x

Nos gustaría enviarte notificaciones de las últimas noticias y novedades

PERMITIR
NO, GRACIAS
X

La buena información es más valiosa que nunca | Suscríbete a infoLibre por sólo 1 los primeros 15 días

Buscador de la Hemeroteca
Regístrate
INICIAR SESIÓN
¿Olvidaste tu contraseña?
infolibre Periodismo libre e independiente
Secciones
Plaza Pública

Galdós y la mezquindad

Publicada el 18/02/2020 a las 06:00

La lucidez crítica de Luis Cernuda dedicó a Galdós uno de los ensayos más inteligentes que se hayan escrito sobre su obra, y allí se lee que sus verdaderos lectores aún no han nacido, y que tal vez no aparecerán nunca. La celebración del centenario galdosiano parece una buena ocasión para conjurar la incomprensión que lo persiguió siempre, porque su portentoso don para la escritura y su humanismo le hicieron merecer una legión de lectores, pero su conciencia crítica y su acusación de una sociedad inmovilista lo hicieron víctima de los poderes de turno: fue sometido a una mezquina campaña de desprestigio que hasta logró que le negaran el merecidísimo Nobel –en la historia de las letras hispánicas son Galdós y Borges las ausencias más flagrantes de un premio que les fue usurpado a ambos por distintas razones políticas—. Luego, la larga noche franquista hizo el resto.

En estos días Javier Cercas ha dedicado una entrega de su columna “Palos de ciego” a poner en tela de juicio el legado de Galdós, y lo hace de un modo desconcertante. Lo contrasta con el Quijote, por ejemplo, como si esa inmensidad narrativa que es Galdós tuviera que tener siempre la misma altura. O como si Cervantes no fuera también autor de obras menos trascendentes, como La Galatea. Pero además Cercas dice que las obras galdosianas son pedagógicas, y redundantes, porque “lo que ellas enseñan ya lo enseñan los libros de historia”, y lo ve como culpable del “realismo didáctico” de cierta literatura de hoy. Aparte de la falta de perspectiva —histórica y literaria— del articulista, que no ve a Galdós como hijo de su siglo —como Cervantes o Garcilaso lo fueran del suyo—, parece que no cuenta con que muchos lectores no solo hemos leído a Galdós, sino también al propio Cercas. Y que podemos detectar cuánto puede haber de didactismo en obras que incluyen obsesivas explicaciones y justificaciones de alguien que no lleva bien el pasado franquista de su familia. ¿Es esa la “objetividad”, “imparcialidad” y “neutralidad” que según el autor “constituye uno de los pilares de la novela moderna”? Por supuesto, esto no es una crítica a esa actitud literaria, ni tampoco a ese pasado suyo: es muy legítimo que la escritura sea un exorcismo de cualquier demonio interior, y que se piense distinto que Galdós. Lo que llama la atención son las contradicciones en que incurre el autor, porque cuestiona lo que él mismo hace. En cuanto a la vocación histórica mencionada, la verdad es que hay tantas páginas en El monarca de las sombras contando batallas que ya cuentan los libros de historia, que tampoco se entiende la reflexión, así que la primera conclusión ante el artículo es que el nombre de su columna, “Palos de ciego”, resulta coherente.

Por otra parte, intentar comentar esos ataques no tiene mucho sentido, porque ya lo adelantó todo Cernuda, lúcido y profético como Galdós. Decía el poeta sevillano que la honestidad y discreción galdosiana “le impidió utilizar su obra para hablar de sí y hacer en ella su propio reclamo, como lo han hecho hasta la náusea las gentes del 98”. Algunos autores actuales también lo hacen, y de ahí la pregunta de Constantino Bértolo en El sentido del rencor: “¿por qué ahora al vender morbo lo llaman autoficción?”. No abundaré sobre los pasajes de Soldados de Salamina dedicados a Roberto Bolaño, ya entonces premiado con el Herralde, donde Cercas hace decir al escritor chileno cuánto le gustan sus libros —a Bolaño, por cierto, este uso de su persona no le gustó nada—. Tampoco abundaré sobre los pasajes que, en El monarca de las sombras, insisten en hablar de Trueba y su divorcio de una conocida actriz. Sin embargo el morbo y el mercado parecen mandar más que otros valores. Pero sigamos con Cernuda: nos dice que el genio y la inventiva de Galdós tienen la estatura de Cervantes, y nos habla también de su consideración de la intolerancia y la ignorancia como problema nacional, y de que su obra no ha envejecido, como sí lo han hecho Balzac y Dickens, porque no resulta folletinesco ni sentimental, y concluye: “con Dostoiewsky, acaso sea otro de los novelistas del siglo pasado cuya obra se conserve hoy enteramente viva”. Es decir, dice Cernuda lo contrario que Cercas, pero lo argumenta con su lectura. Enaltece a los personajes quijotescos y visionarios del autor canario, porque es esa locura la que hace marchar al mundo, y cuestiona las críticas al estilo galdosiano, porque, nos dice, don Benito introduce en nuestra narrativa el habla viva con toda su verdad, y anticipa lo que después se llamará “monólogo interior”. La síntesis de toda la valoración cernudiana está en esos conocidos versos donde retrata a Galdós como "tolerante de lealtad contraria, / según la tradición generosa de Cervantes”. Eso que tanto nos falta todavía. Esa nobleza y generosidad cuya carencia se llama, según nuestro diccionario, mezquindad.

De la inquina contra Galdós por parte de cierta España ya han hablado muchos. De la inquina y envidia de la generación del 98 se ha hablado menos. Por supuesto, el parricidio literario es ley del relevo generacional, pero hay mucho más. Galdós recuperó el lenguaje popular con toda su poesía, viveza y musicalidad, y lo opuso al envaramiento que aún hoy aqueja a muchos de nuestros narradores, empeñados en no atender lo que se hace fuera de nuestras fronteras. Entonces se le llamó vulgar, su propuesta resultaba incómoda, como la opuesta, la de los modernistas hispanoamericanos: en una España encerrada en sus murallas de siempre no podía aceptarse que la literatura hispánica de ultramar —que empieza en Canarias, la tierra de Galdós— viniera a enseñarle nuevos caminos. Extrapolemos la problemática a la actitud hacia esos otros ultramarinos. En España vivió durante años Rubén Darío, de casta cervantina también, y el trato altanero que se le dedicó fue el mismo. Galdós, que hablaba varios idiomas y estaba informado de lo que pasaba en el mundo, venía de unas islas lejanas que eran una encrucijada de culturas y gentes, un lugar por donde circulaban los libros y las ideas, y a donde se enviaba exiliados a los heterodoxos desde mucho antes de que Primo de Rivera desterrara en Fuerteventura a Unamuno. Y de allí viene su mirada atlántica, cosmopolita, excéntrica, distinta y necesaria. Darío venía de las antiguas colonias de ultramar, y el desprecio y la arrogancia nacional no alcanzaron límites con él. En esos años de la crisis del 98, entregó a nuestro país versos y prosas inolvidables y pidió el regreso de la divina locura quijotesca, porque los ideales son necesarios para el progreso de los pueblos. Criticó además en sus artículos el desinterés español por todo lo extranjero, junto con el dogmatismo, la ortodoxia, la influencia clerical en la enseñanza o el inmovilismo de la lengua. Unamuno, que al principio defendió la sensatez de Alonso Quijano, se situará en la estela de Darío, que es también la de José Martí, por el mestizaje y frente al casticismo. De resto, el resentimiento hacia Darío se impone: Clarín, malintencionado, habla de su “nota cursi, del mal francés”; Salvador Rueda lo llama “mulato de oído sedoso”; Baroja —ese mismo que cuestiona a Galdós— dice que Darío tiene buena pluma porque “es indio”. Por fortuna después Valle-Inclán —que admiró a Galdós más allá de la puntual anécdota garbancera—, los hermanos Machado y Juan Ramón Jiménez, entre otros, nombran a Darío como gran maestro y es un clásico reconocido universalmente. Todo esto, para ejemplificar la arrogancia de una España que ha tendido a ignorar o despreciar su vertiente atlántica.

En cuanto a Galdós, ha tenido igualmente formidables valedores, como el propio Cernuda, o Max Aub, o Luis Buñuel, y aunque haya quienes le siguen negando el pan y la sal, es uno de nuestros clásicos irrenunciables. Ocurre que es verdad que Galdós nos habla todavía, como dijo ya Cernuda en 1954. Es sobrecogedora su actualidad, como lo es la de Cervantes. Y ni Cervantes ni Galdós tienen la culpa de que buena parte de nuestra novelística permanezca en ese tedioso tradicionalismo que cuestiona Cercas. “Cuando oigo decir que una novela es cervantina salgo huyendo”, ha escrito Bértolo. El problema, por tanto, es otro.

______________________

Selena Millares es escritora y catedrática de Literatura Hispanoamericana en la UAM.

Más contenidos sobre este tema




9 Comentarios
  • frida56 frida56 21/02/20 19:10

    Me ha gustado mucho su artículo (leído ya fuera de tiempo) Hace ud un análisis que comparto. No comprendo esa manía de algunos escritores o críticos literarios de sentar cátedra sobre lo que otros colegas hacen o han hecho en siglos pasados,ni esa constante de comparar con Cervantes.  Leí por primera vez a Galdós en mi lejana adolescencia,por casualidad,y me encantó tanto que he leído casi todas sus novelas. Muchos años después visité su Casa- Museo y leí fragmentos de su obra no novelística y quedé asombrada de su actualidad;así pues, me apunté a leer el resto de su obra (aun estoy en ello) Solo valoro a un autor como lectora y me da igual las opiniones ajenas,más si provienen de eruditos y escritores. Me gusta casi toda la Generación del 98,pero no la considero peor o mejor que a otros. Dickens me parece estupendo y no veo que tenga que meterse debajo de la cama porque exista Shakespeare,que me parece sublime. También leo a Cercas...Uno de los grandes escritores en nuestra lengua es Alejo Carpentier,pero como apoyó la Revolución Cubana lo han estigmatizado

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    0

  • Gordini Gordini 19/02/20 05:51

    Estupendo artículo y muy bien escrito, por cierto, algo que escasea en estos tiempos, en que tanto se escribe.
    Gracias por la memoria histórica, que debemos reivindicar más allá, incluso, de la tan urgente que nos devuelva la verdad sobre el franquismo y siempre a través de don Quijote, nuestro héroe de cabecera.

    Responder

    Denunciar comentario

    2

    4

  • irreligionproletaria irreligionproletaria 18/02/20 21:30

    "En estos días Javier Cercas ha dedicado una entrega de su columna “Palos de ciego” a poner en tela de juicio el legado de Galdós, y lo hace de un modo desconcertante. Lo contrasta con el Quijote, por ejemplo, como si esa inmensidad narrativa que es Galdós tuviera que tener siempre la misma altura. O como si Cervantes no fuera también autor de obras menos trascendentes, como La Galatea. Pero además Cercas dice que las obras galdosianas son pedagógicas, y redundantes, porque “lo que ellas enseñan ya lo enseñan los libros de historia”

    Leí por primera y última vez a Cercas en 'Anatomía de un instante'

    Y, sorprendida, concluyo: sus textos, los de Cercas, además, tampoco llegan a ser historia... Yo viví lo acontecido y créame, no.

    Discúlpeme, Sr. Cercas, el 'y tu mas' ni siquiera corresponde... V, menos, solo 'Los episodios nacionales' son 46... la obra galdosiana, la conocemos todos.

    Don Benito es el mejor escritor de novela realista del XIX.
























    Responder

    Denunciar comentario

    Ocultar 1 Respuestas

    3

    3

    • irreligionproletaria irreligionproletaria 19/02/20 13:40

      PD. "Observaciones sobre la noela contemporánea en España. Benito Pérez Galdós. 1870.

      "El gran defecto de la mayor parte de los nacionales es haber utilizado elementos extraños, convencionales, impuestos por la moda prescindiendo por completo de los que la sociedad nacional y coetánea les ofrece con extraordinaria abundancia. Por eso no tenemos novela; la mayor parte de las obras que con pretensiones de tales alimental la curiosidad insaciable de un público frívolo en demasía, tiene una vida efímera determinada sólo por la 1ª lectura de unos cuantos millones de personas, que únicamente buscan en el libro una distracción fugaz o un pasajero deleite. Es imposible que en país alguno ní en ninguna época se haga un ensayo mas triste y de peor éxito que el que los Españoles hacen de algunos años a esta parte por tener novela. En vano algunos editores diligentes han acometido la empresa con ardor, empleando en ello todos los recursos de la industria librera; en como las revistas y las publicaciones periódicas mas acreditadas, han tratado de estimular a la juventud prefiriendo algunas obras muy débiles de escritores nuestros, a las extranjeras, realmente muy buenas; en como la Academia ofrece un premio pecuniario y honorífico a una buena novela de costumbres. Todo es inutil. Los editores han inundado el país de un fárrgo de obrillas, notables solo por los colorines de sus lujosas cubiertas; la prensa tiene que recurrir de nuevo a su sistema de traducciones; y raras veces llega al recinto de la Academia un manuscrito de mediano precio, pudiendo asegurarse que no pecan de severos los inmortales de la calle de Valverde al escatimar el premio mayor con una prudencia casi sistemática.

      Este fenómeno es singular atendiendo a lo que la poesía lírica ha producido en este siglo, y el brillante periodo del teatro contemporáneo. Pero tal vez se encuentre una explicación satisfactoria fijándose en la españolísima índole de la novela de costumbres y relacionándola con nuestro carácter y nuestra educación literaria.

      Las personas dadas a la investigación, explican esto diciendo: los Españoles somos poco observadores, careciendo de la principal virtud de la movela moderna..."

      Responder

      Denunciar comentario

      2

      2

  • cea cea 18/02/20 13:25

    No voy a ponderar el artículo porque especialista no soy.Me llama la atención que últimamente se escriba tanto sobre Galdós,Cercas,Muñoz Molina o este artículo...Yo he leído todos los Episodios Nacionales y algunas de sus novelas más conocidas;y a mí me gusta Galdós ,claro que también me gustan y mucho los Balzac,Zola ,Dickens y compañía;a lo mejor es que soy un antiguo y en esto a mucha honra!

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    5

  • cromwell cromwell 18/02/20 12:27

    Gracias Selena por tu magistral artículo para qiienes gustamos la literatura. Tuve la suerte de que en el colegio me hiciesen leer alguno de los volúmenes de los Episodios Nacionales lo que me hizo galdosiano pero no he conocido en plenitud al escritor hasta visitar la exposicion por su centenario en la Biblioteca Nacional. No se cómo calificar a Cercas pero sus libros no me "enganchan" aunque los relea. Para aprender historia de nuestro país, sobre todo del pasado siglo, he tenido que recurrir a fuentes orales, autores de Historia sin desdeñar la muy importate labor de la historia novelada.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    7

  • Republicano1944 Republicano1944 18/02/20 07:08

    Hay plumillas a los que un premio les turba la mente. Tenemos varios ejemplos.

    Responder

    Denunciar comentario

    8

    7

  • M.T M.T 18/02/20 06:49

    Enhorabuena a la autora por la excelente lección de Literatura y de Crítica literaria. No se puede decir tanto y tan denso en este interesante artículo.
    Coincido con la autora en la importancia de la perspectiva, el enfoque, la mirada a la hora de analizar a un escritor y su obra: Galdós en su tiempo y con su tiempo. Esa mirada hacia el habla viva, el monólogo interior o corriente de conciencia, que lo hacen tan intemporal me ha seducido.
    Gracias por esta lección, su saber y atinada escritura.
    Enhorabuena y gracias. De extraordinaria altura.

    Responder

    Denunciar comentario

    9

    11

  • Oishin Oishin 17/02/20 23:45

    Magnífica reflexión, como todas las de esta lúcida escritora y profesora. Argumentos bien fundamentados tanto en lo que a Cercas se refiere como en la justa reivindicación del gran novelista canario, que subrayan la pimpante pervivencia del autor de Fortunata y Jacinta. Y si en lo literario esto es muestra de genialidad, el que sigan vivas la intolerancia y la cerrazón, produce un lacerante dolor.

    Responder

    Denunciar comentario

    0

    20

Lo más...
 
Opinión