  • Valldigna Valldigna 10/04/19 13:05

    Valldigna.Completamente de acuerdo con tu artículo.A mi entender hay que educar a las niñas desde pequeñas que ellas mandan de su cuerpo y de su sexsualdad.No son bueñas de nadie.Este mensaje se empieza en casa por parte de sus padres y después en la escuela y en la sociedad.Por eso las mujeres en edad  de votar han de ser conscientes del pelígro que les puesen venir.

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    • estovamal estovamal 10/04/19 13:19

      Yo también estoy completamente de acuerdo con el escrito de Aroa, pero ¿no cree usted que también habría que educar a "los niños" desde pequeños, ene la familia y en la escuela con esos mismos criterios?

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  • paco arbillaga paco arbillaga 10/04/19 08:14


    «Su única prevención es la atención desde el principio tratando a niños y niñas no como dos grupos divergentes y enfrentados, unos a dominar y otras a proteger, SINO COMO IGUALES.» Esa sería la «medicina» ideal para arreglar ese vergonzante problema de machismo que relata Aroa, al igual que tantos problemas de desigualdad que hay en la sociedad.

    Mientras siga el empecinamiento de tanto macho a creerse con derecho a satisfacer sus impulsos sexuales con quien le apetezca no solo con la violencia de la fuerza, sino también con la del poder, sea este económico o eclesiástico, habrá que estar denunciando continuamente la violencia machista y a quienes la «comprenden». Osasuna.

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  • jorgeplaza jorgeplaza 10/04/19 07:13

    Una joven estudiante abandona una discoteca a las cuatro de la madrugada subida alegremente en un descapotable con un tipo al que conocía y que la magrea ostensiblemente a la vista de numerosos testigos. Al día siguiente, la chica denuncia que el tipo la invitó a subir a su casa y ella aceptó sin pensar que la iba a violar, que es lo que declara a la policía que ocurrió. Los forenses hallan semen donde cabía esperar, pero ninguna señal de violencia.

    Una limpiadora que sale a diario de su casa a las seis de la mañana y atraviesa un descampado para llegar antes a la parada del autobús y al trabajo, denuncia que un tipo la ha violado en ese descampado esa misma mañana amenazándola con una navaja que el individuo aún lleva cuando la policía lo detiene. El tipo tiene antecedentes penales, aunque no por violación. Los forenses encuentran el semen del individuo donde cabía esperar y algún arañazo de poca importancia, causado sin duda por la limpiadora, en la cara y el cuello del denunciado.

    No son historias del todo inventadas, sino adaptaciones de historias reales que creo haber leído. No es lógicamente imposible que la primera historia corresponda a una violación real y la segunda, no. De hecho, con las pruebas disponibles no es imposible ninguna de las cuatro posibilidades: ninguna violación, dos violaciones, primera sí, segunda no y al revés.

    Según la autora, ¿a quién hemos de creer y por qué? ¿Hemos realmente de creer a alguien? ¿Tenemos que aplicar la "doctrina Calvo" o la algo más prestigiosa --hasta hace poco, al menos-- presunción de inocencia en caso de falta de pruebas contundentes? ¿O una a cada caso? ¿Cuál a qué caso?

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    • GRINGO GRINGO 10/04/19 09:47

      "Subida alegremente en un descapotable, y la magrea ???....", no hay duda, hay consentimiento, y si no que no vaya alegremente y se deje magrear, porque ella no magrea, no ??.

      Vaya relatos pajilleros.....

      Como bien que contesta Atea un poquito más abajo, "nadie se echa un polvo y va luego a comisaría a pasar el rato...".

      Todos tenemos derecho a cambiar de opinión, incluso él, pero en ésa situación la débil es ella.

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    • Atea Atea 10/04/19 09:11

      En un 99,9% de los casos si la chica denuncia es porque ha sido violada, cree usted que alguien que echa un polvo después de una fiesta o en un descampado con quien le apetece va luego a la policía como entretenimiento? Cuando la relación es consentida lo normal es una ducha e intercambio de teléfonos, no ir a denunciar. Aun así siempre hay una investigación, no le tapan la boca la tío y lo echan a un pozo con el cartel de culpable sin más.
      Para los obsesionados con temor a ser denunciados por brujas aburridas ya sabe, hay microcámaras que se instalan en la punta de los desprotegidos falos y en caso de duda ahí queda todo grabado. Me han dicho que no duele demasiado.

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      • jorgeplaza jorgeplaza 10/04/19 10:32

        ¡Queo, queo, que ha llegado la que lo entiende!

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        • Atea Atea 10/04/19 13:21

          Tres cámaras al precio de dos, así tiene para toda la familia, las venden en el worten.
          Y deje de preocuparse por el resto de los hombres, la mayoría no se hace esas preguntas ni tiene esos "miedos ".

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          • jorgeplaza jorgeplaza 10/04/19 14:19

            La mayoría de hombres (y mujeres) ha votado al PP durante muchos años: no me impresiona nada el argumento de las mayorías.

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    • Acratador Acratador 10/04/19 08:30

      Uf. Vaya cuestiones. Por seguir con las cuestiones ¿y si fuera tu hijo/hija/hermano/hermana? Si el agresor (siempre es un agresor, que casualidad) es hijo o hermano de alguien ¿también será creído por los suyos? ¿O solo defendido por la parte que les pudiera tocar?. 4 agresiones sexuales diarias: que se sepan, cuantas más que no salen a la luz y ¿seguimos dudando? Así nos va.

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      • jorgeplaza jorgeplaza 10/04/19 08:54

        ¿Qué más da quién sea? Los delitos se demuestran (o así era hasta ahora) mediante pruebas objetivas. Y no se puede (o no se podía hasta ahora) ser juez y parte.
        Como decía la canción, "Demasiado corazón". Y poca cabeza.

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    • paco arbillaga paco arbillaga 10/04/19 08:13


      jorgeplaza: Preguntas ¿a quién hemos de creer? En ese caso a ti no te creo; le creo a Aroa. Osasuna.

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      • jorgeplaza jorgeplaza 10/04/19 08:56

        ¿Qué es lo que no crees, fenómeno? Porque yo no afirmo nada en mi comentario: sólo hago preguntas. ¿Se puede no creer una pregunta?

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        • paco arbillaga paco arbillaga 10/04/19 09:35


          ¿Se puede no creer una pregunta? Depende de cuál sea la pregunta, portento.

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          • jorgeplaza jorgeplaza 10/04/19 10:31

            Discrepo, lumbrera: una pregunta se entiende o no, se responde o no, pero no tiene sentido decir que se cree o no se cree. ¿Te imaginas al presentador de un concurso preguntándole al concursante "¿CREE usted la pregunta?"?

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