Desde la tramoya

A favor del indulto, guía para cuñados

Luis Arroyo nueva.

Según algunas fuentes más o menos informadas del Ministerio de Justicia, el indulto de los presos del procés será aprobado en un par de semanas por el Consejo de Ministros. La derecha unida, toda ella, ha convocado una manifestación en la Plaza de Colón el domingo que viene a las 12. Se promete masiva y los cuñados van a estar en consecuencia fervorosos en las conversaciones de sobremesa familiares si no podemos evitarlas.

La discusión no es nada fácil, desde luego, pero tampoco es muy díficil si nos atenemos a algunas líneas argumentales.

El indulto total o parcial es una medida excepcional que puede resultar muy útil. A favor de una persona que con cuarenta años es condenada a cincuenta, por motivos humanitarios. A favor de un ex drogodependiente condenado por delitos de hace una década, siendo hoy una persona integrada. A favor de unos pobres manteros condenados por un Código Penal obsoleto... Y quizá a favor de unos políticos cruciales en la solución de un problema que se enquista.

Pero siendo excepcional, no es tan raro. Hay 400 indultos cada año. Alegar la igualdad de todos los españoles ante la ley, como dice Ciudadanos para situarse contra el indulto, es una trampa. Todos los españoles son iguales ante la ley, sí... también para pedir indulto (aunque solo el 6% de las peticiones lo logra). El Gobierno puede aplicar el indulto en los casos en que considere que su decisión es buena por razones de intéres general.

No sirve de mucho decirle al cuñado cosas como que el procés es un desafío político y que necesita una solución política. Es un argumento muy débil, porque para casi la totalidad de la población eso que llamamos el “imperio de la ley” está por encima de cualquier consideración política. Es mejor, en mi opinión, explicar que Oriol Junqueras lleva tres años en la cárcel, lo cual para mucha gente es excesivo. Y que en una carta, que sin duda ha sido prefabricada para ayudar a la distensión, ha renunciado a la vía unilateral, lo cual significa de hecho dar un paso atrás y renunciar a la reinicidencia. La reincidencia, por otro lado, impediría ya de lleno un indulto posterior. También es bueno que el cuñado lo sepa.

Lo mejor será distinguir entre, por un lado, los presos de ERC y de su entorno, que parecen estar más de acuerdo en un diálogo útil para las dos partes que en un nuevo desafío unilateral por la independencia y, por otro lado, los hostiles seguidores de Puigdemont, que huyó de la Justicia y pasa sus días libre en Bélgica, amenanzando, él sí, con volverlo a hacer. Esa comparación entre Puigdemont y Junqueras resulta muy descriptiva de las dos vías que ahora se están bifurcando, y lo bueno que sería que prevaleciera la de la solución necesariamente multilateral.

En otras palabras: ¿Qué preferimos? ¿Dejar libres a quienes abandonan la amenaza unilateral, los que han ganado las elecciones en Cataluña y la gobiernan? ¿O seguir fomentando el victimismo, tan útil para los más radicales, que son precisamente quienes perdieron las elecciones y quienes están en la calle?

Sí, ya sé que los cuñados no suelen cambiar de opinión con facilidad, como tampoco nosotros lo hacemos. Pero los argumentos quizá ayuden el domingo, que se promete intenso.

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