¡A la escucha!

'Tití'

Este domingo, si van a ver el España-Alemania de rugby, fíjense por favor en uno de los jugadores de nuestro equipo. Es fácil de reconocer, es el único jugador negro de la selección. Se llama Thierry Futeu, pero todos lo llaman Tití. Le verán correr con una zancada muy peculiar: no es demasiado rápido, es verdad, pero es muy efectivo. Corre como un tanque. Se va quitando los rivales como si fueran muñecos de papel y llega hasta la línea de ensayo con una sonrisa de oreja a oreja. No es para menos. Hace 6 años salió de Camerún con un único objetivo: lograr ese ensayo en su vida.

Tití salió con 18 años de Camerún. Su sueño era jugar a rugby y lograr ser jugador profesional. Atrás dejó a sus padres, a sus dos hermanas, su casa, sus amigos, su vida... Durante 2 meses estuvo andando por el desierto, atravesó Nigeria, Níger, Argelia y llegó hasta Marruecos. Allí le dijeron que podría jugar en algún equipo, pero en Marruecos son contados los equipos. Fue entonces cuando el sueño de Tití se convirtió en una pesadilla. Se quedó atrapado 6 meses en Marruecos. En sus planes no entraba volver a Camerún, así que se marcó otro objetivo: llegar a Europa. Dormía en el monte Gurugú, con todos los migrantes que como él estaban esperando a saltar la valla o pasar en patera a España. Se levantaba a las 5 de la mañana porque sabían que pasada esa hora llegaba la policía y podían detenerle. Sobrevivió pidiendo dinero en la calle, recogiendo comida de la basura.

Fueron meses durísimos: te lo cuenta sin cambiar el gesto. Intentó tres veces saltar la valla. Dos no lo consiguió. Y por su envergadura, por su cuerpo, recibió muchos palos. Cuando le preguntas si entonces no se le pasó por la cabeza dejarlo y volver, él te mira fijamente: "Pasé mucho miedo, es verdad, pero volver no era la opción". A la tercera, efectivamente, lo consiguió, logró entrar. Aquel día lo recuerda con alegría y lo celebra como un cumpleaños: fue el 28 de mayo de 2014. Allí en Melilla llegó su siguiente etapa: el CETI. Esa fue su casa durante los siguientes 6 meses, los cuales dedicó a perfeccionar su español y empezar a pensar en serio en materializar su sueño. Empezó a buscar por fin un sitio en el que empezar a jugar de forma profesional.

Llevaba demasiados meses sin tocar un balón ovalado, casi desde que salió de Camerún. Apenas había podido entrenar, así que empezó por recuperar su forma física y a informarse de a dónde podía ir y cuáles eran sus posibilidades. Y acabó en Madrid. Primero en Miraflores de la Sierra, en una ONG que le abrió las puertas y le ayudó a buscar ese equipo en el que por fin hacer realidad el sueño que le sacó de Camerún.

Desde hace ya dos temporadas viste los colores del Alcobendas, el equipo de rugby que se ha convertido en su familia y desde el que ha dado el salto a la selección española. Estuvo convocado en noviembre, pero todavía no tenía los papeles en regla. Y este fin de semana, por fin, logra cumplir otro sueño, ser internacional. Dice que se siente muy orgulloso de defender los colores de España, que es su mejor forma de dar las gracias por todo lo que ha recibido en este país.

Cuando le preguntas qué vendrá después del rugby, lo tiene clarísimo: quiere volver a casa, a Camerún, a montar una escuela de rugby en la que acogerá a niños sin familia que viven en la calle. Quiere que el rugby sea el hogar de aquellos que lo perdieron todo. Una escuela convertida en una especie de ONG. Dice que cada día va dándole forma a ese sueño. Y lo dice, de nuevo, con una sonrisa de oreja a oreja.

Llevo muchos años viviendo de cerca el rugby: soy pareja y madre de jugador. Conozco bien el respeto que dentro y fuera del campo se tiene al rival y a tus compañeros, los valores que este deporte marca a fuego a quien lo practica. Admiro su entrega, su valor por darlo todo en cada placaje y olvidarse de lo que ha pasado en el campo durante el tercer tiempo, en el que lo que importa es confranternizar con el rival. Lo conozco bien, sí, pero lo que ha vivido Tití es especial. Lo dejó todo por este deporte, arriesgó su vida por perseguir un sueño. Cuando le pregunto que qué le diría al Tití que con 18 años está a punto de irse de Camerún para buscar su sueño no lo duda ni un segundo: que no lo haga, que se quede en casa. Esto ha sido muy duro.

Así que si tienen la oportunidad de ver el partido, piensen en lo que le estará pasando por la cabeza a ese chaval que lo dejó todo por un sueño.

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