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Los Guájares vistos por el PP

No le perdonaré jamás a la Junta de Andalucía que preside el melifluo Juanma Moreno Bonilla su pasividad ante el incendio que ha devastado Los Guájares, una hermosa comarca granadina situada entre la Alpujarra, la Costa Tropical y la ciudad de la Alhambra. El fuego ardía ya desde hacía cuatro días, generaba lenguas de fuego y columnas de humo que se veían desde muchos kilómetros a la redonda, se iba acercando a las 5.000 hectáreas arrasadas, tanto como toda la bahía de Cádiz, y la susodicha Junta no había decretado aún el nivel 1 de alerta, so pretexto de que no estaban en peligro vidas humanas, negocios particulares y propiedades inmobiliarias. La Junta no había solicitado, pues, la ayuda de la muy eficaz Unidad Militar de Emergencias (UME), ni la de otras comunidades autónomas. Mantenía ¡el nivel 0 de alerta! Al parecer, le importaba un carajo que se estuviera destruyendo un hermoso bosque, patrimonio colectivo de esta y las siguientes generaciones, y que con él desapareciera su rica flora y fauna.

No es una anécdota, es todo un programa. La derecha gobernante en Andalucía es respetuosa de la propiedad privada, pero considera un estorbo la propiedad pública. Llámese bosque o marisma, llámese ambulatorio o escuela, llámese patrimonio natural o cultural. A la propiedad común la contempla principalmente como una fuente de jugosos pelotazos particulares. Construir urbanizaciones en todas partes, conseguir que todos abandonemos la sanidad y la educación públicas para pasarnos a lo privado, permitir que las empresas contaminen todo lo que deseen para maximizar sus beneficios, aunque desaparezca Doñana, tales son los elementos centrales de su programa. Y si no te gusta, vete a Corea del Norte.

De todos los agobios vividos por los españoles durante el verano que está a punto de terminar, la emergencia climática, expresada en las altas temperaturas, los incendios forestales por doquier y las sequías africanas, es sin duda el más peligroso y duradero. Tiene que ver con el desaforado consumo de energías fósiles y la deforestación y sobrepoblación del planeta, pero a la derecha y la ultraderecha esto les parece una milonga de rojos y ecologistas. No hay crisis climática, la tierra es plana, el covid lo inventaron los comunistas chinos, tengamos todos los hijos que Dios quiera y disfrutemos sin limitaciones del petróleo, el gas, el carbón, el plástico y el cemento. Si al final termina pasando algo, ya se irán los privilegiados a vivir en Marte en los vuelos privados del señor Elon Musk.

La derecha gobernante en Andalucía es respetuosa de la propiedad privada, pero considera un estorbo la propiedad pública

La semana pasada vi el debate en el Senado entre Sánchez y Feijóo. Me quedé aterrado ante el debut parlamentario en Madrid del cacique gallego. ¡Qué poca cosa es! ¡Pero qué poquita cosa intelectual y oratoriamente! A su lado, Fraga y Rajoy eran Cicerón y Demóstenes, respectivamente. Sánchez le zurró de lo lindo a Feijóo… y, en mi opinión, muy merecidamente (lo dice alguien que nunca ha votado a Sánchez en las legislativas) Pues bien, el socialista estuvo particularmente avispado cuando subrayó que el líder del PP no había mencionado ni una sola vez en el Senado el tema de la emergencia climática. Y es que, probablemente, lo más preocupante para Feijóo este verano haya sido la carestía temporal de cubitos de hielo –otra muestra de la tiranía que ETA ejerce en España de la mano de Sánchez y "el Coletas"– y, aún más, el gravísimo ataque a la libertad que supone el que los comercios no estén encendidos de noche cual árbol de Navidad en una mansión de La Moraleja.

El atronador silencio de Feijóo sobre la crisis climática, la tardanza de varios días de Moreno Bonilla en decretar el nivel 1 de alerta en Los Guájares, las gilipolleces tabernarias de Isabel Díaz Ayuso y el ridículo plan de ahorro energético que el PP acaba de presentar me han despertado de la apatía con que, a comienzos del verano, contemplaba las elecciones de 2023. He decidido que no voy a dejar llevarme por mi fatiga y escepticismo personales, que voy a priorizar el futuro de nuestros hijos y nietos. Así que votaré, y lo haré a quien, entre otras cosas, tenga el valor de adoptar medidas que intenten contrarrestar el calentamiento del planeta, por impopulares que sean en las tertulias de las reinonas televisivas de las mañanas.

Quiero que mis autoridades locales, autonómicas y nacionales me ayuden a instalar placas solares en mi casa, a hacer esa vivienda más eficaz energéticamente y a cambiar mi vehículo por uno eléctrico. Quiero que llenen pronto las calles y carreteras de España de puntos de carga eléctrica. Quiero que dediquen notables recursos humanos y materiales a prevenir los incendios durante el invierno, cuando hay que hacerlo, y a reforestar todo lo que se haya quedado pelado. Quiero que reciban a inmigrantes –no solo por solidaridad, también por inteligencia– y los orienten a repoblar la España vacía. Quiero que, amén de los fondos europeos, obtengan recursos nacionales para estas y otras tareas haciendo que los bancos y las compañías energéticas paguen al menos el mismo porcentaje de impuestos que pago yo.

Argumenta la Junta de Moreno Bonilla que su decisión de no elevar el nivel de alerta en Los Guájares hasta el sexto día del incendio seguía un viejo protocolo oficial. ¡Malditos protocolos! Es la cobarde excusa burocrática ante situaciones graves que requieren algo tan poco común como el sentido común. Salvar lo de todos es hoy de máxima urgencia.

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