TAXI SOLIDARIO
“La carrera más bonita del año”: el gremio del taxi se vuelca con los más necesitados con TaxiLuz
Justo y Ramón, pese a vivir en la misma residencia, no se conocían antes de subir al taxi. Justo tiene 98 años y entró hace doce a la residencia Amavir en Puente de Vallecas (Madrid) después de caerse cogiendo el autobús al lado de su casa. Ramón tiene 84 e ingresó hace apenas una semana para, según él, “dejar de ser una carga”. Personas con vidas muy distintas, aunque para ambos, el pasado mes de diciembre, se quedará grabado como algo especial.
TaxiLuz es una asociación sin ánimo de lucro que se encarga de organizar iniciativas solidarias como esta representando al gremio del taxi. Aprovechando las fechas navideñas, más de 200 taxis salieron a las calles de Madrid para llevar a ver las luces a unos pasajeros muy especiales: mayores de distintas residencias y niños de la planta de oncología del Hospital Niño Jesús, en lo que los taxistas consideran “la mejor carrera del año”.
Esta iniciativa solidaria lleva ya nueve años en marcha. Taxistas de toda España se ofrecen voluntariamente para recorrer el centro de sus ciudades durante una tarde, para hacer que ancianos y niños en situaciones vulnerables pasen una tarde fuera del común tedio de las salas de hospital y los médicos.
El taxi de Ignacio llegó sobre las 16:00 a las puertas de la residencia Amavir. Ahí, junto a un grupo de unos quince taxistas, se pusieron a decorar su vehículo con todo lujo de adornos. Guirnaldas, luces led, pegatinas, espumillón, muñecos, todo preparado con suma paciencia y cariño. Incluso algunos llevaban ya toda la mañana preparando su coche para la ocasión. Media hora más tarde, los ancianos de la residencia esperaban en la puerta a ser recogidos y montados. Justo y Ramón se subieron en su taxi. Para Justo esta es la tercera vez que se montaba para ver las luces, aunque reconoce que es como la primera porque ya no se acuerda de las anteriores.
Mayte Tejedor, una de las organizadoras más activas y con más experiencia de TaxiLuz, cuenta a infoLibre que ahora es muy diferente de cuando todo comenzó. “Este es el noveno año que lo hacemos. Aún recuerdo el primero, eran unos quince taxis apenas y era muy distinto. Este año hemos sido unos doscientos taxis y la ilusión sigue siendo la misma”.
Este año, el TaxiLuz de Madrid ha colaborado con nueve residencias de mayores y con el Hospital Niño Jesús. En total, han sido unas 700 personas (entre niños y ancianos) las que han participado en esta iniciativa.
La actividad no se improvisa. Comienza a prepararse unos seis meses antes. “Nosotros empezamos en septiembre a organizar esto y como sabes la experiencia es un grado”, explica Tejedor. “Somos unas cuantas mujeres las que marcamos las directrices: Laura, Noelia, Argentina y Mariluz Frías, juntas colaboramos con asociaciones como Afade, hablamos con las residencias, con los hospitales… Al final es algo a lo que dedicamos mucho de nuestro tiempo, pero lo hacemos siempre de buen grado porque al final lo que hacemos es muy bonito e importante para muchas personas”, concluye.
Eran aproximadamente las 17:00 cuando el taxi de Ignacio llegó a la calle Paseo de Camoens, donde aguardaban en cola los doscientos taxis que participaban. Esperaban a que les dieran el “ok” para ponerse en ruta. Fue allí donde nos encontramos con Raúl, un taxista que lleva colaborando desde el principio con TaxiLuz y que recuerda la importancia que tiene esta carrera: “Hay muchos abuelos y niños que esta es la primera vez que salen del hospital o de la residencia en todo el año”. Jesús, otro taxista que lleva más de veinte años en el gremio y que cuenta lo bonito que le parecen las relaciones que se llegan a establecer en un trayecto de aproximadamente dos horas, comenta con infoLibre: “Ellos nos cuentan sus historias, nosotros les contamos las nuestras, nos hablan de su vida en la residencia, de lo que les gusta, de su familia, es algo que puede parecer corto pero al final es muy intenso y acaba siendo emocionante”.
Justo y Ramón comenzaron a hablar. Se preguntaban qué les gustaba hacer en la residencia, cuando descubrieron un hobby en común: los juegos de cartas. Ramón, al llevar solo una semana en la residencia, no tenía con quien jugar y Justo, un veterano con más de una década allí, tenía varios grupos. Justo le dijo a Ramón que podía ir con él cuando quisiera y que podría presentarle a gente para pasar el rato y echar un Cinquillo, un Mus o una Cuatrola.
El taxi de Ignacio arrancó de nuevo a eso de las 18:00 h. Subió por la calle Princesa hasta Gran Vía, llegó a la Puerta de Alcalá mientras Justo y Ramón iban adivinando calles y contando sus pequeñas historias de juventud. Calle Velázquez, Goya, Serrano, hasta volver a la calle Alcalá para acabar el recorrido en el hotel Four Seasons. Al llegar, una multitud recibía a los coches, saludaban a niños y abuelos, entregaban regalos y felicitaban a los taxistas. El regalo fue una riñonera y un jabón casero, pero también había juguetes para los más pequeños.
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La gente de la calle paraba y preguntaba “qué es esto”, ante los sonidos de los cláxones de los taxis que se escuchaban como una marcha sinfónica por el centro de la ciudad. Los conductores explicaban que era una iniciativa solidaria del sector del taxi, que no recibían ni compensación económica ni la querían, pero que igual sí que les vendría bien algo de ayuda por parte del Ayuntamiento, que esto corría completamente de su cuenta y que no les importaba, pero que estaba claro que “el sector del taxi es el que está ahí cuando la gente de verdad lo necesita”, comentó Ignacio, que llevaba a Justo y Ramón.
Lo que sucede esta noche no es la única iniciativa solidaria de la asociación. Durante la pandemia, realizaron un banco de alimentos para taxistas necesitados (tuvieron que dejar de trabajar) en el que repartieron más de 9 toneladas de comida. Cuando la dana azotó Valencia, organizaron colectas y se coordinaron para enviar ayuda. También lo hicieron con los terremotos en Turquía y con los refugiados por la Guerra de Ucrania. “Esto es algo más que una tarde al año” comenta Tejedor, para quien TaxiLuz significa “el corazón del taxi”.
A las 21:00 horas de esa jornada, el taxi de Ignacio volvió a la residencia Amavir para dejar a Justo y Ramón. Estaban cansados, pero muy emocionados. Al bajar, no paraban de dar las gracias a Ignacio y decirle que querían volver a ir con él el año que viene. Al día siguiente, Ramón le contaría la tarde a su esposa y Justo volvería a jugar a las cartas, quién sabe si esta vez con un nuevo compañero.