Pisar la cabeza de los muertos

Pedro Sánchez dijo que no podría dormir con Pablo Iglesias de vicepresidente pero aparentemente ha dormido a pierna suelta tras ver las imágenes de seres humanos apaleados y amontonados por intentar pasar al país que preside. No dudo que ha dormido bien porque uno duerme bien si el trabajo está bien hecho. Y ese, según dijo, era fantástico. Su policía, la nuestra, la que pago yo con mis impuestos, se había coordinado con la marroquí, ese paradigma de los derechos humanos que el presidente no para de elogiar últimamente, y el resultado de su magnifico trabajo son 37 seres humanos muertos, decenas de heridos y unas imágenes que harían revolverse a cualquier persona con un mínimo de empatía. No al presidente del Gobierno de mi país, parece ser. Su tranquilidad y la firme posición de todo el ala socialista del Gobierno en defensa de la actuación hispanomarroquí y la utilización del argumentario, el lenguaje y hasta el tono soberbio de la extrema derecha así lo hacen entender. Es decir, que los miembros del Gobierno que se han expresado en ese sentido (el presidente, la portavoz y la ministra de Defensa, por ejemplo) parecen haber dormido a pierna suelta. Como Santiago Abascal.

Es gente que, a tenor de lo dicho, siente más el rasguño de un español que la muerte de un negro pobre. Y si no es así, no han dicho lo contrario. Que en política es la mejor manera de decir cosas

Escuché decir a Óscar Camps, el director de Proactiva Open Arms, que sabía perfectamente que ninguna persona, ni la más ultra, dejaría a un ser humano ahogarse en el mar si tuviera en su mano salvarlo. Quiero creer que es así. Pero no podría asegurarlo. Tampoco podría asegurar que esos tres miembros del Gobierno (y todos los socialistas que se han callado) tienen mayor problema con la muerte de 37 seres humanos pobres, desesperados y hambrientos a manos de la policía marroquí, y las decenas de heridos a manos de la policía española. La única solidaridad real que han mostrado fue con los 47 policías heridos, de los que solo uno está de baja cuando escribo estas líneas, porque el resto tienen rasguños y alguna luxación. Es decir: es gente que, a tenor de lo dicho, siente más el rasguño de un español que la muerte de un negro pobre. Y si no es así, no han dicho lo contrario. Que en política es la mejor manera de decir cosas.

Me espanta la abyección de la reacción de la parte socialista de mi gobierno, pero me horroriza más porque se supone que estamos cerca. Sinceramente, después de leer a Margarita Robles en El Mundo pensé que había que ir a votar para pararla a ella tanto como para parar a Vox. Y esto es doloroso, porque han votado o votan al PSOE mi padre, mis amigos, mi familia, algún amor

No sé qué izquierda es esa que no considera sus muertos a los más pobres y desesperados entre todos. No sé a quién nos van a decir que hay que parar si cuando se traza la línea definitiva, la de los desarrapados, el PSOE y Vox se sitúan al mismo lado en fondo y hasta en forma. No sé qué más líneas rojas se pueden cruzar. Bueno, sí lo sé: esta es la definitiva.

Creo que, igual que me pasa a mí, algo se ha roto para siempre en muchas personas de izquierdas en estos días. Es doloroso presenciar tanta inhumanidad. Ninguna estrategia, ninguna coyuntura internacional, ninguna realidad política debe hacernos justificar a quien le pisa la cabeza a los que solo nos tienen a nosotros. No hay justificación para que se haga lo que se ha hecho ni hay nada que lo solucione. Se ha perdido lo básico. Y no hay vuelta atrás.

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