x

Nos gustaría enviarte notificaciones de las últimas noticias y novedades

PERMITIR
NO, GRACIAS
X

Accede a todos los contenidos de infoLibre durante 15 días por 1. | El periodismo tiene un valor

infolibre Periodismo libre e independiente

¿Quiénes somos? Sociedad de Amigos
Buscador de la Hemeroteca

Hazte socio
Iniciar sesion con Google Iniciar sesión Regístrate
INICIAR SESIÓN
¿Has olvidado
tu contraseña?
Secciones

Regístrate en infoLibre Comenta las noticias y recibe las últimas novedades sobre nosotros.

Gracias por registrarte en infoLibre Si además de comentar noticias quieres hacerte socio, sigue este enlace: Hazte socio
Formulario de Registro
¿Qué es Nombre público?

Es el nombre que se mostrará cuando hagas un comentario en infoLibre.es




La historia rima

Versalles, cien años después

Publicada el 27/06/2019 a las 06:00 Actualizada el 26/06/2019 a las 21:12
Facebook Whatsapp Whatsapp Telegram Mas Redes

Envíalo a un amigo Imprimir Comentarios

El tratado de Versalles se firmó el 28 de junio de 1919, justamente cinco años después de que un joven nacionalista serbio, Gravilo Princip, hubiera asesinado al archiduque Francisco Fernando y a su esposa Sofía Chotek en Sarajevo. La guerra que siguió, larga y con una escala de víctimas y violencia sin precedentes, ideada para garantizar la sobrevivencia y continuidad de los imperios alemán y austro-húngaro, acabó con su estrepitosa derrota y desaparición. Por el camino se llevó al imperio ruso y provocó también la conquista bolchevique del poder, el cambio revolucionario más súbito y amenazante que conoció la historia del siglo XX.

En resumen, el tratado declaró, con el Artículo 231, la responsabilidad de “Alemania y sus aliados” por el estallido de la Primera Guerra Mundial y, en consecuencia, desarrolló diversas cláusulas sobre ajustes territoriales, desmilitarización y compensaciones económicas –fijadas en 1921 en 136.000 millones de marcos de oro– a las potencias vencedoras.

¿Fue justo ese tratado? Pronto surgieron dos interpretaciones opuestas: quienes consideraban que el acuerdo había contribuido al surgimiento del fenómeno destructor del nazismo y quienes trataban de mostrar que el trato recibido por Alemania no fue excesivamente severo comparado con el daño que había causado y lo que habría hecho si hubiera ganado la guerra.

Entre los primeros, el economista británico John Maynard Keynes, en su famosa publicación de 1920 The Economic Consequences of the Peace, predijo que los acuerdos del tratado de paz desestabilizarían las economías europeas y del mundo, provocando una gran crisis financiera. Desde la perspectiva francesa, la recuperación de Alsacia y Lorena –ocupadas por Alemania al final de la guerra franco-prusiana en 1871– podía entusiasmar a políticos nacionalistas y servir de causa patriótica para las conmemoraciones de la victoria, pero no reparaba las muertes de cerca de un millón y medio de franceses en la Primera Guerra Mundial.

Durante un tiempo, sobre todo en los años inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial, analistas e historiadores echaron la culpa de todos esos males, y del estallido de esa guerra en septiembre de 1939, a la fragilidad de la paz sellada en Versalles y a los dirigentes de las democracias que intentaron “apaciguar” a Hitler, en vez de parar su insaciable apetito.

El problema empezaba en Alemania, donde amplios e importantes sectores de la población no aceptaron la derrota ni el tratado de paz que la sancionó, creyéndose el mito de la “puñalada por la espalda”, de que el Ejército no había sido derrotado en realidad sino traicionado por los políticos, y continuaba en otros países como Polonia o Checoslovaquia, que albergaban millones de hablantes de alemán que, con la desintegración del Imperio Habsburgo, habían perdido poder político y económico. Como les recordaban los grupos ultranacionalistas que los movilizaban para conseguir la revisión territorial mediante la negociación o por la fuerza, ahora eran minorías en nuevos Estados dominados por grupos o razas inferiores.

Francia fue la única potencia victoriosa que trató de contener a Alemania en el marco de la paz de Versalles y de asegurar que las restantes potencias vencedoras aprobaran esa política. Pero ninguna de ellas estaba por la labor. Estados Unidos rechazó esos acuerdos y cualquier tipo de compromiso político con las luchas por el poder en Europa. Italia, sobre todo después de la llegada al poder de Mussolini y los fascistas, quería cambiar también esos acuerdos que no le habían otorgado colonias en África, y marcaba su propia agenda de expansión en el Mediterráneo. La Rusia bolchevique, consolidada tras la guerra civil contra el ejército Blanco, estaba deshecha económicamente y era poco fiable como aliado político, entre otras cosas porque compartía con Alemania un notable interés sobre el destino de los nuevos países del este de Europa.

En cuanto a Gran Bretaña, su interés primordial no estaba en el continente sino en el fortalecimiento de su vasto imperio colonial y en la recuperación del comercio. Francia, por lo tanto, trabajaba para que Alemania cumpliera con los términos del tratado y Gran Bretaña buscaba la conciliación y la revisión de lo que consideraba un acuerdo demasiado injusto para los países vencidos. Esa diferente posición dejó a Gran Bretaña y Francia en constante disputa y a Alemania dispuesta a sacar partido de la división.

Francia y Gran Bretaña gastaron más del doble en ganar la guerra que sus oponentes en perderla y básicamente financiaron ese coste a través de préstamos de inversores estadounidenses. Para afrontar esa enorme deuda, los gobiernos franceses y británicos consumían más de un tercio de sus presupuestos y sus economías se hicieron cada vez más dependientes de Estados Unidos, un proceso que ya había comenzado en plena guerra y que consolidó a este país como la principal potencia económica del mundo.

Pese a todas esas dificultades, a las tensiones sociales y a las divisiones ideológicas, el orden internacional creado por la paz de Versalles sobrevivió una década sin serios incidentes. Todo cambió, sin embargo, con la crisis económica de 1929, el surgimiento de la Unión Soviética como un poder militar e industrial bajo Iósif Stalin y la designación de Adolf Hitler como canciller alemán en enero de 1933. La incapacidad del orden capitalista liberal para evitar el desastre económico hizo crecer el extremismo político, el nacionalismo violento y la hostilidad al sistema parlamentario. Alemania, Japón e Italia compartían ese rechazo de la democracia liberal y del comunismo y ambicionaban un nuevo orden internacional que pusiera el mundo a sus pies.

Cuando se analizan todos esos hechos a la luz de la historia social y cultural, y no sólo desde el punto de vista político y diplomático, es fácil concluir que ningún documento en forma de tratado podía cerrar o evitar las consecuencias catastróficas que la Gran Guerra abrió en 1914. Puede ser que ese conflicto comenzara por las decisiones erróneas de un pequeño grupo de la élite política y militar, pero, al convertirse en una guerra de masas, de millones de personas movilizadas, desató fuerzas imprevistas y transformó las sociedades europeas de forma inimaginable. Era muy improbable que los “buenos tiempos” volvieran fácilmente y que el reloj de la historia se detuviera con las elites de regreso a sus posiciones de privilegio.

En la mañana del 1 de septiembre de 1939 el ejército alemán invadió Polonia y el 3 de septiembre Gran Bretaña y Francia declaraban la guerra a Alemania. Veinte años después de la firma de los tratados de paz que dieron por concluida la Primera Guerra Mundial comenzó otra guerra destinada a resolver todas las tensiones que el comunismo, los fascismos y las democracias habían generado en los años anteriores. El estallido de la guerra en 1939 puso fin a esa “crisis de veinte años” e hizo realidad los peores augurios. En 1941, la guerra europea se convirtió en mundial con la invasión alemana de Rusia y el ataque japonés a la armada estadounidense en Pearl Harbor. El catálogo de destrucción humana que resultó de ese largo conflicto de seis años nunca se había visto en la historia.

Cuando las potencias ganadoras en 1945 se juntaron en Potsdam al final de la Segunda Guerra Mundial mostraron su total disposición a rechazar el Tratado de Versalles como modelo. Las decisiones allí alcanzadas estuvieron muy influidas por la memoria y el deseo de evitar los errores de sus predecesores una generación antes. El conocimiento de la historia sirve en momentos críticos como lección y aviso para saber qué hacer o no. Las enseñanzas de todo aquello trajeron a Europa décadas de integración e incentivos para evitar el conflicto. Pero la historia nunca es una calle de un solo sentido, y algunos de los ecos de aquellos tiempos de odios suenan en el presente. Cien años después.
________________
 
Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza e investigador en el Institute for Advanced Study de Princeton.
Ha sido profesor visitante en prestigiosas universidades europeas, estadounidenses y latinoamericanas. 
Sus últimos libros son Europa contra Europa, 1914-1945; España partida en dos. Breve historia de la guerra civil española (con edición en inglés, turco y árabe); y La venganza de los siervos. Rusia, 1917.
Más contenidos sobre este tema




Hazte socio de infolibre

8 Comentarios
  • fotovoltaico fotovoltaico 28/06/19 22:46

    Al principio de entrar en la comunidad Europea ,yo mismo tenia duda del beneficio que ivamos a tener los españoles al entrar en Europa,recuerdo diez años despues estando un grupo de ERASMO en Cadiz en un bar de un amigo,yo mismo dije vamos a brindar por EUROPA ,ME MIRARON CON UNA CARA ESOS JOVENES ,QUE ME QUEDE PERPLEJO.Despues de mas tiempos creo que ha sido interesante en muchas cosas ,por ejemplo en la justicia Europea que le ha metido miles de goles a la justicia Española,la ley de proteccion al desahucio,la ley del suelo,el impuesto al sol,etc,etc,lo veo muy distinto,si deberiamos de hacer mas realidad la union de todos y no apoyar los intereses de algunos estados a niveles economicos ,como a pasado,en el caso de la burbuja economica y la obsecion del deficit.Me considero mas EUROPEO en estos momentos,me da pena Inglaterra que se creen algunos politicos que les va ir mejor.Lo dudo ,porque la union nos hace ser mas fuerte.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    0

  • Aserejé Aserejé 28/06/19 11:09

    Esrupendo articulo, profesor. A ver si todos los politicos de todas las naciones tienen en cuenta su ultimo parrafo: Algunos de los ecos de aquellos tiempos de odios suenan en el presente. Cien años después.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    2

  • Hammurabi Hammurabi 28/06/19 03:01

    Una lectura interesante.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    0

  • jorgeplaza jorgeplaza 27/06/19 23:57

    Buen artículo sobre un tema de mucho interés, más aún en los tiempos que corren.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    1

  • Luis Fernando Luis Fernando 27/06/19 13:25

    ¡Menudos sinvergüenzas esos generales, Hindenburg y Ludendorff, artífices de la guerra y de la derrota de Alemania!
    Nunca aceptaron el hecho objetivo de la derrota de Alemania ni su personal responsabilidad. Por el contrario, crearon la leyenda de la "puñalada por la espalda" de la izquierda alemana, endosaron los frutos de la derrota al nuevo gobierno democrático y coadyuvaron en la creación de los freikorps.



    Saludos.

    Responder

    Denunciar comentario

    1

    4

  • Grever Grever 27/06/19 11:13

    Gracias. Es un placer leerle.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    5

  • Sorcière Sorcière 27/06/19 10:46

    Una gran lección de Historia,  profesor. 
    Ni élites,  ni políticos ni votantes estamos a la altura de la situación.  La historia no nos ha enseñado nada.  Somos necios y somos marionetas de otros,  infinitamente más  necios y obtusos. 

    Responder

    Denunciar comentario

    2

    5

  • subeChico subeChico 27/06/19 07:09

    Y la Alemania Merkelina ha vuelto a ser por tercera vez un imperio central con protectorados a su alrededor. ¿Quién le volverá a poner el cascabel al gato por tercera vez? Serán los chinos postMao? O el bestia de Trump por medio de una NATO desnortada?

    Responder

    Denunciar comentario

    1

    4

 
Opinión
Oferta anticrisis
 
Sociedad de amigos

Ya puedes ser accionista de infoLibre

Cargando...
Cualquier ciudadana o ciudadano interesado en sostener un periodismo independiente como garantía democrática puede participar en la propiedad de infoLibre a través de la Sociedad de Amigos de infoLibre.