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El mono infinito

Jugada maestra

Publicada el 07/04/2021 a las 06:00

Una de las frases que más desazón me provocaba escuchar hace años en boca de reconocidos izquierdistas ahora políticos instalados y tertulianos con plaza fija era la de: “En España necesitamos un partido de ultraderecha”. Una vez que tenían toda mi atención y un escalofrío recorriéndome la espalda, añadían: “Para saber cuántos son”. Ingenuo de mí, yo pensaba que ya existía un partido al que votaban con gusto las gentes de ultraderecha y no tenía ningún interés en saber cuántos eran, tal vez porque intuía que no eran pocos. Que votaran al PP y que los muy cafeteros se desahogaran con la papeleta de la Falange o la de Fuerza Nueva era un estado de las cosas con el que podía estar conforme, sabiendo que siempre habrá quien se olvide de disimular que ahora son de centro y se le escape un asqueroso “¡Vete al médico!”, del mismo modo que al Doctor Strangelove le costaba mantener el brazo nazi a raya. Tenerlos embridados bajo “la casa común del centro derecha” era para mí un mal menor, quizá porque me crié en Salamanca y viví muy de cerca lo que les ocurría a los afiliados de las juventudes del PP cuando se tomaban una copa de más: a mí me daba por cantar Soy un gnomo y a ellos el Cara al sol.

El deseo de la inteligencia progresista se hizo realidad al cabo de los años y, oh, sorpresa, la ultraderecha empezó a hacer “cosas nazis”, como diria Peter Griffin mirando arrobado a Hitler. A saber: apelar a los instintos más bajos del ser humano, enfrentar a pobres contra pobres, secuestrar palabras y símbolos que se suponían de todos, hacer de la demagogia un arte... pues lo que es la ultraderecha, tan cafre como previsible. Fue entonces cuando escuché a las mismas mentes preclaras sostener ideas como: “Esta es la mejor manera de tener movilizada a la izquierda” o, en un venirse arriba de manual: “La derecha, si sigue así, no va a gobernar en muchos años”. El hecho de que cosecharan cada vez más votos y que empezasen a ser decisivos para sostener gobiernos cada vez en más ciudades y autonomías no parecía preocupar demasiado a quienes defendían esas teorías, porque todo formaba parte de un plan a largo plazo que consistía en diluir a la derecha fomentado a la ultraderecha. Estudiaron Ciencias Políticas, qué podía fallar.

Quizá no midieron bien que ni Madrid ni nada es una serie de Netflix ni una peli de Ken Loach. Y que ya son veinticinco años de banda criminal organizada construyendo adosados en lo que eran cinturones rojos y haciendo del urbanismo una de las mayores fábricas de conservadores conocidas por el ser humano. Y que en los barrios obreros también se ven banderas de España en los balcones. El caso es que los mismos que defendían que necesitábamos un partido de ultraderecha, una vez conseguido su objetivo, nos venden ahora las elecciones madrileñas como si fueran la batalla del Ebro y se erigen en salvadores de última hora de una comunidad que, como toda España, lo que quiere es ir al bar. Ya tienen su juguetito fascista para parecer algo. Ni una propuesta sobre qué harán si gobiernan, y qué más da: no quieren votantes, quieren fans. Y el drama es que a la ultraderecha que añoraban cuantificar ya solo la puede parar el PP. Jugada maestra.

 

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17 Comentarios
  • AMP AMP 10/04/21 13:59

    Oye, Quequé, que yo nunca oí eso en lo que basas todo tu artículo.

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  • Androide paranoide Androide paranoide 08/04/21 06:03

    Lo de Banda Criminal Organizada les define muy bien, el latrocinio es la principal seña de identidad de la derecha española. Y cuando quieren robar mas, y mas impunemente, fundan Vox.

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  • Argaru Argaru 08/04/21 04:37

    En “La vida privada de Sherlock Holmes” (B. Willder), el genial detective le pregunta a su amigo doctor que si ha cambiado de lugar los muebles de su habitación. Watson, sorprendido, le pregunta cómo lo ha adivinado. Este le contesta que el doctor viene normalmente mal afeitado de la parte derecha, pero hoy la parte izquierda es la peor afeitada, de lo que dedujo que ha cambiado de lugar la cómoda con el espejo y como su habitación es pequeña, el doctor se vio obligado a cambiar todos los muebles de lugar. Algo parecido ha ocurrido en la política española después de la crisis de 2008. Aquella monumental estafa provocada desde la Metrópoli pilló con el pie cambiado a “sus” lacayos de occidente. En España, al bipartidismo se le acabaron sus “trucos de magia” con los que embelesaban al personal y Podemos pasó a ocupar el inmenso vacío que había dejado el PSOE en el espacio de la izquierda. Por el otro lado, Ciudadanos, era aupado por los poderes fácticos como cuarto en discordia y para equilibrar la balanza del eje izquierda-derecha en favor de esta última, ocupando ese mítico lugar, donde dicen que habita el unicornio, llamado Centro. Con la atomización de la política y en virtud de nuestra ley electoral, se consiguió que los votos de la izquierda todos tuvieran validez, al convertir el espacio en un sistema de vasos comunicantes, que lo que sube por un lado baja por el otro, pero dentro del mismo sistema. En la derecha, los votos de los nostálgicos eran pocos, pero se perdían por las cloacas de la Falange y allegados. Pero en esto y también desde la Metrópoli, llegó Donald Trump. Y con él, toma carta de naturaleza toda la fauna y la bazofia fascista. Los nostálgicos del régimen anterior se quitaron su careta pepera y se dieron cuenta de que sus votos unidos no tendrían que acabar en la basura. Pero entonces llegó Ayuso y mandó parar. Ahora todos estos descerebrados de la derecha tienen un gran dilema: escoger a la facha oficial, Monasterio o “a mi, a facha no me gana nadie” Ayuso. Bendito dilema, que puede convertir a VOX en extraparlamentario y, por ende, que Ayuso pierda la comunidad, salvo que los idiotas de siempre se queden en casa el próximo 4 de mayo.

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  • Antonio LCL Antonio LCL 07/04/21 23:24

    Aunque juguemos a ignorarlos, van a seguir haciéndose notar, ofensas criminales de por medio, porque la democracia se lo permiten. La sangre fascista ha alimentado monstruos durante ochenta años. Si se tienen que meter en plena zona vallecana, no se lo piensan dos veces, saben que la propaganda la tienen asegurada y su público sigue alimentado de nefasta proteína.

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  • HEREJE HEREJE 07/04/21 20:20

    El secreto del asunto es que, creando la ultraderecha (una panda de golfos que van directamente a trincar) sin ideología ninguna, pero bramando contra todo lo existente, meten en el saco a todos los disconformes, descerebrados, desechos sociales, gente sin presente ni futuro, que compran un mensaje vacío y muy violento.

    La ultraderecha que estaba en el PP desde siempre, ahora va volviendo a su hogar, y a los golfos les quedan los desperdicios, pero en este tipo de sociedad ese es un colectivo que se va incrementando a marchas forzadas.

    Y el virus juega a su favor, a no ser que se tomen medidas sociales que, hasta la fecha, ni el PP ni el P++E han querido tomar, ocupados como están con sus puertas giratorias y sus parásitos reales.

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  • Chinchirina Chinchirina 07/04/21 18:32

    Pues sí, se decía eso de que España era el único país de Europa que no tenía un partido de extrema derecha. Lo decían como elogio o como anhelo. Per se decía. Para mí que no, que si no como partido si como predilección electoral. Era Alianza Popular.
    En lo que no estoy de acuerdo es en el final del artículo: "Y el drama es que a la ultraderecha que añoraban cuantificar ya solo la puede parar el PP.". El drama es creer que es el PP el que puede parar a la ultraderecha. Menos engaños. En el PP la ultraderecha es agüita de mayo

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  • @tierry_precioso @tierry_precioso 07/04/21 12:30

    No propones absolutamente nada.

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    • MIglesias MIglesias 07/04/21 14:26

      ¿Por qué debería proponer algo?

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  • @tierry_precioso @tierry_precioso 07/04/21 12:30

    No propones absolutamente nada.

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  • Ajoblanco Ajoblanco 07/04/21 11:31

    Una verdad como un templo
    “ como toda España, lo que quiere es ir al bar”

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  • GRINGO GRINGO 07/04/21 11:28

    Nunca he oído que en España se necesitara un partido de ultraderecha, ni a políticos ni a tertulianos, por una sencilla razón, todos sabíamos, ellos también, donde se escondían los que estaban el 19-11-1975 en la Plaza de Oriente, en el PP.

    O es que esos tertulianos se creían que, así de repente, todos nos habíamos hecho "demócratas" ???.

    Los votantes como los dirigentes de VOX vienen del PP, y tienen la misma base social, votos de la ignorancia, del ultracatolicismo y de los que identifican a un país plural con una bandera.

    Donde está la "diferencia", como dicen ahora, uno de VOX es como uno del PP pero con cuatro cubatas...., ahí está la diferencia.

    No dan para más de sí.

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