Apuntes de investidura (y III): primera victoria de la España plurinacional

Vivimos a tal velocidad que a los cinco minutos de resolverse la investidura más compleja de la historia democrática (a excepción de la del 23F) ya saltan en todas las pantallas las quinielas sobre la formación de Gobierno. Vayamos por partes. Porque en los últimos dos días han ocurrido algunas cosas trascendentes para España.

  • Pedro Sánchez y Yolanda Díaz consiguen revalidar la coalición de gobierno progresista con una mayoría más amplia que en la anterior legislatura (ver aquí). También mucho más compleja. Nadie apostaba un solo euro por esta realidad el pasado 29 de mayo, cuando el primero convocó por sorpresa elecciones anticipadas a las pocas horas de la contundente victoria de la suma PP-Vox en los comicios autonómicos y municipales. Ha habido en esta empresa una mezcla de audacia, resistencia y convicción, pero también una obligación de entendimiento atizada por el miedo a una alternativa retrógrada e iliberal.
  • Alberto Núñez Feijóo lo apostó absolutamente todo a impedir esta investidura y provocar la repetición de elecciones. Ha perdido. Se deja en el camino buena parte del aparente capital que traía de su etapa gallega, aquel perfil supuestamente moderado que se tambaleaba ya desde su marcha atrás en el acuerdo para renovar el Poder Judicial y que ha quedado hecho añicos, “tente mientras cobro”, en manos de un Santiago Abascal que dice mucho más alto y claro lo que Feijóo balbucea. Toda la estrategia a corto plazo consistía en evitar que el candidato Sánchez obtuviera los 179 votos de este jueves en el Congreso. No lo ha conseguido, ni siquiera con la colaboración de exdirigentes socialistas como Felipe González o Alfonso Guerra, ni con el apoyo de todas las baterías mediáticas de las derechas políticas y económicas. En algún momento, más pronto que tarde, Feijóo tendrá que decidir algo más que cambios de nombres y rostros en su equipo de confianza. En los últimos meses ha enseñado sus vergüenzas una derecha democrática que apenas se distingue del extremismo trumpista, dispuesta a negar incluso la legitimidad de la mayoría parlamentaria y, por tanto, de los doce millones y medio de votos que la respaldan. El PP tendrá que reflexionar y resolver su dilema: si actúa como una derecha democrática y responsable, asumiendo el coste a corto plazo de una transferencia de votantes que compren el retrato de “derechita cobarde”, o continúa transitando por la senda que marca Vox, un barrizal en el que puede acabar difuminado, como les viene ocurriendo a otros partidos conservadores en distintas latitudes.
  • La muy meritoria e indiscutible victoria de Pedro Sánchez no debería confundir las expectativas. Sus socios nacionalistas han lanzado mensajes de diferente tono pero coincidentes en la advertencia: casi nada se podrá hacer sin su concurso. Lo expresó de un modo sobreactuado la portavoz de Junts, Miriam Nogueras; lo había avisado ya con su irónica y eficaz oratoria Gabriel Rufián, por ERC; lo dijo con meridiana claridad, entre metáforas de rugby, el lúcido portavoz del PNV, Aitor Esteban; y lo concretó sin aspavientos la representante de Bildu, Mertxe Aizpurua. La prioridad común de frenar un gobierno de las “derechas retrógradas” les ha unido, pero el pegamento que puede sujetar una legislatura estable es la apuesta por la plurinacionalidad. Ahí encaja como herramienta indispensable la ley de amnistía, no sólo porque perdona las ilegalidades cometidas por dirigentes independentistas que han pasado ya por prisión o que siguen huídos, sino porque evita la cárcel a centenares de ciudadanos y por tanto nuevos incendios de la convivencia en Cataluña.

Cuando cesen los ecos del “¡que te vote Txapote!”, y esa agresividad machirula de las protestas en Ferraz, cada cual deberá demostrar su convicción en la hoja de ruta a medio y largo plazo. El concepto clave se llama Estado plurinacional

  • A menudo son tan importantes los silencios que se guardan como lo que se dice. Es relevante que apenas se haya escuchado en el debate una referencia crítica y concreta a las 23 páginas de la Proposición de ley de amnistía (ver aquí), que tanto griterío despertó durante semanas, antes de conocerse. Quizás nadie estaba excesivamente interesado una vez leída: ni la derecha, porque parece que desde el punto de vista técnico-jurídico el texto es inatacable; ni el PSOE o Sumar, porque no es el momento de presumir de logros de parte o de las cesiones de otros cuando aún están pendientes el debate parlamentario y las posibles enmiendas; ni mucho menos los independentistas, porque la ley de amnistía excluye claramente cualquier vía unilateral y cualquier propuesta ajena al marco constitucional, de modo que su contenido es contradictorio con el discurso que mantiene abierta la unilateralidad o la convocatoria de un referéndum de autodeterminación.  
  • No nos cansamos de insistir: se abre una nueva época en este país, cuyo éxito o fracaso no se medirá por el resultado de esta investidura sino por los frutos que puedan recogerse en unos años, en términos de convivencia y de higiene democrática. Cuando cesen los ecos (que cesarán) del “¡que te vote Txapote!”, y esa agresividad machirula de las protestas en Ferraz (poco destacamos la escasísima presencia femenina y el predominio del gen masculino en el facherío más violento), cada cual deberá demostrar su convicción en la hoja de ruta a medio y largo plazo. El concepto clave se llama Estado plurinacional. No es pecado defenderlo abiertamente, es más, es hora de argumentar su defensa. Quizás, con un poco de perspectiva, se aprecie más la intervención este jueves de la portavoz de Bildu, que no ha renunciado a sus objetivos, pero ha aceptado de forma clara el marco de un Estado democrático que puede cobijar a todas las partes que lo forman.

Cambio de pantalla. Conoceremos en los próximos días el dibujo del nuevo Gobierno, que aportará pistas sobre prioridades y también sobre liderazgos, en especial el de Yolanda Díaz en Sumar y sobre la gestión de las tensiones con Podemos. Pero se equivocará (creo, y disculpen la osadía) quien crea que lo que se juega en esta legislatura es la dirección de un partido o de una facción. Lo trascendente es quién se pone al frente de una nueva comprensión democrática de España: la que refleja (sin rupturas ni violencias ni aspavientos) una realidad plurinacional.

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(Aquí y aquí se pueden leer las anteriores entregas de estos 'Apuntes de investidura').

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