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Muy fan de... el consejero de Sanidad de Madrid

Señor consejero de la vida resuelta: felicidades, ha nacido una estrella. Hasta la semana pasada, eras un actor secundario. Pocos habrían podido identificarte en una rueda de reconocimiento de talentosos ibéricos. Pero ya estás ahí, en el Olimpo de los astros brillantes, sensibles y empáticos de éste nuestro país. Francisco Javier Rodríguez, te has coronado. Muy fan.

Mira que tenías alto el listón. Por la alfombra roja de la Consejería de Sanidad de Madrid, han desfilado en los últimos años rutilantes megastars.

– Manuel Lamela: imputado por delitos de cohecho y prevaricación en el proceso de privatización de la gestión sanitaria externalizada de hospitales públicos. Líder de aquella campaña tremenda contra el doctor Montes –por supuestas irregularidades en la sedación de enfermos terminales del hospital Severo Ochoa de Leganés– que tumbó la justicia.

– Juan José Güemes: compañero de imputación de Lamela en el proceso de privatización. Juanjo, tras abandonar la política, sin despeinarse la melenaza, se incorporó como consejero a UNILABS, empresa que gestiona los laboratorios de seis hospitales públicos de Madrid, un servicio que casualmente había privatizado durante su mandato.

– Javier Fernández-Lasquetty: ahogado en la marea blanca que protestó contra el proceso de externalización que pretendía privatizar la gestión de seis hospitales públicos y un número considerable de centros de salud y que echó abajo el Constitucional. Autor también del cortometraje “euro por receta” al que puso “The End” el mismo Tribunal, apenas unas semanas después de su estreno.

Como en la saga Bond, el personaje de Consejero de Sanidad ha sido interpretado por diversos artistas de nivel. Lamela sería Connery, y tú, Daniel Craig. Ya, ya, en otro estilo, porque ¿quién ha hecho el casting para consejeros de Sanidad de Madrid, Santiago Segura? ¿Y cómo se llamaría la película, “Torrente de eminencias”? ¿O quizás algo más almodovariano, “qué hemos hecho los madrileños para merecer a estos”?

Todos recordamos tu estreno mundial. Fue el día en que hablar de dimisiones se consideraba poco oportuno, porque lo prioritario era la curación de Teresa y el control de la situación. El día en que no era momento –aún dicen que no lo es– de depurar responsabilidades políticas, porque lo urgente era salvar a la única infectada diagnosticada y tratar de frenar el presunto desastre.

Y aquel día, mientras la protagonista más débil de esta pesadilla permanecía aislada del mundo, luchando contra el virus que contrajo cuidando a otros, miraste a cámara por encima de tus gafas, en plan Spencer Tracy y dijiste: “(Teresa) ha podido haber estado mintiendo sobre su fiebre, aunque no lo puedo probar, esto lo digo de mi cosecha”.

¡Bravo, bravo, bravo! Sólo está al alcance de los más grandes actores la capacidad para mejorar el guión con una improvisación de “su cosecha”. Qué sería de nosotros sin esas celebridades que nos brindan lo mejor de sus cosechas, esos líderes cosecheros…

Pero cuando ya creíamos que “tu cosecha” no sería tan prolífica como para regalarnos otro pensamiento elevado del mismo nivel, nos demostraste que tu agudeza no tiene límite:

– “Tan mal no estaría (Teresa) para ir a la peluquería”. Claro, nena, si eres mayorcita para depilarte a la cera, eres mayorcita para jugarte la vida por los demás y asumir la culpa de lo que pueda venir después. Anda, tira, que tú no tienes la vida resuelta.

– "Para explicar a uno cómo quitarse o ponerse un traje no hace falta un máster. Pero unos tienen una mayor capacidad de aprendizaje que otros”.

Tampoco hace falta sentido común y sentido de la responsabilidad para ser Consejero de Sanidad. ¡Tanta preparación, tanta preparación, pa qué!

– "El médico que le trata puede llevar razón porque es una persona que mide dos metros y los trajes se hacen como se hacen". Eso es verdad, hay profesionales que se pasan de talla en los momentos difíciles y otros que no la dan.

Y ya, cuando el público de la sala estaba entregado a tu magistral interpretación, te preguntaron si estarías dispuesto a dimitir y respondiste:

"Si tengo que dimitir, dimitiría. Yo vine a la política comido. No tengo ningún apego al cargo, soy médico y tengo la vida resuelta". Qué tío: “tengo la vida resuelta” qué pedazo de frase, los pelos como escarpias de verdad. Apuesto a que, al escucharte, cuatro millones y medio de ciudadanos se rompieron las manos para aplaudirte desde la cola del INEM.

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De verdad, qué papelón el tuyo, Francisco Javier. En esta peli de miedo que nos ha cortado la respiración, apareciste en primer plano con el traje de protección frente a la empatía, inmunizado ante el dolor ajeno, soltando por tu boca palabras que atacan a dos órganos vitales, el corazón y el cerebro de los pacientes ciudadanos que con paciencia te padecemos.

Llámame romántica pero me cuesta entender que un médico de profesión sea tan incapaz de ponerse en la piel de una enferma. Pero, claro, lo tuyo es otra película, si la realidad no fuera tan dura, tu actuación sería digna de comedia de Streisand, aunque habría que cambiar el “¿Qué me pasa doctor?“ por “¿Qué le pasa, doctor?”.

¿Sabes? A los que no tenemos la vida resuelta nos la resolvería mucho que representantes como tú dejaran de representarnos. Para arreglar esto tampoco hace falta un máster. Te cuento: ni tú nos necesitas, porque estás comido, ni nosotros te necesitamos a ti, porque estamos empachados de despropósitos. Así que si te vas, lo comido por lo servido y ganamos todos.

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