x

Nos gustaría enviarte notificaciones de las últimas noticias y novedades

PERMITIR
NO, GRACIAS
X

Accede a todos los contenidos de infoLibre durante 15 días por 1. | El periodismo tiene un valor

infolibre Periodismo libre e independiente

¿Quiénes somos? Sociedad de Amigos
Buscador de la Hemeroteca

Hazte socio
Iniciar sesion con Google Iniciar sesión Regístrate
INICIAR SESIÓN
¿Has olvidado
tu contraseña?
Secciones

Regístrate en infoLibre Comenta las noticias y recibe las últimas novedades sobre nosotros.

Gracias por registrarte en infoLibre Si además de comentar noticias quieres hacerte socio, sigue este enlace: Hazte socio
Formulario de Registro
¿Qué es Nombre público?

Es el nombre que se mostrará cuando hagas un comentario en infoLibre.es




La historia rima

El camino a la guerra total

Publicada el 30/08/2019 a las 06:00 Actualizada el 29/08/2019 a las 21:31
Facebook Whatsapp Whatsapp Telegram Mas Redes

Envíalo a un amigo Imprimir Comentarios

En la mañana del 1 de septiembre de 1939, hace ahora ochenta años, el ejército alemán invadió Polonia y el 3 de septiembre Gran Bretaña y Francia declararon la guerra a Alemania. Veinte años después de la firma de los tratados de paz que dieron por concluida la Primera Guerra Mundial, comenzó otra guerra destinada a resolver todas las tensiones que el comunismo, los fascismos y las democracias habían generado en los años anteriores. En 1941, la guerra europea se convirtió en mundial con la invasión alemana de Rusia y el ataque japonés a la armada estadounidense en Pearl Harbor. El catálogo de destrucción humana que resultó de ese largo conflicto de seis años nunca se había visto en la historia.

Aunque algunas explicaciones sobre sus causas se centran exclusivamente en Hitler y en la Alemania nazi, en el período que transcurrió entre 1933 y 1939, para obtener una fotografía completa debe rastrearse en los trastornos producidos por la Primera Guerra Mundial. Al final de esa contienda, el mapa político de Europa sufrió una profunda transformación, con el derrumbe de algunos de los grandes imperios y el surgimiento de nuevos países. De esa guerra salieron también el comunismo y el fascismo, las dos nuevas ideologías que se enfrentaron con brutales resultados en la Segunda Guerra Mundial. Al tiempo que pasó entre el final de esa primera guerra y el comienzo de la segunda lo llamamos período de entreguerras, como si la paz hubiera sido la norma, pero en realidad en esa “crisis de veinte años” hubo abundante violencia paramilitar, algunas guerras pequeñas entre Estados europeos, revoluciones y contrarrevoluciones muy violentas y varias guerras civiles.

La caída de los viejos imperios continentales fue seguida de la creación de media docena de nuevos Estados en el centro y este de Europa, basados supuestamente en los principios de la nacionalidad, pero con el problema heredado e irresuelto de minorías nacionales dentro y fuera de sus fronteras. Todos ellos, salvo Checoslovaquia, se enfrentaron a grandes dificultades para encontrar una alternativa estable al derrumbe de ese orden social representado por las monarquías. Esa construcción de nuevos Estados llegó además en un momento de amenaza revolucionaria y disturbios sociales.

La toma del poder por los bolcheviques en Rusia en octubre de 1917 tuvo, en efecto, importantes repercusiones en el resto de Europa. En 1918 hubo revoluciones abortadas en Austria y Alemania, a las que siguieron varios intentos de insurrecciones obreras. Un antiguo socialdemócrata, Béla Kun, estableció durante unos meses de 1919 una República soviética en Hungría, echada abajo por los terratenientes y por el ejercito rumano. Italia, en esos dos primeros años de posguerra, presenció numerosas ocupaciones de tierras y de fábricas. Esa oleada de revueltas e insurrecciones acabó en todos los casos en derrota, aplastadas por las fuerzas del orden, pero asustó a la burguesía y contribuyó a generar un potente sentimiento contrarrevolucionario que movilizó a las clases conservadoras en defensa de la propiedad, el orden y la religión.

El movimiento contrarrevolucionario, antiliberal y antisocialista se manifestó muy pronto en Italia, durante la profunda crisis posbélica que sacudió a ese país entre 1919 y 1922, se consolidó a través de dictaduras derechistas y militares en varios países europeos y culminó con la subida al poder de Hitler en Alemania en 1933. Los datos que muestran el retroceso democrático y el camino hacia la dictadura resultan concluyentes. En 1920, todos los Estados europeos, excepto dos, la Rusia bolchevique y la Hungría del dictador derechista Horthy, podían definirse como democracias o sistemas parlamentarios restringidos. A comienzos de 1939, más de la mitad, incluida España, habían sucumbido ante dictaduras con poderes absolutos.

Pese a todas esas dificultades, a las tensiones sociales y a las divisiones ideológicas, el orden internacional creado por la paz de Versalles sobrevivió una década sin serios incidentes. Todo cambió, sin embargo, con la crisis económica de 1929, el surgimiento de la Unión Soviética como un poder militar e industrial bajo Stalin y la designación de Hitler como canciller alemán en enero de 1933. La incapacidad del orden capitalista liberal para evitar el desastre económico hizo crecer el extremismo político, el nacionalismo violento y la hostilidad al sistema parlamentario. Alemania, Japón e Italia compartían ese rechazo de la democracia liberal y del comunismo y ambicionaban un nuevo orden internacional que pusiera el mundo a sus pies.

Las políticas de rearme emprendidas por los principales países europeos desde comienzos de esa década crearon un clima de incertidumbre y crisis que redujo la seguridad internacional. La Unión Soviética inició un programa masivo de modernización militar e industrial que la colocaría a la cabeza del poder militar durante las siguientes décadas. Por las mismas fechas, los nazis, con Hitler al frente, se comprometieron a echar abajo los acuerdos de Versalles y devolver a Alemania su dominio. La Italia de Mussolini siguió el mismo camino y su economía estuvo supeditada cada vez más a la preparación de la guerra. Francia y Gran Bretaña comenzaron el rearme en 1934 y lo aceleraron desde 1936. El comercio mundial de armas se duplicó desde 1932 a 1937. Las estadísticas alemanas revelaban que el gasto en armas en 1934 se había disparado y que el porcentaje del presupuesto alemán dedicado al ejército pasó, en los dos primeros años de Hitler en el poder, del diez al veintiuno por ciento.

Importantes eslabones en esa escalada a una nueva guerra mundial fueron la conquista japonesa de Manchuria en septiembre de 1931, la invasión italiana de Abisinia en octubre de 1935 y la intervención de las potencias fascistas y de la Unión Soviética en la guerra civil española. En apenas tres años, de 1935 a 1938, Hitler subvirtió el orden internacional que, pactado por los vencedores de la Primera Guerra Mundial, había intentado prevenir que Alemania se convirtiera de nuevo en una amenaza para la paz en Europa. El Tratado de Versalles impuso notables restricciones al poderío militar y naval alemán y prohibió a Alemania tener una fuerza aérea, algo que Hitler empezó a desafiar públicamente desde 1935. En ese mismo año, la región del Sarre volvió a ser alemana después de que una mayoría de la población así lo decidiera en un plebiscito. En marzo de 1936, Hitler ordenó a las tropas alemanas reocupar Renania, una zona desmilitarizada desde 1919, y exactamente dos años después, el ejército nazi entraba en Viena, inaugurando el Anschluss, la unión de Austria y Alemania.

La Liga de Naciones, la organización internacional creada en París en 1919 para vigilar la seguridad colectiva, la resolución de las disputas y el desarme, fue incapaz de prevenir y castigar esas agresiones, mientras que los gobernantes británicos y franceses, hombres como Neville Chamberlain o Pierre Laval, pusieron en marcha la llamada “política de apaciguamiento”, consistente en evitar una nueva guerra a costa de aceptar las demandas revisionistas de las dictaduras fascistas, siempre y cuando no se pusieran en peligro los intereses de Francia y Gran Bretaña. Hitler percibió esa actitud como un claro signo de debilidad y, así las cosas, siempre prefirió lograr sus objetivos con acciones militares antes que enzarzarse en discusiones diplomáticas multilaterales.

Esa debilidad llegó a su punto más alto el 29 de septiembre de 1938, en Munich, cuando Neville Chamberlain y Edouard Daladier aceptaron la entrega de los territorios de los Sudetes a Alemania, creyendo además las promesas de Hitler de no atacar el resto del Estado checo y mantener la paz en el futuro. El sacrificio de Checoslovaquia, sin embargo, tampoco frenó las ambiciones expansionistas nazis y Hitler interpretó que Gran Bretaña y Francia le habían dado luz verde para extender su conquista por el este.

Cuando no había pasado ni un mes desde el acuerdo de Munich, Hitler ordenó a sus fuerzas armadas que se prepararan para la “liquidación pacífica” de lo que quedaba de Checoslovaquia. A mediados de marzo de 1939, las tropas alemanas entraban en Praga y Hitler planeó lanzar una guerra de castigo contra Polonia por no querer negociar el retorno a Alemania del puerto báltico de Danzig. Sólo la Unión Soviética, con fuertes intereses en esa zona, podía oponerse y para que eso no ocurriera, Hitler firmó con Stalin el 23 de agosto un pacto de no agresión, de absoluta conveniencia, entre enemigos ideológicos. Unos días después, la invasión de Polonia convenció a las potencias democráticas que la colisión era preferible al derrumbe definitivo de la seguridad europea.

La crisis del orden social, de la economía, moderna, del sistema internacional, se iba a resolver mediante las armas, en una guerra total combatida por poblaciones enteras, sin barreras entre soldados y civiles, que puso la ciencia y la industria al servicio de la eliminación del contrario. Un grupo de criminales que consideraba la guerra como una opción aceptable en política exterior se hizo con el poder y puso contra las cuerdas a políticos parlamentarios educados en el diálogo y la negociación. Y la brutal realidad que salió de sus decisiones fueron los asesinatos, la tortura y los campos de concentración. Hitler provocó la guerra, pero ésta fue también posible por la incapacidad de los gobernantes demócratas para comprender la violencia desatada por el nacionalismo moderno y el conflicto ideológico.
_________________

Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza.
Más contenidos sobre este tema




Hazte socio de infolibre

18 Comentarios
  • cagliostro cagliostro 06/09/19 11:50

    afortunadamente la mente dislocada de hitler le llevó a lanzar enormes recursos para la conquista y
    explotación de Rusia y eso fue la debacle de los nazis.Si no llega a emprender esa aventura y concen-
    tra sus ejércitos en los países ya conquistados ,la guerra hubiera durado mucho mas .Al mismo
    tiempo estaban desarrollando nuevas armas y posiblemente la bomba atómica.El africa corps
    con muchos mas medios hubiera llegado a los campos de petròleo de oriente medio y cerrado el
    canal de suez.Por otra parte el pueblo americano ante el creciente número de bajas hubiera exigido
    a su gobierno la retirada de la guerra.....Enfin el panorama podría haber sido mucho mas siniestro
    sin el enorme sacrificio del pueblo ruso,verdadero ganador de la guerra.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    0

  • frida56 frida56 02/09/19 01:09

    Políticos mediocres; democracias de baja intensidad; pueblos adormecidos por el consumo desmedido y educados en la ignorancia; Potencias gobernadas por locos crueles; fórmulas bélicas alejadas de las convencionales; caos migratorio; guerras religiosas que esconden otros intereses; desinterés, en una parte de la gente y desilusión en la otra, y la codicia inherente a la condición humana... no hace falta más para repetir las barbaridades históricas! Tenemos todos los ingredientes del cóctel

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    2

  • Alfonso J. Vázquez Alfonso J. Vázquez 30/08/19 21:05

    Lo que ocurrio no fue que los nazis intervinieran en España para apoyar el golpe de estado de los facciosos con Franco a la cabeza. Lo verdaderamente grave es que ni Francia ni Inglaterra movieron un dedo favor de la II República Demoocrática Española el 18 de julio de 1936 y, en plena indignidad llegaron a un acuerdo con Hitler el 29 de septiembre de 1938 para dejarlo entrar en Checoeslovaquia.ni se hubiera firamdo el igualmente indigno pacto ribbentrop-Molotv el 23 de agoto de 1939 Si Francia e inglaterra hubieran intervenido el 18 de julio en España es posible que se hubiera podido ahorrar la segunda guerra mundial y ahora viviríamos en una maravillosa república democrática en vez de tener que seguir soñando con ella.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    11

  • jamonfresco jamonfresco 30/08/19 21:02

    ¿Cuál y como es el nacionalismo moderno ?.
    Se trata de un oxímoron.
    La modernidad no es compatible con el nacionalismo. No hay ningun nacionalismo bueno, es imposible y contrario a las esencias que figuran (o deberían figurar) y conformar las características y la esencia del ser humano.
    El nacionalismo es una excusa para matar y guerrear. Hitler fue un nacionalista, también Franco, también los de ahora desde Salvini a Le pen, desde Putin a Trump y Bolsonaro. Y tantos otros presuntos demócratas y animosos dictadorzuelos.
    Por mirar a España
    Desde el necio de Puigdemont y el res honorable y ladrón de Pujol al impresentable de Alberto Rivera. Desde los delincuentes Aznar y Rajoy todavía no imputados hasta el desorientado de Pedro Sánchez y el inefable de su antecesor el gran traidor tampoco investigado ni juzgado Felipe González. Y podríamos seguir mencionando in continuo provechosos y aprovechados delincuentes sin parar.
    Es muy triste para los españoles el lamentable currículo de todos los presidentes del gobierno de España después de la muerte de Franco. Arias, Suarez, Calvo Sotelo, Felipe González, Aznar, Zapatero, Rajoy y Sánchez (en funciones y en defunciones).
    A cual peor, todos mintiendo, todos robando o dejando robar, todos intelectualmente inútiles y culturalmente raquíticos, todos moralmente despreciables sin otro interés que medrar y engañar y poseer bienes prebendas y privilegios.
    Podría alguien (usted mismo si lo desea Sr Casanova) realizar una estimación de las muertes habidas por guerras, exterminios, terrorismos varios, mafias o por intereses viles y espurios desde el día final de la IIWW.(2 de septiembre de 1945).
    Probablemente más de los 60 millones que algunos estiman murieron en ella

    Responder

    Denunciar comentario

    1

    14

  • Argaru Argaru 30/08/19 19:13

    En el sistema capitalista todas las guerras son de rapiña, son guerras para controlar el dominio económico sobre el mercado. En aquellos tiempos, las élites que dirigían, tanto los estados democráticos como los estados dictatoriales, tenían un concepto bastante parecido en relación con su propia población “de a pie”: el concepto de “carne de cañón”. “El todo por la pasta” era suficiente justificación para inmolar a la ciudadanía por “el todo por la patria”. En este apartado, no debemos incluir a la URSS, ya que no tenía ninguna intención de involucrarse en una nueva guerra. Bastante tenían con recuperarse de la anterior y modernizar un estado anclado en el vetusto zarismo. Obviamente, esto no salva la figura del monstruo de Stalin, pero si merece un análisis detenido el papel jugado por la Unión Soviética hasta su desaparición en los noventa. Está claro que, finalizada la Segunda Guerra Mundial, surgió un equilibrio a nivel universal de control de las áreas de influencia de las dos superpotencias. Era un ecosistema, dónde los dos “súperdepredadores” tenían controlados sus territorios y nada se movía sin su permiso. Desaparecido uno de ellos, el ecosistema se ha vuelto totalmente inestable, dejando suelta a su “bestia” más feroz: el neoliberalismo más salvaje, aunque yo prefiero llamarla por su nombre real: FASCISMO. ¿Ustedes creen, si siguiera existiendo la URSS hubiera habido las guerras del Golfo, la caída de las Torres Gemelas, el atentado de Atocha, el de Londres, la destrucción de Siria o el aumento exponencial del terrorismo islamista? ¿Sadam Hussein era “nuestro” hijo de puta, que tenía cogido “por los cojones” a los terrorista o era, simplemente, un hijo de puta con mucho petróleo? Analizando lo sucedido posteriormente ¿Ustedes que creen, lo de Irak fue una guerra para librarse del terrorismo o una guerra para quedarse con “el botín”? Si los ciudadanos continuamos mirando para otro lado, esta historia está condenada a repetirse.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    13

  • Luis Fernando Luis Fernando 30/08/19 14:46

    Me parece una explicación perfecta del porqué de la II Guerra Mundial y de sus prolegómenos.

    Esa guerra terminó en el Pacífico con el empleo de las bombas nucleares. Hoy una decena de estados disponen de arsenal nuclear y una tercera conflagración mundial devastaría la población mundial presente y futura, con seria afectación para el planeta mismo... Y lo triste es que presidentes, aparentemente elegidos democráticamente, juegan con ese fuego ( es lo que hace Trump al desvincularse de los tratados de paz de los 80, que cerraron la guerra fría USA-URSS).

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    12

  • ArktosUrsus ArktosUrsus 30/08/19 10:21

    Entiendo que en un artículo de prensa no se pueda exponer todo lo que realmente ocurrió en el periodo entreguerras. Me choca sin embargo que no haya ni una sola referencia al peso del capital internacional europeo y a la emergencia y consolidación de grandes capitales derivados de las "ayudas" a los combatientes en la Gran Guerra: gentuza sin escrúpulos lucrándose, como es habitual, de las necesidades de la guerra. Y la ligereza (en mi opinión) de asegurar "De esa guerra salieron también el comunismo y el fascismo..." El comunismo es fruto de una evolución del pensamiento social que cristaliza en Marx y Engels y se “aplica” (teóricamente) en la revolución bolchevique. Pero su origen es muy anterior. Los comunistas participan en las dos primeras Internacionales. El derrumbe de la segunda internacional, incapaz de entender que la guerra no es entre naciones (entre los nacionales de las mismas) sino entre intereses capitalistas e imperialistas de las élites del poder de cada país precipita la ruptura. Una parte de esa segunda internacional apoya la guerra (básicamente socialdemócratas y cristianos de base) La otra considera la guerra una forma de enfrentar a la clase obrera por los intereses del capital. El fascismo (me parece simplificar llamar a todos los movimientos totalitarios "fascistas" pero lo acepto por el bien del discurso) nace en 1919 en Italia. Hay movimientos totalitarios de ultraderecha bastante antes, financiados por el capital y muchas veces sin vertebrar como el pistolerismo empresarial español en 1917 o los Freikorps alemanes que participan activamente en al represión del alzamiento de Berlín asesinando a dirigentes comunistas que no habían participado. La Gran Guerra abrió los ojos a una parte del movimiento obrero (lamentablemente no a todo) que trato de imponer una sociedad más justa a través de movilizaciones y en ocasiones movimientos revolucionarios y los grupos autoritarios y fascistas fueron puestos en juego por los intereses capitalistas para frenar el posible avance de las reivindicaciones obreras. El resultado lo conocemos: los autoritarios de extrema derecha acabaron conquistando el poder y montando otra guerra.

    Responder

    Denunciar comentario

    Ocultar 2 Respuestas

    1

    21

    • Luis Fernando Luis Fernando 30/08/19 14:55

      Lo que es indudable es que sin la I Guerra Mundial, en la que el zar se involucró desde el principio, jamás habría triunfado la revolución soviética en Rusia (porque dejó una hambruna generalizada y un verdadero vacío de poder en Rusia). Claro que antes de 1917 había habido en Europa conatos de revolución social y contragolpes patronales..Pero hay un antes y un después del surgimiento de la URSS, que conduce a los movimientos fascistas masivos -algo más que el pistolerismo patronal de anteguerra-.

      Responder

      Denunciar comentario

      2

      0

    • micanuto micanuto 30/08/19 11:39

      Muebles apunte. Gracias

      Responder

      Denunciar comentario

      3

      1

  • Elisa 07 Elisa 07 30/08/19 09:12

    Aviso a navegantes ,si, pero mientras la ignorancia y la estupidez generalizada nos invada....de poco servirá.
    Recordemos que nuestros gobernantes no vienen de Marte! Proceden de la sociedad que formamos todos torpe, lerda y deshumanizada.

    Responder

    Denunciar comentario

    3

    15

  • GRINGO GRINGO 30/08/19 09:09

    Me parece vergonzoso un artículo tan largo, "sin fotos ni mención alguna al fútbol"......., es que aprendemos !!!!!.

    Todo ésto que comenta, acarreo un gran sufrimiento al pueblo llano, al otro también, pero al llano mucho más, y seguramente obligó a cambiar de residencia y ser recibidos por otras personas, confiando en la hospitalidad y buena fe de la gente......., vamos, como ahora.....

    Responder

    Denunciar comentario

    6

    6

  • José Luis53 José Luis53 30/08/19 09:09

    Le agradezco mucho que haya evitado hacer paralelismos fáciles o extraer conclusiones extrapolables de su riguroso relato; es tentador hacerlo y usted lo ha evitado invitándonos a no caer en ese simplismo y a tener en cuenta la Historia pero no a caer en la trampa de pensar que ahí están todas las claves para evitar desastres. Cada tiempo es diferente y le corresponde su propia reflexión, y la Historia es un elemento más a tener en cuenta, pero no lo es el único.

    Responder

    Denunciar comentario

    Ocultar 3 Respuestas

    0

    20

    • MASEGOSO MASEGOSO 30/08/19 10:13

      En el reconocimiento del contexto historico que hace el autor no hay más remedio que entender la verdad de aquellos acontecimientos.
      Pero hay que estar atento José Luis53 a la dvertencia:
      "Hitler provocó la guerra, pero ésta fue también posible por la incapacidad de los gobernantes demócratas para comprender la violencia desatada por el nacionalismo moderno y el conflicto ideológico".
      La claridad de la expresión confirma el retorno de las políticas de extrema derecha. Veremos.
      Un saludo.

      Responder

      Denunciar comentario

      Ocultar 2 Respuestas

      2

      12

      • José Luis53 José Luis53 30/08/19 12:21

        El problema que, a mi juicio, ha evitado el Sr. Casanova - de todos es sabido que es uno de los historiadores más reconocidos hoy en día- es que cayendo en la similitudes, se obvien las diferencias. A mí me parece que eso es lo que ha evitado el autor puesto que extraer similitudes como la que cita usted, son obvias; y de tan obvias puede que cierren la visión de la diferencia, siendo eso una fuente de equivocaciones en análisis. Eso es lo que la finura del trabajo y el autor pretende evitar. Al menos eso creo.

        Responder

        Denunciar comentario

        Ocultar 1 Respuestas

        1

        7

        • cexar cexar 30/08/19 15:23

          La diferencia más importante entre aquellos tiempos y estos, creo yo, es la globalización. Una posible guerra entre China y USA no interesaría a ninguno de los dos, a China por ser el mayor acreedor de los norteamericanos y a USA por la dependencia de sus multinacionales de la mano de obra de ese país.
          En cualquier caso no debemos obviar la posibilidad de que tres locos gobernando simultáneamente en USA, China y Rusia nos lleven a otra catástrofe que, debido a la potencia de las armas actuales, nos devuelva a la edad de piedra.
          Salud,

          Responder

          Denunciar comentario

          1

          3



 
Opinión
Oferta anticrisis
 
Sociedad de amigos

Ya puedes ser accionista de infoLibre

Cargando...
Cualquier ciudadana o ciudadano interesado en sostener un periodismo independiente como garantía democrática puede participar en la propiedad de infoLibre a través de la Sociedad de Amigos de infoLibre.