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Plaza Pública

Romper el marco “España”

Antón R. Castromil Publicada 06/10/2017 a las 06:00 Actualizada 05/10/2017 a las 20:36    
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La “cuestión catalana” ha sido abordada desde muchos puntos de vista: legal, político, internacional, de convivencia… A mí me gustaría añadir un poco más de combustible a un debate que conviene alimentar y mantener, ya que nos va mucho en ello en tanto que sociedad.

Lo que se propone aquí tiene que ver con un elemento analítico adicional que apunta a la construcción de los significados entre los ciudadanos. ¿Qué significan los marcos “España” y “Catalunya” en tanto que elementos interpretativos de los hechos políticos y sociales que estamos viviendo? ¿Cómo han sido construidos y qué características presentan?

La cuestión tiene su importancia, ya que se trata de abordar la problemática de cómo los ciudadanos construyen sus universos significativos. Sus filias, sus fobias, sus miedos, enfados y alegrías.

Me da la sensación de que, en el fondo, el “choque de trenes” entre España y Catalunya tiene mucho que ver con la construcción de lo que “Catalunya” y “España” significan en la mente de todos nosotros.

Ofrecemos aquí algunas hipótesis para el debate. El principal elemento de éxito del encuadre “Catalunya” quizá tenga que ver son su carácter interclasista, mucho más que con cuestiones culturales típicas del nacionalismo más esencialista.

Es decir, la idea de que Catalunya es una nación con derecho a decidir su futuro de manera autónoma ha sido aceptada por los más diversos estratos sociales.

Y ha hecho posible lo impensable: que la izquierda independentista clásica (ERC), los independentistas antisistema (CUP) y la derecha nacionalista burguesa (PDeCAT) remen en la misma dirección.

De este modo, el encuadre soberanista catalán ha sido capaz de desplazar la línea de conflicto clásica que había enfrentado a estos actores desde lo ideológico-clasista a lo nacional, naciendo así el denominado “procés”.

Da la sensación de que estos actores (y algunos movimientos sociales y organizaciones circundantes) han sido capaces de llevar a cabo un proceso de simplificación del encuadre “Catalunya”.

Parece evidente que el significante “Catalunya” ha relajado cuestiones esencialistas clásicas. Quedan fuera o bastante marginadas del debate público la lengua, la cultura y literatura catalanas o la historia común que enraíza en el alma del pueblo catalán.

Todo ello cede espacio (aunque no desaparece del todo) a cuestiones de ámbito político. Pero un ámbito político que, a su vez, podríamos definir como de “baja intensidad”. El derecho a decidir ha podido ser suscrito por sectores sociales muy diversos.

Con estas nuevas reglas de juego, ciudadanos muy diferentes han podido
comprar el redefinido encuadre “Catalunya”. Se trata de un universo significativo mucho más pobre, pero más incluyente y, en definitiva, más potente.

Proceso contrario parece que sufre el encuadre “España”. Sigue conteniendo un componente excluyente que lastra su aplicabilidad en amplios sectores sociales, sobre todo en el universo simbólico de la izquierda y en ciertos territorios denominados “históricos”.

Se podría argumentar que “España” en tanto que marco que organiza la experiencia y empuja al ciudadano a la acción dispone de un campo de aplicación mucho más limitado y pobre.

Habría que estudiar el encuadre a fondo, pero, en una primera mirada, descubrimos en él cuestiones como el centralismo castellano, restos de tradiciones en declive (como el catolicismo y la tauromaquia, por ejemplo) y un claro tufo político conservador. Todos estos elementos (y algunos otros que el lector pueda incorporar) parecen asediar al universo significativo “España”.

Si esto es así, el “choque de trenes” al que hacíamos referencia hace sólo un momento se podría estar produciendo entre una locomotora perfectamente engrasada y a toda velocidad (Catalunya) y un vetusto tren de cercanías achacoso y taciturno (España).

Quizá esta circunstancia explique el empeño del gobierno del Partido Popular por tratar el “problema catalán” desde una perspectiva exclusivamente legalista y policial. Parece que desde Moncloa son conscientes que en el terreno político tienen todas las de perder. Por eso utilizan el parapeto en apariencia impermeable de la Constitución y el Tribunal Constitucional.

Una posible solución para que este enfrentamiento de encuadres España/Catalunya deje de ser un juego de suma cero tiene que ver con la necesidad imperiosa que tenemos de romper el actual marco “España”.

De igual modo que los catalanes han sido capaces de redefinir la idea de “Catalunya” para coser en ella todo un “procés” soberanista, desde España se necesita abrir a nuevos sectores sociales la idea de país.

Hoy en día definirse como español continúa siendo tarea ardua para muchos ciudadanos, lo que da clara muestra del carácter excluyente del encuadre. Pero los marcos, como diría el sociólogo canadiense Erving Goffman, también sufren crisis de aplicabilidad, de manera que, en muchas ocasiones, terminan rompiéndose.

Debemos romper el encuadre monolítico “España”. Desgastarlo para, inmediatamente después, transformarlo en lugar de encuentro e intersección de sectores sociales, política e ideológicamente diversos.

Un nuevo marco que sea capaz de crear fisuras en el actual encuadre “Catalunya”, robándole adeptos. Ciudadanos que pudieren resultar atraídos por una nueva visión de una España abierta, plural, multinacional y plurilingüe, en la que la diferencia sea vista como un valor y no como un factor de desconfianza.

Pero claro, para ello se necesita que la izquierda española se implique en el proyecto y que la derecha acepte dejar de secuestrar el encuadre “España”. Ni una ni otra posibilidad parecen demasiado factibles. Sin embargo, la urgencia del momento histórico que vivimos parece aconsejarlo antes de que el tiempo se agote.

De momento yo, bajo estos términos, he dejado de ser español.

_______________


Antón R. Castromil es profesor en la Universidad Complutense de Madrid
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10 Comentarios
  • individualistaliberal individualistaliberal 06/10/17 21:10

    Ahora en Catalunya todo el poder es para el nacionalismo cuando paso por allí veo senyeras en balcones algunas de dimensiones aznaristas y percibo una enorme intimidación en la calle propia del fascismo pero aquí entre "intelectuales madrileños progres" nada, no saben no contestan te largan un alegato contra la España negra que has oído un millón de veces y tan panchos. Me digo que no denuncian el fascismo catalán por falta de valor y largan el consabido alegato contra la España negra por falta de ideas. Creo que la adulación de la propia identidad, siempre soñada en gran parte, es muy mal camino.

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  • elcatalanchulapo elcatalanchulapo 06/10/17 21:10

    Muy interesante el enfoque. Creo que es bastante acertado. A muchos que vivimos en Cataluña desde hace muchos años nos resulta difícil sentirnos identificados con España aunque de allá procedamos. El problema es que también nos resulta difícil sentirnos identificados con nuestra tierra de acogida. Yo hace tiempo que dejé de sentirme español y catalán.

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  • luzin luzin 06/10/17 18:18

    El artículo adolece de cualquier contenido científico, trata más de la visión personal-afectiva del autor, de sus intereses políticos que de una realidad. La España donde vivo es un sitio de tolerancia, de libertad, uno de los lugares menos violentos del mundo, una tierra rica, una gente amable, ... en derechos individuales hemos progresado a ritmo impresionante en los últimos 40 años, incorporando los derechos de las diferentes minorías, tenemos un estado descentralizado, de los más descentralizados del mundo.
    Evidentemente es necesario seguir adelante, y avanzar en la libertad política que sí falta. Hay que acabar con la partitocracia, es necesario fomentar la sana desconfianza en los poderosos, hay que controlarlos ... ahora presenciamos como estamos en manos de unos locos que pueden acabar con nuestra convivencia pacífica. Por supuesto, tenemos que avanzar en igualdad, en proteger a los ciudadanos cuando las cosas vienen mal.
    Todo esto, tiene que ser discutido con profundidad, con claridad y transparencia, pero no bajo los intereses partidistas que todo lo manipulan y ensucian en su lucha por el poder. Una idea nos tiene que guiar: limitar a los poderosos, desligitmar al Estado,  puede que sea un mal necesario, pero sin duda que tiene que estar bien vigilado.

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  • avelino avelino 06/10/17 13:15

    Excelente artículo a nivel objetivo. Lamentablemente, después de incendiar el PP el debate territorial es dificilísimo encontrar puntos de acuerdo y hasta el mismo PP es esclavo de sus excesos. España necesita revisar el contrato social y encontrar una forma de gobierno que garantice un estado laico, plural, integrador y con orgullo de pertenencia. Solo una república federal o una confederación de repúblicas pueden dar respuesta a las incógnitas que brillantemente ha planteado. Pero en la España territorial del PP…….

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  • Silk Road Silk Road 06/10/17 12:30

    Estupendo análisis que aporta un enfoque nuevo huyendo del estéril debate sobre cuál de las dos partes tiene razón o sobre si la independencia de Cataluña sería buena o sería mala y muestra que el quid de la cuestión está en que hay dos lenguajes, dos historias, dos encuadres distintos. En uno de ellos, ser catalán significa querer tener derecho a decidir y en el otro ser español significa ser de derechas, católico, amar la tauromaquia y odiar a Piqué. No hay color. Yo también, bajo esos términos, he dejado de ser español.

    El caso es que la "visión de una España abierta, plural, multinacional y plurilingüe, en la que la diferencia sea vista como un valor y no como un factor de desconfianza" ya existía. Inmediatamente después de la transición ése era el discurso que utilizábamos para describirnos los españoles. Estábamos orgullosos de pertenecer a la España abierta y plural. Malditos sean, pues, los sucesivos gobiernos del PSOE y del PP, especialmente el de Rajoy, que nos han robado la utopía y la han sustituido por una mentira: la España de pandereta.

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  • jorgeplaza jorgeplaza 06/10/17 09:39

    Usted, bajo los términos que sean, sigue siendo objetivamente español (mire, mire qué pone en su pasaporte) salvo que renuncie a la nacionalidad y aunque tenga (que podría ser) una segunda nacionalidad que, en cualquier caso, no será ni la catalana ni la gallega porque no existen.

    No dice usted de qué es profesor pero una breve búsqueda me confirma que profesa en el Departamento de Sociología. A los profesionales de las ciencias de verdad nos exasperan los vacíos juegos de palabras a que son tan dados los intelectuales de la rama de humanidades (léase "Imposturas intelectuales" de Bricmont y Sokal para entender en toda su extensión de qué estoy hablando) y de los que su artículo es un ejemplo flagrante.

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  • frida56 frida56 06/10/17 02:58

    Efectivamente,su artīculo es para llorar o reír (yo no sé que elijo),como todo relato en el que se toca el fondo de las cosas.

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  • individualistaliberal individualistaliberal 06/10/17 00:15

    Vivo en Francia y cuando paso por Catalunya veo banderas en balcones. Poner ahora senyeras en balcones donde el nacionalismo lo domina todo es sencillamente fascismo. Su articulo está para llorar o reír. Elijo reír. Bona nit.

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    • christopher lee christopher lee 06/10/17 10:13

      Por favor no frivolicemos con el fascismo, es lo que hacen los fascistas, porque les conviene.

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      • individualistaliberal individualistaliberal 06/10/17 21:05

        Es lo que pienso. Vete a ver, respira el ambiente y ya veras que los que no comulgan como tienen la vida...

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