Muros sin Fronteras

¿Quién dijo que Al Qaeda estaba acabada?

¿Quién dijo que Al Qaeda estaba acabada?

Ataque de la guerrilla somalí Shabab a un centro comercial de Nairobi, secuestros de periodistas en Siria, como el de Marc Marginedas, bombas en Irak, atentados contra iglesias cristianas en Pakistán. ¿Quién dijo que tras la muerte de Osama Bin Laden estaban acabadas Al Qaeda y sus sucursales? Occidente tiene un problema: no sabe leer. Ni Historia ni presente. Las entrelíneas y los grises no son su fuerte. Nos movemos entre simplicidades y frases hechas. Con estereotipos no se ganan guerras, no se salva a los inocentes.

La película La guerra de Charlie Wilson muestra las bambalinas del proceso de decisión en EEUU. Nadie piensa en el largo plazo, en las consecuencias de cada movimiento, de cada decisión. Entramos como elefantes en cacharrerías en las que el caos aparente tiene un orden secreto y preciso que permite que la vida se mantenga a flote.

En el Afganistán de los años ochenta EEUU armó a los muyahidín en su lucha contra los soviéticos. Era parte de la Guerra Fría: azules contra rojos. Con el paso del tiempo llega la perspectiva, la nitidez. Aquel apoyo fue un error: Moscú era el bando correcto en una batalla más profunda, menos visible, entre algún tipo de modernidad, por equivocada que fuera en su expresión, y el fanatismo religioso. Debimos saber de qué iba esta partida porque la intolerancia religiosa es la base de nuestras sociedades, de la conquista de América, del colonialismo brutal en África.

Aquella URSS decrépita de Leónidas Brezniev era la modernidad comparada con la Edad Media tribal de los pastunes afganos. Moscú se enfrentó a las tradiciones, a los imanes. Esa fue la razón por la que el dinero de Charlie Wilson y de otros logró tantos adeptos entre los muyahidín. La URSS se retiró derrotada y la mujer afgana perdió la visibilidad. Los muyahidín se hicieron la guerra entre sí en 1994, destruyeron Kabul. En 1996 surgieron los talibanes para poner orden. Y lo pusieron a su manera bruta hasta que apareció EEUU a finales de 2003 para aupar de nuevo en el trono a los mismos muyahidín.

Tras el 11-S, George W. Bush se lanzó –tras el disimulo de Afganistán– a por la pieza más codiciada de su familia, su objetivo número 1: Sadam Husein, un hijo de puta que les había sido muy útil contra el Irán de Jomeini. Sadam, como los Asad, padre e hijo, representaban un tipo de laicismo nacionalista panárabe que servía de muro de contención contra los excesos de la fe. Nadie lo vio, no pareció importante. ¿Que se trata de dictaduras? Es cierto, como la saudí, primer suministrador de petróleo.

Sin Husein en Bagdad, disuelto su Ejército por orden del virrey Paul Bremer, en una torpeza que debía ser delito, surgieron dos insurgencias: la baasista (ex militares sin empleo por gracia de la invasión estadounidense) y la extranjera en la que el jordano Al Zarqaui se convirtió en su cabeza más visible. Esa insurgencia foránea declaró obediencia a Al Qaeda. Fueron años de bombas contra mercados, matanzas masivas de iraquíes, guerras interreligiosas entre chiíes y suníes, de odio sin límites.

Faluya, una ciudad con fama de indómita a 50 kilómetros al oeste de Bagdad, se convirtió en la capital yihadista hasta que EEUU la conquistó a sangre y fuego en diciembre de 2004. Muchos de los extranjeros que ahora operan en Siria proceden de Faluya, de una cultura de muerte en nombre de dios.

Todo fue mal en Irak hasta que en enero de 2007 el general de EEUU David Petraeus decidió 'comprarse' la insurgencia iraquí y lanzarla contra Al Qaeda. Funcionó a corto plazo. Las bombas que aún estallan en Bagdad indican que la guerra civil se mantiene latente y que el fanatismo y la barbarie no conocen fronteras. Los mismos yihadistas que 'trabajan' en Siria atentan en Irak.

Al Qaeda de Irak y Levante, cuyas siglas en inglés son ISIS, se ha hecho fuerte en el norte de Siria ; controla la carretera entre Alepo y la frontera turca. Son la fuerza emergente, y la más peligrosa. Se trata de veteranos de Faluya y Afganistán, y tal vez de Libia, que se han olvidado de Asad y ahora combaten a sus antiguos aliados del Ejército Libre de Siria, a los que consideran un caballo de Troya occidental, y al Frente de Al Nusra, que también rinde obediencia a Al Qaeda pero que rechaza su fusión con el ISIS. Al Nusra son sirios; en el ISIS conviven todo tipo de yihadistas extranjeros.

Para el ISIS no hay periodistas, solo espías occidentales. Ya son 16 los secuestrados, incluido el español Marc Marginedas, enviado especial de El Periódico de Catalunya. También los hay en manos de los servicios secretos del régimen.

Sin información veraz ganan los malos, pierden los civiles. Volvemos al Irak de 2003. La insurgencia tenía sus páginas web, un acceso a las televisiones por satélite árabes, podían colocar su mensaje, difundir sus vídeos, atentados y decapitaciones. No eran necesarios los periodistas extranjeros, por lo general siempre bien recibidos por la parte débil. Los periodistas eran el enemigo. Lo vuelven a ser.

Se enfrió el ataque vengador de Barack Obama sobre Siria. No tanto porque Asad haya cedido aconsejado por Rusia y esté dispuesto a entregar su arsenal químico, sino porque nadie sabe quiénes son los buenos, ni a quiénes hay que atacar. Los yihadistas creen que existen planes para bombardear a los dos bandos, para borrarles a ellos del mapa y favorecer a los más moderados. No andan desencaminados. Pero lo que funcionó en Irak no tiene por qué funcionar en Siria.

El pacto entre Rusia y EEUU se sienta sobre un hecho: el mejor caballo es Asad, al menos de momento. Muchos piensan que es a quien deberían armar para que gane esta guerra, liquide a los yihadistas. Antes EEUU debe olvidarse de Irán e Israel, y combatir el verdadero enemigo: Al Qaeda en cualquiera de sus formas. Cuando gane Asad, si gana, ya habrá tiempo de ocuparse de él, de sus crímenes.

Lo que sucede en Siria es una repetición de lo que pasó en Afganistán en los años ochenta. Alguien debería presentar una demanda contra Charlie Wilson, el original. En un mundo tan complejo, burdo y escaso de moral, los buenistas pueden ser mortales de necesidad.

En Twitter: hashtag para la liberación de Marc Marginedas es #MarcTesperem

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