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Desde la tramoya

Mear el árbol

Luis Arroyo nueva.

Vox quiso marcar territorio con el mural feminista de Ciudad Lineal, en Madrid, y no lo logró. Cediendo ante la presión ejercida por la izquierda, Ciudadanos finalmente evitó que se eliminara, y la mayoría nos alegramos.

Pero la controversia nos recuerda una vez más la trascendencia de la defensa del territorio en los mamíferos. Nos creemos muy diferentes, y lo somos en muchos aspectos, pero en lo esencial los humanos no nos distinguimos del resto de los animales territoriales, que son tan solo una minoría del inmenso número de especies que habitan el planeta.

Cuando Vox solicita borrar la pintura pone como excusa que en un polideportivo no tiene mucho sentido que haya un mural gigante dibujado con aerosoles homenajeando a personalidades como Rigoberta Menchú, Nina Simone, Rosa Parks o Frida Khalo. Sin embargo, son mujeres que “han superado retos, han roto barreras y se han convertido en referentes de la defensa de la mujer y la igualdad”, que era la justificación de su desarrollo hace dos años y medio, aprobada por unanimidad, antes de que llegara Vox, por supuesto.

Pero si algo comprende Vox, un partido de machos alfa, como toda la extrema derecha mundial, es la relevancia de marcar el territorio. Y eliminar ese mural, compuesto con retratos de mujeres que jamás habrían votado a un partido como el suyo, buscando para ello cualquier excusa, era controlar el territorio. Es lo mismo, aunque sea en una escala de barrio, que invadir el Capitolio, mancillar estatuas, cambiar los nombres de las calles o plantar masivamente banderas o retratos. Mear el árbol. Técnicamente, “marcar el territorio”, una conducta ampliamente estudiada por los etólogos.

En lugar de enfrascarnos directamente en una lucha física directa para hacernos con nuestro terruño, los mamíferos lo indicamos primeramente con señales visuales, auditivas o (aquí los humanos somos menos vulgares), olfativas. Con esas señales limitamos nuestro lugar y advertimos a los intrusos. Una frontera no es más que una versión sofisticada de un árbol marcado que no debe traspasarse a menos que estés dispuesto a enfrentarte a la manada que habita el terreno marcado por él.

Si un animal o grupo de animales territoriales decide entrar en terreno ajeno, comenzará con seguridad una confrontación ritualizada. Los adversarios se amenazarán enseñando los colmillos, erizando la piel, alzándose por encima del otro… o montando un escándalo en los medios de comunicación, una moción en el pleno municipal o una manifestación… Las confrontaciones ritualizadas son pura política. De hecho, como sabemos desde Von Clausewitz, la guerra es la continuación de la política por otros medios, o mejor, como lo dijo él: “La guerra no es simplemente un acto político, sino un verdadero instrumento político, una continuación de las relaciones políticas, una gestión de las mismas por otros medios”.

La política, la confrontación ritualizada, ha evitado que la izquierda cediera terreno en Madrid. Lo de menos es la excusa que se utilizara para ello. Lo relevante es no ceder terreno. No ceder terreno en un espacio ganado tras décadas de lucha por la igualdad. Ellos querrán seguir meando el árbol porque está en su naturaleza. Como en la nuestra. Pero también está en la de todos enseñar los colmillos para que retrocedan ante nuestro avance. Eso es el mural de Ciudad Lineal. Como un árbol. Ni más, ni menos.

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