Garamendi casi se echa a llorar otra vez esta semana. “Los ciudadanos están perplejos con lo que están viendo”, ha dicho el presidente de la CEOE con dramatismo, convertido al parecer en portavoz de la ciudadanía. ¿Cómo ha pasado este señor de representar a los empresarios a arrogarse la representación de los españoles en general? Escuchamos tantas bobadas al día que ya ni nos extraña que un empleado del poder económico se ponga al frente de la manifestación.
“Quedan solo unos meses para que haya elecciones internas. Existe una corriente de malestar contra Garamendi dentro de determinados sectores de la CEOE, porque se le considera muy blando y demasiado pactista. A eso se deben sus declaraciones tan beligerantes de esta semana. Las aguas bajan turbias y podría estar armándose otra candidatura. Si él no es capaz de presentar una candidatura potente, esa posibilidad está encima de la mesa”, dice una fuente próxima a la patronal. Misterio resuelto, al pobre Garamendi le están presionando.
Si hay algo que destacar del presidente de la CEOE es que es un ser humano sensible. Hay que ver cómo lloró cuando sus amigotes de derechas dudaron de su integridad ideológica. Hace justo tres años, le preguntaron en una entrevista por los indultos y respondió: “Si esto acaba en que las cosas se normalicen, pues bienvenido sea”. Lo pasó mal y no se contuvo a la hora de mostrar sus sentimientos cuando en una asamblea de la patronal los suyos le aplaudieron. Qué momento tan enternecedor. Quienes le acusan de machirulo por su beligerancia hacia la ministra de Trabajo deberían tener presente que sus lágrimas fueron una demostración de su interés por romper con la masculinidad tóxica.
Tiene una profesión muy estresante. Los más de 400.000 euros que se embolsa al año no son gratis, se le exige sudar la camiseta como a los trabajadores a los que niega 37 euros de subida del salario mínimo en 2026. Da igual que gane 23 veces el SMI, como apuntó Yolanda Díaz, a la que ataca constantemente por defender los derechos más básicos; él también está al servicio de sus empleadores. En el fondo debe de ser un buen hombre. Lo que pasa es que se han vuelto a malinterpretar sus palabras, como con los indultos. Con lo de la ‘perplejidad’ se debía de referir a que la gente está flipando con que las empresas del IBEX nunca habían ganado tanto dinero como en 2025, obteniendo beneficios inéditos mientras los sueldos de la plebe no se corresponden con la riqueza que han contribuido a crear.
Le preguntaron en una entrevista por los indultos y respondió: “Si esto acaba en que las cosas se normalicen, pues bienvenido sea”
Cuando el presidente de la CEOE dice “levantemos las alfombras, porque los casos de corrupción son increíbles”, debe de estar pensando en los 4,4 millones de euros que ha percibido el novio de Ayuso de Quirón. Por supuesto, urge depurar responsabilidades. ¿Cuándo se ha visto que un grupo sanitario privado que percibe 1.000 millones anuales de la Comunidad de Madrid riegue de dinero a la pareja de una presidenta? Y eso que el caso avanza a paso de tortuga mientras las causas contra el entorno de Sánchez alcanzan velocidad de crucero. Estamos contigo, Garamendi, no se puede consentir. Qué despropósito. Para que luego alguien pueda pensar que no se la juega para que se haga justicia en este país. Sobre todo teniendo en cuenta que dentro de cinco meses hay elecciones en la patronal. Pero así es él, va a por todas. Como dice el líder espiritual de la derecha: "El que pueda hacer, que haga".
Ya que estamos en época de limpieza general, sería ideal levantar de paso las alfombras de la CEOE. Conviene tener todo impoluto para noviembre, no vaya a presentarse una alternativa, como sucedió en las anteriores elecciones con la vicepresidenta de la patronal catalana, que en lugar de querer presionar a Garamendi, vaya dispuesta de verdad a arrebatarle el sueldazo. Y eso no, que si ganan PP-Vox las próximas elecciones, tiene que poder colgarse la medalla de recuperar la reforma laboral de Rajoy de 2012, en la que se desmanteló la negociación colectiva y se abarató el despido. Hay que evitar a toda costa que llore otra vez.
Garamendi casi se echa a llorar otra vez esta semana. “Los ciudadanos están perplejos con lo que están viendo”, ha dicho el presidente de la CEOE con dramatismo, convertido al parecer en portavoz de la ciudadanía. ¿Cómo ha pasado este señor de representar a los empresarios a arrogarse la representación de los españoles en general? Escuchamos tantas bobadas al día que ya ni nos extraña que un empleado del poder económico se ponga al frente de la manifestación.