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La infravaloración de las vacunas

Ansgar Seyfferth
Publicada el 07/09/2021 a las 06:00

Últimamente parece extenderse entre algunas personas cierto desencanto con las vacunas contra el covid-19. Y no me refiero a los “antivacunas”, que en España afortunadamente son relativamente pocos, sino a partidarios que al parecer se esperaban una mejora más drástica de la situación conforme progresa la vacunación y que interpretan reveses como el reciente repunte de la mortalidad en nuestro país como un fracaso de las vacunas. Recurriendo a una comparación muy gráfica, es como remontar un río en barco lamentándose de la debilidad del motor ante el avance lento, sin percatarse de que se está avanzando en contra de una fuerte corriente, que si no fuera por el motor arrastraría el barco río abajo a velocidad de vértigo.

¿Cuál es esta corriente en contra? Por un lado, la variante delta, que hasta mayo apenas existía en España, ya es prácticamente la única presente, siendo según los primeros estudios dos o tres veces más contagiosa que las variantes anteriores y duplicando su tasa de hospitalización. Es decir, en cuatro meses hemos pasado de una pandemia en la que aún pudimos aspirar a la inmunidad colectiva a otra mucho más virulenta, enfrentándonos a uno de los virus respiratorios más contagiosos que se conocen. A ello se añade que en paralelo hemos vuelto a una relativa normalidad (y algunos más que a la normalidad a una irresponsabilidad e insolidaridad incalificables), facilitando por tanto la propagación del virus. Que aun así el impacto de esta quinta ola haya sido mucho menor que el de olas anteriores y que llevemos desde finales de julio con la incidencia bajando con fuerza, es el más que notable mérito de las vacunas, que queda patente de forma muy clara en dos gráficos del último análisis epidemiológico (nº 94) de la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica del Instituto de Salud Carlos III.

El primero nos muestra de qué manera ha bajado la mortalidad en relación con la incidencia, que es lo que se conoce como la letalidad de la enfermedad. (Es cierto que la incidencia reflejada en el gráfico depende de la capacidad de diagnóstico, que fue escasa en la primera ola, cuyo pico con la capacidad de tests de ahora se saldría del gráfico, pero a partir de la segunda ola es aproximadamente comparable). Mientras las primeras tres olas se caracterizaron por un marcado pico de mortalidad poco después del pico de incidencia, en la cuarta ola (esta primavera, con los más vulnerables ya vacunados) apenas hubo repunte de la mortalidad, y en la quinta ola ha sido muy reducido en comparación con la elevadísima incidencia.

El segundo gráfico evidencia uno de los motivos de esa bajada tan marcada de la letalidad. Donde la embestida de la variante delta en un contexto de relajación se mostró con toda su fuerza en esta quinta ola fue entre los jóvenes, con la inmensa mayoría sin vacunar. La franja de 20 a 29 años lleva tiempo encabezando la incidencia, pero en olas anteriores también acabó subiendo con fuerza en las demás franjas, como es lógico en una sociedad con relaciones intergeneracionales tan intensas como la española. En cambio, en esta quinta ola se ha propagado en mucho menor medida a los mayores, gracias a que ya estaban mayoritariamente vacunados. Por ello ha sido, como ya cabía esperar, sobre todo la ola de los jóvenes, que son los menos vulnerables. Obsérvese también que ya la cuarta ola pasó prácticamente de largo de la franja de edad de los mayores de 80 años, casi íntegramente vacunada ya entonces.

A ello se añade por supuesto que aquellos que se contagian a pesar de estar vacunados pasan en su gran mayoría la infección de una forma muy suavizada, lo que igualmente contribuye a bajar la letalidad y la tasa de hospitalización.

Hemos tenido una suerte inmensa de que la expansión de la variante delta nos alcanzara con la campaña ya tan avanzada, con una de las tasas de vacunación más altas del mundo. Ojalá otros países, que hasta ahora han recibido pocas dosis, puedan seguir pronto por el mismo camino.

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Ansgar Seyfferth es director para España y Portugal de la empresa STAT-UP Statistical Consulting & Data Science Services, profesor de bioestadística y de visualización de datos, y colaborador de la Fundación Alternativas.

 

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3 Comentarios
  • Ayla* Ayla* 07/09/21 20:23

    Es el problema de crear falsas expectativas, desde el principio se sabía que las vacunas no eran inmunizantes y desde la UE y después todos los gobiernos, empezaron a vender la inmunidad de grupo y el pasaporte covid para reanimar la economía.

    No tengo estudios de epidemiología, pero suelo aplicar la lógica y era evidente que las vacunas nos convierten en asintomáticos, que ya sabemos lo que significa.

    Lo que me gustaría saber es qué ha pasado con las vacunas del CSIC, que esas si eran inmunizantes. No interesa que avancen?. Claro, no se vaya a enfadar el CEO de PFIZER.

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  • jorgeplaza jorgeplaza 07/09/21 06:32

    No creo que casi nadie esté defraudado con las vacunas. De lo que algunos discrepamos es de que se pretendan convertir en obligatorias. No veo con qué fundamento se puede obligar a la gente a ponerse una vacuna que no corta los contagios. No solo eso, sino que muy probablemente no servirá para establecer la inmunidad de grupo porque el número medio de contagiados por cada contagiado tiene todos los visos de ser mayor que uno para las variedades más contagiosas incluso con todo el mundo vacunado. El argumento de que uno tiene la obligaión de vacunarse para no contagiar a los demás, que siempre me ha parecido dudoso, sencillamente es absurdo cuando la vacuna no es capaz ni de cortar los contagios ni de estableecer la inmunidad colectiva. Una consecuencia inmediata es que el llamado Pasaporte covid, que ya ha sido condenado por ilegal en varios tribunales, pasa a ser sencillamente absurdo con vacunas que tienen esas limitaciones: ¿qué sentido tiene, por ejemplo, exigirlo para entrar a un local público si, aunque sea con menor probabilidad que sin vacunar, en ese local puede darse un brote aunque todos los asistentes tengan el Pasaporte covid en regla?

    El Presidente del Gobierno y no solo él nos machacaron con el nivel del 70% de vacunación, que ahora ya sabemos que es insuficiente para eliminar la propagación exponencial de la enfermedad, como muy probablemente lo será cualquier nivel de vacunación, incluido el 100%. Más vale que nos vayamos acostumbrando a que la tasa anual de mortalidad se elevará un 10% o un 20% en los próximos años, quizá para siempre, y decidir si nos vacunamos o no por los mismos criterios que de la gripe, que también mata unos cuantos de españoles al año (ya sé que menos que la covid, pero miles de todas formas) y cuya vacuna, como las del covid, además de variar cada año es de limitada eficacia.

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    • ganoig ganoig 07/09/21 20:41

      Sí corta los contagios, es más difícil contagiarse si estás vacunado. Aventurar una mortalidad del 10-20% anual es totalmente incierto, las vacunas demuestran(ahí están los datos), que los vacunados fallecen menos. Si no se consigue la inmunidad de grupo, es por que la economía predomina por encima de otros criterios, se conseguiría inmunidad de grupo si se tratase de un grupo o sociedad perfectamente cerrados o aislados, pero vivimos en sociedades abiertas donde entran y salen personas continuamente, por eso puede que no se consiga la inmunidad de grupo, no por que las vacunas sean ineficaces. Es muy sencillo, ahora mismo, existen dos opciones entre las que elegir: vacunarse o infectarse, así de sencillo. Si te infectas, puedes tener secuelas permanentes, puedes morir. Es mucho más difícil e infrecuente que te pase eso si estás vacunado. Si estás vacunado y entras en un local donde hay un brote, será más difícil que te contagies, si por mala suerte te contagias, será más difícil que contagies a nadie más, pues tu carga viral será menor. Así que desde un punto de vista individual, lo responsable es vacunarse, para ahorrarse problemas graves. Desde un punto de vista social, lo solidario es vacunarse para no transmitir el virus a aquellos que nos rodean y que son más frágiles. Es el virus el que mata, las vacunas han salvado miles de vidas. Intentar dar a entender lo contrario o intentar sembrar sospechas sobre ellas,es la estrategia de los grupos antivacunas, basada en negar la realidad. Los datos son incontestable y abrumadoramente favorables a la vacunación.

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