La trola más grande jamás contada

El profesor Ramón Tamames ha publicado su celebradísimo fárrago de censura para gozo de las almas constitucionalistas. Con motivo de tal gesta, este diario avanza a sus lectores la transcripción (rigurosa) de la primera intervención del genial aedo.

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Grmpf. Blurp. Ñeeeec. Procuradores generales de la nación, reverencias ilustrísimas, caballeros veinticuatro, tribunos de la plebe y autoridades del reino: cof, cof, ¡cof!

Comparezco hoy ante vuestras mercedes para denunciar las tropelías del valido de su majestad, quien, atentando contra el derecho natural y divino, ha permitido que los sodomitas y los perjuros tomen el reino. Donde antes había virtud, ahora campan la simonía y el pillaje. Los jóvenes, que crecen sin el salutífero temor del cielo, han olvidado las piadosas costumbres de sus antepasados y se entregan al amancebamiento y al pecado nefando. La corrupción ha hecho nido en los espíritus más volubles y el libertinaje roe lo que otrora fue el inmaculado tronco de la tierra de María Santísima.

Yo les pregunto, señorías, ¿qué diferencia estos días nuestra patria, tullida e invertebrada, de las ciudades de Sodoma y de Gomorra? ¿Qué de la pérfida Nínive o de la calenturienta Babilonia? El Gobierno ha cometido la imperdonable imprudencia de no contar con mis opiniones, condenándonos a todos a la inexorable hecatombe.

Lamento ofrecer a mis adversarios una prosa tan elocuente: para vencerme, tendrían que resucitar a Demóstenes, el tartaja. Agradezco al partido que me propone su gallardía ofreciéndome una tribuna (que indudablemente merezco), respondiendo así a la clamorosa voluntad popular que desea mi paternal tutela para regir sus necias vidas. Yo hice la Transición, ¿saben? No como ustedes, jóvenes melenudos. ¿Estuvieron en las algaradas del cincuenta y seis? ¿Qué hicieron cuando el narigudo Boabdil causaba desvelos a Isabel la Católica? ¿Es ese el feminismo cobarde y sectario que defienden?

Voecencias, parece que tienen delante a prócer de cejas pobladas y melodiosos carraspeos. Una vez me encarcelaron los grises, ¿van a detenerme ustedes ahora?

Por su incompetencia, nuestro imperio causa indiferencia en el concierto de las naciones. La plata venida de los virreinatos apenas da para pagar las deudas que contraímos con los banqueros teutones y la presencia de nuestra flota del Caribe es tan raquítica que hemos perdido el monopolio de la especiería. Nuestros tercios están siendo diezmados por los herejes flamencos y el ministro de la Mar Océana no logra repeler a la rapiña berberisca.

Con el fin de mitigar los quebrantos que afligen a la patria, pedimos la convocatoria de unos nuevos Estados Generales que, asesorados por el colegio cardenalicio y los electores del Sacro Imperio, propongan una terna de candidatos al káiser y a los representantes de la duma. Con esta audaz maniobra y con la reciente inserción del riego con acequias, esperamos sofocar las molestas rebeliones del campesinado e instaurar la paz social.

España necesita un líder capaz de seducir a las masas: un caudillo vigoroso y aguerrido dispuesto a consagrar los mejores años de su vida al servicio del bien común. Incansable, receptivo y con una acreditada capacidad para la escucha y la réplica. Voecencias, parece que tienen delante a prócer de cejas pobladas y melodiosos carraspeos. Una vez me encarcelaron los grises, ¿van a detenerme ustedes ahora? ¿En qué los convertiría eso?

Les agradezco su atención. Disculpen que no les replique. Son cosas de la edad y de la arrogancia. Oye, Santiago, ¿por qué hay mujeres en el Consejo de Ministros? ¿Se han amotinado las secretarias?

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