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Plaza Pública

La cripta de los bautizados

José Antonio Martin Pallin
Publicada el 15/10/2018 a las 06:00 Actualizada el 14/10/2018 a las 16:56
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Mientras el Gobierno deshoja la margarita para decidir de qué manera y en qué momento cumple lo acordado en el Decreto-Ley por el que se acuerda sacar los restos mortales del Dictador del mausoleo de Estado en el que está sepultado, han surgido una serie de acontecimientos no previstos que han convertido un acto de dignidad y justicia en un grave conflicto político que pone a prueba la salud de nuestro sistema democrático. Vivimos en una sociedad que no ha sabido asimilar, en su totalidad, los valores y principios de la democracia y en la que una parte importante de la población considera que la Guerra Civil y la larguísima dictadura fueron una consecuencia inevitable ante el peligro de caer en las garras de un comunismo estalinista tan cercano, por sus políticas de exterminio de los disidentes, a la que se vivió en nuestro país.

Cuando se titubea y se demora la toma de decisiones, se abren espacios para que surjan acontecimientos, más o menos inesperados, que trastocan los planes y las decisiones que se habían adoptado. Resulta que la hija del dictador había comprado una sepultura en la cripta de la Catedral de la Almudena donde decidió que quería sepultarse junto a su marido, prefiriéndola al panteón del Pardo en el que reposa su madre. Ahora la familia quiere que el cadáver salga del Valle de los Caídos y se le honre en un espacio que tiene connotaciones políticas inevitables y de incuestionable trascendencia, por su integración en el espacio donde radica el Palacio del Jefe del Estado, cuyo balcón fue el marco preferido por el dictador para darse los baños de masas que necesitan todos los dictadores. En su balaustrada se despidió de este mundo después de confirmar, una vez más, cinco condenas a muerte.

La estrategia de la familia tiene unas notorias dosis de maquiavelismo y coloca a la Iglesia española y al Gobierno ante una situación comprometida y de graves consecuencias políticas. Ha descolocado al Gobierno y en menor medida a la Iglesia, que siempre ha tenido respuestas evasivas ante situaciones incómodas. El arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, cuya sensatez y moderación no voy a discutir, ha manifestado que no se opone al entierro de los restos de Francisco Franco en la cripta de la Catedral de la Almudena porque, según alega, "hay una propiedad de la familia Franco y como cualquier cristiano tiene derecho a poder enterrarse donde crea conveniente". Permítame, monseñor, discrepar respetuosamente. En primer lugar, son sus familiares los que han decidido ejercer los derechos que, a primera vista, concede la Iglesia como a todo fiel cristiano previamente bautizado. Pero le sugiero que repase el Derecho canónico para comprobar que su respuesta, lógicamente apresurada, no se ajusta a sus cánones.

Repasémoslos. Advierto que la lista es larga e incluso pintoresca. Se puede privar de la sepultura eclesiástica a los apóstatas, los afiliados a una secta herética, cismática, masónica o a otras sociedades del mismo género. A los que abrazaron el ateísmo (sic) o que se han adherido a la secta de la Santa Muerte. Confieso mi ignorancia sobre este último aquelarre. Los excomulgados en virtud de sentencia y los que se han suicidado deliberadamente, valga la redundancia, también están excluidos. Se argumenta que negarles la sepultura eclesiástica es un castigo ejemplar, "con el fin de que nadie imite este horrible acto". 

Incluso se puso en duda la posibilidad de enterrar en sagrado a los que hubieren mandado incinerar su cadáver, si bien en este punto la Iglesia se ha rendido a la realidad y sólo se aplica cuando existe constancia de que la decisión fue tomada por razones contrarias a la fe cristiana. Atención al canon 1184, que no tiene desperdicio, afecta la prohibición de ser enterrado en sagrado a los que viven y mueren en grave pecado público como: adulterio, sacrilegio u homicidio, los que mueren en casas de prostitución, los abortistas, los que practican la homosexualidad, los que promueven leyes que destruyen el fin del matrimonio cristiano e incluso los que venden droga o rechazaron al sacerdote en el trance de su muerte. Que nadie se alarme, porque sus intérpretes admiten que, en caso de duda, se procederá a la sepultura eclesiástica del cadáver pero, en todo caso, evitando el escándalo de la publicidad.

La conferencia episcopal española y no sólo el arzobispo de Madrid o el párroco de la cripta deben pronunciarse sobre la coherencia y el respeto a los valores cristianos que supone la inhumación del dictador Franco en un recinto eclesiástico. Representan a una institución que convive en el seno de una sociedad democrática y tienen el deber de explicar más detalladamente por qué admiten, en suelo sagrado, a una persona que, teniendo en sus manos la potestad de la clemencia, ordenó, sin dar muestras de arrepentimiento, múltiples ejecuciones que culminaron con las que decidió días antes de su fallecimiento.

Seguramente la democracia española, con el tiempo, podrá demostrar su superioridad sobre la dictadura en la que estuvimos sumergidos, pero estimo que la Iglesia española debe oponerse, por razones emanadas de la doctrina evangélica, y además por dignidad y decencia política, a la inhumación de un asesino en serie en un lugar tan emblemático como la cripta de la Catedral de la Almudena.

Si Dios o su representante en la tierra, el papa Francisco, no lo remedia, seremos el único país democrático que exalta civil y religiosamente a un dictador que ha sido calificado por muchos como un genocida y el causante de lo que Paul Preston denomina el "Holocausto español". El papa Francisco tiene la última palabra. Puede apoyarse en su propia doctrina y en su decisión de reformar el catecismo, afirmando tajantemente que la pena de muerte es "inadmisible".

Santidad, creo que deben informarle de la actitud del bautizado Francisco Franco ante peticiones de clemencia por parte de la Santa Sede. Uno de sus antecesores, el entonces cardenal Montini, posteriormente elegido por el cónclave como Pablo VI, intercedió por Julián Grimau, dirigente comunista fusilado en 1963, con nulo resultado. El régimen desató contra el cardenal una campaña de desprestigio y convocó manifestaciones de repulsa ante lo que consideraba una injerencia intolerable del Vaticano. Cuando Franco decidió los fusilamientos de septiembre de 1975, el papa Pablo VI volvió a solicitar clemencia, pero nuevamente fue ignorado.

Pienso que existen muchas razones para evitar que el dictador genocida Francisco Franco reciba sepultura, con el beneplácito de la Iglesia, en un lugar que no puede ser centro de exaltación y homenaje de quienes comulgan con las ideas totalitarias. Sería una decisión antidemocrática y contraria al espíritu de nuestra Constitución. Los que lucharon y murieron por  los principios y valores democráticos no se merecen esta humillación.


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* José Antonio Martín Pallín ha sido fiscal del Tribunal Supremo y es magistrado emérito del mismo
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21 Comentarios
  • svara svara 21/10/18 11:52

    La Iglesia Católica es una contradicción infinita sumida en una doctrina incomprensible y entradita en años, que solo subsiste en base a la riqueza acumulada, contraria al mensaje que predican. Un papa te la quita y otro papa te la da, con el mismo espíritu santo que les ilumina. Una banda de delincuentes.

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  • Javier Dominguez Javier Dominguez 19/10/18 16:47

    No olvidemos la carta pastoral de los obispos españoles de 1936, fFirmada por todos los obispos menos el vasco Múgica y el catalán Vidal Y Barraquer, que sigue vigente porque el episcopado actual no lo ha dersmentido.
    Copio algunas lindezas:
    “Siendo la guerra uno de los azotes más tremendos de la humanidad, es a veces el remedio heroico, único, para centrar las cosas en el quicio de la justicia y volverlas al reinado de la paz.
    Por eso la Iglesia…bendice los emblemas de guerra, ha fundado las órdenes militares y ha organizado cruzadas contra los enemigos de la fe”.
    “La guerra es como un plebiscito armado…La lucha blanca de los comicios de 1936 por las urnas, se transformó, por la conciencia cívico militar en la lucha cruenta de un pueblo partido en dos tendencias, la espiritual del lado de los sublevados y de otra parte la materialista, llámese marxista, comunista o anarquista, que quiso substituir la vieja civilización de España con todos sus factores , por la novísima civilización de los soviet rusos”.
    “Tiene toda guerra sus excesos; los habrá tenido sin duda el Movimiento Nacional; nadie se defiende con total serenidad de las locas acometidas de un enemigo sin entrañas.
    Los excesos sin duda fueron cometidos por error o por gente subalterna.”

    “El Movimiento Nacional ha determinado una corriente de amor a la patria…como el amor patrio, cuando se ha sobrenaturalizado con el amor a Jesucristo, toca las cumbres de la caridad cristiana, hemos visto una explosión de verdadera caridad.”

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  • Bonanzero Bonanzero 17/10/18 01:02

    Excelente y esclarecedor Sr. Martin Pallín; y mucho me temo que como en tantas ocasiones, la respuesta por parte de la Iglesia, será al igual que ocurre con los casos de pederastia, mirar para otro lado, con oídos sordos y dejando que el paso del tiempo lo "arregle" todo. Como decía Cecilia; mi querida España, esa España mía esa España nuestra...………..

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  • Seyka Seyka 15/10/18 23:46

    ¿Y si una vez exhumado se les pierde por el camino???
    Hay gente muy despistada que se deja de todo atrás.

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  • florenblues florenblues 15/10/18 22:16

    Aquí la cuestion fundamental es:¿como es posible que un criminal en serie, golpista, fascista y nazi, que genero terror, hambre, atraso, odio y demas desgracias a la poblacion, pueda ser miembro ( de honor diria yo) de pleno derecho, en lugar de haber sido expulsado y excomulgado?
    Si hay un ovispo capaz de explicarlo con solidos argumentos que lo haga.

    Salud.

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  • jorgeplaza jorgeplaza 15/10/18 19:00

    El artículo me produce la impresión contraria a la que su autor trata de transmitir. Después de enumerar la larga serie de motivos, algunos realmente grotescos, por los que la Iglesia considera en su Canon que no se puede enterrar en sagrado, queda diáfano que ninguna de ellos es aplicable al dictador. No cabe duda de que el autor se ha documentado a fondo, como buen jurista que es: pues bien, ni así ha podido encontrar en la legislación eclesiástica un solo punto en que apoyarse. Precisamente por eso es por lo que, olvidándose del Derecho Canónico, en este caso inútil, termina por apelar al espíritu de nuestra Constitución (lagarto, lagarto: nada menos que al espíritu y estamos hablando de momias) y a que permitir el sepelio sería, en su opinión, antidemocrático. No hace falta saber gran cosa de la Iglesia para darse cuenta de que es muy poco probable que tales apelaciones vayan a causar el menor efecto en la jerarquía eclesiástica.

    ¿Quiere eso decir que yo aplaudo que la Iglesia consienta en enterrar a Franco en la cripta de la Almudena? En absoluto: lo condeno, pero al mismo tiempo me alegro de que la Santa Madre Iglesia muestra una vez más su verdadera y torva cara, a ver si así hay manera de que esa extraña especie que dice ser a la vez de izquierda (incluso comunista) y cristiano, abundante en estas páginas, se dé cuenta de una vez de que no se puede servir a dos señores: sean consecuentes, señores, y elijan.

    Respecto al maquiavelismo de la familia Franco, habría que decir que no se puede ser tan "pringado" como ha demostrado ser el Gobierno en este caso: no hace ni un año que se enterró en ese mismo lugar a la hija de Franco y supongo que entonces se supo --si no se sabía de antes-- que la dichosa familia tenía allí una tumba en propiedad. No hacía falta ser ni la mitad de maquiavélico, por seguir con el adjetivo, que la familia Franco para suponer que la siguiente jugada podía ser precisamente ésta. Uno debe de saber con quién se enfrenta si no quiere, además de ser derrotado, hacer el ridículo.

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    • MUTX MUTX 19/10/18 22:39

      Totalmente de acuerdo, estado laico ya, separación Iglesia-Estado y fin del concordado, cada oveja con su pareja, se acabo esta Edad Media en la que vivíamos. 

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  • luzin luzin 15/10/18 15:44

    Que los Franco compraron los panteones en la cripta de la Almudena era vox populi, aquí lo exprese en su momento afirmando que lo más probable es que se lo llevasen allí. No entiendo muy bien qué pretende el Gobierno y qué jaleaban sus acólitos. ¿Pensaban que lo iban a llevar a un nicho?
    Lo fundamental, el debate fundamental, es que la Iglesia y el Estado deben estar separados estrictamente, esto si que es un grave conflicto político que pone a prueba la salud de nuestro sistema democrático ¿por qué no se aprovecha el momento?

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  • MASEGOSO MASEGOSO 15/10/18 14:28

    Agradecer el esclarecimiento del Código Canónico. No podemo solvidar que l Iglesia Católica Española y Romana dieron su beneplacito a Franco y, para más abundancia de datos, PioXII (cardenal Pacelli) bendijó los cañones del TPV cuyo traslado a España era para matar españoles.

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  • Aserejé Aserejé 15/10/18 13:09

    Muchas Gracias Sr. Magistrado por la deslumbrante claridad y extraordinario (como dicen los comentaristas) e irrefutable articulo. A ver si la Iglesia Catolica demuestra valentia y apoyo a los Derechos Humanos y a la democracia española y al Derecho Canonico y se atreve a impedir q la momia (como dijo su nieto francis,al q la Audiencia Podrida ha exonerado por atropellar y amenazar a la Guardia Civil) del dictador asesino la metan nada menos q en la catedral de la almudena para regocijo de los fascistas q no pararan de hacerle homenajes, para humillacion de las victimas q defendieron la republica y escarnio de los q defendemos la democracia y los Derechos Humanos.

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  • Copito Copito 15/10/18 11:38

    Qué más puedo añadir a esta brillante reflexión?. Totalmente de acuerdo.

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