Caníbales

¿Complicado o transparente?

Cuando nació Facebook, nos divertía poner como estado sentimental It's complicated (hasta se hicieron películas con ese título). Porque aún no nos habíamos tatuado el Keep it simple de Steve Jobs y nos habíamos enmarañado tanto el corazón que...

Ahora no. Ahora lo cool es ser soltero. Lo dice Kate Bolick en Solterona, lo dicen en GQ… Aunque a mí lo que me sigue gustando es no definirme y no dar explicaciones.

Pensaba en todo eso el pasado fin de semana, viendo la tercera temporada de Transparent (ojo a la genial polisemia de ese título: transparente, padre trans).

Transparent está clasificada como comedia porque dura menos de una hora y porque el hombre es el único animal que no puede vivir sin etiquetas. No es comedia, sino una obra maestra de sensibilidad, egoísmo y ternura, sobre lo perdidos que estamos cuando nos buscamos, cuando no nos resignamos a ser como los demás.

Es la soledad que te aplasta cuando intentas ser tú mismo sin (a pesar de las horas de libros de autoayuda, psicoanálisis y coaching) tener la más remota idea de quién eres. Sin, por supuesto, ser el mismo todo el rato.

El sexo, la religión, la compañía, las hormonas, el amor, la cirugía, un crucero… Todas las búsquedas en Transparent desembocan en la soledad.

Naces, vives y mueres solo. No puedes ser otro. No puedes ser con otro.

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La vida es una mierda, y luego encima te mueres”.

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- No soporto a Maura, su egoísmo, obsesionada con su “transición”, ignorando a sus amigos, a su pareja… Pero así somos todos –le digo a mi hermano–. Lo nuestro es lo único que importa.

- Pero esa es la virtud de la serie: es justa con todos los personajes, no toma partido.

- Es que están todos tan fucked up y tan solos… Como tú y yo, como toda la gente que conocemos aunque se crean sus fachadas perfectas…

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A mí Transparent me ha consolado

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Esta temporada no la escribe sólo Jill Soloway sino que incorpora a su hermana Faith, compositora y actriz (hijas de un padre que hizo un camino parecido al de Maura). Y lo que hacen es…

Es igualarnos.

A los espectadores y a todos los protagonistas: la exmujer y los tres hijos de Maura están también perdidos. Buscando agarres, soltándolos, llorando, riendo… Buscando, claro, a quién culpar de sus carencias y sus traumas; como si colgar la responsabilidad en la percha de otro aliviara el dolor (lo alivia) y acelerase la recuperación (que no, para nada).

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- Los hombres judíos no hacen demoliciones –le advierte Josh–.- ¡Soy una mujer judía! ¡Y las mujeres judías hacemos lo que nos da la puta gana! –grita Maura–

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Aunque en el capítulo 9, Sarah aprende por qué el negocio del sadomaso para mujeres no puede prosperar: “Piénsalo. ¿Qué mujer pagaría porque la trataran como a una mierda si es algo que os hacen todo el tiempo?”.

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A las mujeres y a Pedro Sánchez. Con perdón de la expresión, los medios lo han convertido en el niño de las hostias (aquí la colección de lindezas sobre él que ha recopilado eldiario.es). Le han culpado de la falta de gobierno, de la corrupción en el PP, del asesinato de Kennedy… y él ha decidido huir hacia delante. Sin fuerza, sin aliados, sin equipo, monta un congreso y se postula como candidato del cambio. Twitter y sus barones se descojonan.

Pedro, como los protagonistas de Transparent, no es perfecto y está solo. Lo que no parecen entender sus compañeros del PSOE es que, al destruirle a él, se destruyen todos. Ya lo decía mi padre: “Entre todos la mataron y ella sola se murió”. Ya lo dijo El Roto: “¡La derecha con la derecha y la izquierda contra la izquierda! ¡No armen líos!

P.D.: Transparent es, por cierto, la primera serie producida por Amazon, una empresa a la que muchos odian pero que ha hecho de la empatía (con el cliente y no con su CEO) una forma de vida.

Mirar, ver, estar

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