Plaza Pública

El acuerdo UE-Turquía a debate y el leguleyo Rajoy

Susana Rodera Ranz

Rajoy comparecía ante el Congreso de los Diputados por primera vez como presidente del Gobierno en funciones tras la cumbre europea de marzo, para dar unas explicaciones que no quería ni quiere dar. Las circunstancias le han llevado –por no decir forzado– a ello. El presidente –y no es momento de recordar sus buenos momentos, como el de los hilillos de plastilina, pero tampoco es banal– se comprometió, como cargo transitorio, a trasladar lo que el Parlamento español le indicó. No lo hizo. Rubricó un acuerdo UE-Turquía, que con gran razón se ha ganado el calificativo de acuerdo de la vergüenza.

Faltó a la verdad a un Parlamento, que, le guste o no, representa al pueblo español tanto como él –de manera desproporcionada, viene al caso recordarlo– y que le considera representante de nuestro país de manera transitoria y, por tanto, con mayor necesidad de control sobre su actividad que nunca. Sin embargo, no están acostumbrados a ello. No están acostumbrados a dar cuentas. Pero sí a dar lecciones.

En la sesión de Pleno del 6 de abril de 2016 se escenificó el nivel de discurso político de nuestro país. Alguien que no quería ni quiere dar explicaciones suele hacerse el sordo. Da lo mismo que se expliquen las razones humanitarias, que se recuerden los derechos humanos –y nuestros compromisos con ellos– o la política europea como argumentos para recordarle a Rajoy y su Gobierno en funciones que lo que han aprobado ha sido contrario a todos ellos. ¡Claro, que es el presidente al que no le consta la búsqueda de desaparecidos en su propio país!

Pues bien, se le han dicho muchas cosas y se le pueden decir más al Sr. Rajoy en su comparecencia (omitiremos deliberadamente al Sr. Hernando). Resulta destacable que alguien le recuerde que se llena la boca con la palabra refugiados cuando precisamente lo que han hecho él, sus colegas y la Unión Europea es negarles tal condición mediante ese acuerdo –Alberto Garzón dixit–. Varios le han recordado el mercadeo que supone este acuerdo de la vergüenza, la ignorancia de nuestro compromiso con los derechos humanos, y un largo etcétera (con más de una referencia a la opinión de las ONG).

Las conclusiones del Pleno celebrado ayer se reducen a dos. Por un lado, mientras la izquierda parlamentaria cita los derechos humanos en sus argumentos, la derecha lo hace con la economía y la defensa de sus ranchitos. Cuestión de prioridades, como siempre. Por otro lado, Rajoy y su grupo parlamentario han mostrado varias cosas: que su sentido del humor es dudoso –se ríen ante querellas que debieran avergonzarles–; su sordera es evidente, o su hipocresía manifiesta, ante las respuestas tipo "manzanas traigo..."; y su credibilidad se reduce a la nada cuando sus palabras se fundamentan en falsas referencias jurídicas. Respecto a esto hay que recordarle al Sr. Rajoy varios aspectos del Derecho.

Nuestro Presidente en funciones confunde términos importantes, algo muy grave para ser jurista y para los cargos que ha ostentado y ostenta. La reubicación es la distribución dentro de la propia Unión Europea de las personas que requieren protección internacional, mientras que el reasentamiento es el procedimiento de asentar a una persona en o desde terceros países –pasando de una protección temporal a una definitiva–. Por otro lado, recordemos hasta la saciedad que ningún ser humano es ilegal. Pero además, ninguna persona demandante de asilo es irregular, porque en el momento en que presenta dicha solicitud de asilo pasa a tener un estatuto especial y temporal de protección –que en estos momentos se está negando a miles de personas que esperan que dichas solicitudes sean al menos admitidas a trámite y, desde luego, resueltas con la mayor celeridad; parece ser que existen recursos para el envío de la Guardia Civil y sus colegas europeos, pero no para el envío de personal que tramite estas solicitudes lo antes posible, lo que pondría fin a la situación de limbo en la que están sobreviviendo todas estas personas y a las expulsiones o devoluciones ilegales que se cometan–. El Derecho nacional –de asilo, en el caso de Turquía al que se ha referido el Sr. Rajoy para justificar su cumplimiento del respeto de los derechos humanos– puede conculcar el Derecho internacional que protege esos derechos humanos, así que no son nada oportunas esas referencias al ámbito normativo turco. En el caso que nos ocupa, el acuerdo UE-Turquía de hecho contraría de manera muy clara el Derecho europeo (UE), la Convención Europea de Derechos Humanos (Consejo de Europa) y la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 (ámbito global). Quizá hoy el Sr. Rajoy no se graduaría en Derecho.

Así que, Sr. Rajoy, por mucho que se empeñe, Turquía no respeta los derechos humanos, no es un país seguro, Grecia no es el culpable –al menos no en exclusiva como ha querido dar a entender respecto a su decisión de expulsar “a un país seguro”– de las decisiones impuestas por una Unión Europea en la que cada país defiende sus intereses y en los grandes momentos muestra su más sincera insolidaridad (ver Lesbos, 'zona cero' del derecho de asilo (CEAR)). Por mucho que se empeñe, que todos sus colegas europeos hayan rubricado tal acuerdo, no le da el valor de verdad absoluta ni de acuerdo legal, porque las mayorías también se confunden –y más, si cabe, cuando sus intereses y fines están puestos en entredicho–. Por mucho que se empeñe, la Unión Europea es cómplice de esta barbarie en la que se manifiesta una falta de valores que no es circunstancial. Y recuerde que hace unos días Turquía asesinó a varias personas. La Unión Europea debería decir algo al respecto. Usted, también.

Dígame ahora Sr. Rajoy, cómo tiene las tragaderas de decir tan alto y tan claro "no soy consciente de haber incumplido el mandato de esta cámara".

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Susana Rodera Ranz es Doctora en Derecho

y experta jurídica en derechos humanos y migración

Una diputada, al presidente: “Señor Rajoy, no sabe de lo que habla, yo también fui refugiada”

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