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Los estereotipos: un pasito pa’ delante y dos para atrás

Todos los días se cuelan en el timeline y los muros de nuestras redes sociales, así como en las agendas de los medios de comunicación tradicionales, noticias que no tendrían que existir, pues narran estereotipos que deberían haberse erradicado hace mucho tiempo y, sin embargo, se perpetúan.

Explica el antropólogo J.J. Carvalho en la voz que hizo para el Diccionario de relaciones interculturales que esto se debe a que son parte de nuestra naturaleza cultural, pues somos animales sociales y animales que categorizan. En este sentido, los estereotipos son necesarios para esquematizar y dibujar modelos que nos permitan hacer de la realidad y de nuestro entorno algo asequible. Pero, al mismo tiempo, reducen y generalizan ese mar de complejidades, siendo una importante fuente de injusticias y llegando a comportar estigmas y prejuicios.

Este concepto fue encumbrado por Walter Lippmann en su visionaria obra La opinión pública (1922), quien como recuerda Noelle-Neumann al ser periodista, conocía bien la tecnología de la imprenta de la época, donde los estereotipos eran los múltiples textos resultantes del molde fijo en el que se había originado la primera impresión. Es decir, en la imprenta hacían referencia justamente a la reproducción y difusión cuantas veces se quisiera de un mismo molde. A partir de la observación de esta mecánica, Lippmann concibe el concepto de estereotipo como moldes a través de los cuales vemos el mundo, pues son una selección de aquello que nuestra cultura ya ha definido por nosotros y que heredamos de nuestra sociedad.

Podemos ejemplificar el lastre que suponen ciertos estereotipos que siguen permeando la cultura occidental del 2022 con sólo tres casos entre los más recientes y los más sonados:

1-. En tiempos en los que las mujeres estadounidenses quedan privadas de algo tan fundamental para su libertad, como es el derecho al aborto o en los que, en España, presenciamos los asesinatos de personas que sueñan con tener un futuro, hay una buena parte de la sociedad, tan morbosa y a la vez tan casposa, que se escandaliza, mira y comparte un vídeo de Santi Millán manteniendo relaciones sexuales con una mujer que no es su pareja. Vídeo que fue difundido sin el consentimiento de los involucrados y que pronto se viralizó, llegando a muchos medios de comunicación que decidieron ascenderlo a categoría de noticia y lo hicieron, además como denuncia la mujer del actor, Rosa Olucha, tratándolo como un escándalo en vez de como un delito.

En esa carta tan perfecta que publicó, Olucha pone de manifiesto un estereotipo que no logramos sacarnos de encima: todo el mundo dio por hecho que el actor mantiene una relación monógama y que su mujer estaría pasando por la vergüenza de ser una pobre cornuda. Frente a esto, ya es hora de que veamos que lo que se entiende por normal es en realidad lo normativo. Para ello, la poeta Sara Torres habla en una entrevista reciente de la necesidad de multiplicar los discursos que evidencian las convenciones que naturalizamos. Al respecto, sugiero dos series: Intimidad y Trigonometry. La primera, que afortunadamente ha tenido una gran repercusión, trata sobre el derecho a la privacidad sexual. La segunda, menos conocida, nos muestra las muchas formas que existen de amar y lo hace a través de una relación poliamorosa.

2-. El bofetón que le propinó Will Smith a Chris Rock en la pasada gala de los Oscar como respuesta al comentario que hizo el cómico (en un marco que era el de hacer chistes) sobre la alopecia de la bellísima Jada Pinkett, esposa de Smith. El actor decidió arruinar la que debía ser su velada más importante perpetuando la conducta del macho alfa que considera que ha de defender a “los suyos”. Smith no dejó que Pinkett, de considerarlo oportuno, se defendiese sola, así, mientras un hombre se reía de su falta de pelo, su marido le arrebata la propia voz.

Este comportamiento se debe a que, en última instancia, consideraba que a quien se estaba ofendiendo era a él. Se trata de un modelo tóxico y machista, cuya estructura vemos repetida en una infinitud de situaciones. Por ejemplo, toda vez que una mujer se tiene que inventar un novio o un marido para ser dejada en paz, pues sabe bien que ese hombre respetará mucho más el orgullo de otro hipotético hombre que la voluntad de una mujer.

3-. El cantante Omar Montes fue recientemente al programa El Hormiguero para promocionar su próximo single. El conductor del programa le dijo que llamase a un número al azar y preguntase: "¿Sabe usted qué es lo que quiero?". Si la persona respondía correctamente podía ganar seis mil euros. Pues bien, Montes, en vez de limitarse a la pregunta que se le había encomendado y que, por cierto, ni siquiera hizo, le dijo a la señora que contestó: “ponga la tele que se va a ir usted de vacaciones con su marido”. A lo que ella respondió: “a mi marido lo tendré que sacar del cementerio si me tengo que ir con él”. En fin, hablando de estereotipos, este chico, genio y figura hasta la sepultura, dio por hecho que una señora tiene que estar casada, que ha de estarlo con un hombre y, encima, se lo tiene que llevar de vacaciones... No vaya a ser que se le ocurra ir sola, por ejemplo.

En definitiva, nuestras limitaciones y la complejidad del todo nos conducen inevitablemente a poner en acto mecanismos de simplificación como la cognición laminada, que, como explica Carvalho (2007), se trata de “procesos llevados a cabo por la memoria a corto plazo para procesar la complejidad de la información entrante a través de su fragmentación en porciones familiares”. Pero ello no exime de la importancia de tener una actitud crítica, de estar atentos al contenido que nos llega a través de las redes sociales, los medios de comunicación y las situaciones cotidianas, con el fin de observar si son textos que tratan de reforzar o de poner en cuestión los sistemas de sentido dominantes y los lugares comunes.

En palabras de Lippmann (2003), “esta manera de ver el mundo es una forma de economizar. Si siempre empleásemos una mirada inocente y minuciosa, en vez de verlo todo en forma de estereotipos y generalidades, nos agotaríamos”. Y esto conlleva, por un lado, la dificultad de desprenderse de estas imágenes mentales adquiridas y preconfeccionadas; y, por otro, el peligro de que algunos moldes de pensamientos que se creían ya superados retornen y lo hagan llevándose por delante los derechos de miles de personas. Por ello, hay que estar en guardia, reconocer los estereotipos heredados que ya no podemos aceptar y luchar por eliminarlos con propuestas discursivas alternativas.

Algunas lecturas sugeridas:

●      Lippmann, W. (2003), (v.o. 1922): La opinión pública, Madrid, Cuadernos de Langre.

●      Noelle-Neumman, E. (1995), (v.o. 1977): La espiral del silencio. Opinión pública: nuestra piel social, Barcelona, Ediciones Paidós. 

Todos los días se cuelan en el timeline y los muros de nuestras redes sociales, así como en las agendas de los medios de comunicación tradicionales, noticias que no tendrían que existir, pues narran estereotipos que deberían haberse erradicado hace mucho tiempo y, sin embargo, se perpetúan.

Explica el antropólogo J.J. Carvalho en la voz que hizo para el Diccionario de relaciones interculturales que esto se debe a que son parte de nuestra naturaleza cultural, pues somos animales sociales y animales que categorizan. En este sentido, los estereotipos son necesarios para esquematizar y dibujar modelos que nos permitan hacer de la realidad y de nuestro entorno algo asequible. Pero, al mismo tiempo, reducen y generalizan ese mar de complejidades, siendo una importante fuente de injusticias y llegando a comportar estigmas y prejuicios.

Publicado el
6 de julio de 2022 - 21:09 h
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