La economía de guerra en Rusia presiona a familias y empresas

La gente camina por la Plaza Roja nevada, cerca del Kremlin, durante un día nevado de invierno en Moscú, Rusia, el 25 de febrero de 2026.

Estelle Levresse (Mediapart)

“Antes, por 2.000 rublos [22 euros, ndr], llegabas a cierta cantidad de compra. Hoy en día, la cesta ya no es la misma”. En Moscú, Tatiana (ficticio), de 40 años, es directora de documentales. El alquiler, el transporte, la educación... En los últimos años, todo ha subido, dice, pero lo que más nota ella es el aumento de los precios de los alimentos y los medicamentos. “En las farmacias, la subida es tan constante que los empleados casi se disculpan: ‘Los precios han vuelto a subir, no podemos hacer nada al respecto’.”

Esta madre de familia no compra “nada lujoso, solo lo normal”, pero ahora tiene que tener cuidado. “Elijo los productos en promoción, compro en función de los descuentos”, algo que antes no hacía. “Al principio te sorprende, pero luego acabas aceptándolo, se convierte en la norma”.

En la primavera de 2022, tras la invasión a gran escala de Ucrania y la oleada de sanciones occidentales, muchos expertos pronosticaron un colapso de la economía rusa. Aunque el PIB retrocedió algo más de un 2 % ese año, el crecimiento se recuperó rápidamente, impulsado por el gasto militar y la reorientación del comercio. En 2023 y 2024, superó el 4 %.

Pero a partir de 2025, la desaceleración es evidente. El crecimiento anual ha caído alrededor del 1 %. La tendencia es duradera, ya que el Banco Central prevé un aumento del PIB “entre el 0,5 % y el 1,5 %” en 2026. A pesar de que el tipo de interés oficial se ha mantenido en un nivel elevado (15,5 %) para evitar que los créditos alimenten la subida de los precios, estos volvieron a aumentar a principios de año.

Los medios de comunicación se hacen eco de las dificultades económicas del país. La subida del precio de los pepinos (+42 % en enero) fue noticia en varios periódicos la semana del 9 de febrero. A las subidas estacionales de los productos alimenticios se sumaron medidas fiscales, en particular el aumento del IVA del 20 % al 22 %, en vigor desde el 1 de enero de 2026.

Dificultades presupuestarias

La decisión fue asumida por las autoridades para apoyar las finanzas públicas, que se encuentran bajo presión. Este impuesto representa por sí solo más de un tercio de los ingresos federales. En 2025, el déficit presupuestario ascendió a 5,7 billones de rublos (66.000 millones de euros), lo que representa el 2,6 % del PIB, un nivel muy superior a las previsiones iniciales y el más alto desde 2020.

Casi el 40 % del presupuesto federal se destina ahora a gastos militares, mientras que los ingresos procedentes del petróleo y el gas han caído a su nivel más bajo desde julio de 2020, debido a la caída de los precios mundiales.

Los presupuestos regionales también están sometidos a fuertes tensiones, pero no directamente a causa de la guerra, señala la economista y geógrafa Natalia Zoubarevitch. “Los gastos militares corren en gran medida a cargo del presupuesto federal”, señala. Las autoridades locales solo financian las primas pagadas a los hombres que han partido al frente y la ayuda a sus familias, incluidas en la partida “apoyo social”.

“Esta parte ha aumentado aproximadamente un 20 %, pero no solo se refiere a los gastos relacionados con la guerra, sino que también incluye las ayudas a la natalidad y a las familias con hijos”, dice. El problema es sobre todo económico: “Los presupuestos de las regiones se ven afectados por la situación de la industria”, explica la investigadora y profesora de la Universidad Estatal de Moscú.

Algunas regiones se endeudan, esperando un apoyo posterior de Moscú; otras reducen los gastos

Los ingresos por impuestos sobre los beneficios han disminuido un 9 % a nivel nacional, pero entre un 30 % y un 40 % en algunas regiones. Las más afectadas son las regiones industriales orientadas a la exportación, como Kemerovo o la República de Komi. “La caída de los precios de exportación, los crecientes problemas logísticos, las dificultades para transportar mercancías a través del Transiberiano, las malas condiciones económicas generales... todo eso pesa sobre la industria”, resume la experta.

Las dificultades presupuestarias regionales afectan sobre todo al sector sanitario. Ante la caída de los ingresos, las estrategias difieren mucho de un territorio a otro en función de quien gobierna. Algunas regiones se endeudan, esperando un apoyo posterior de Moscú; otras reducen los gastos. “En general, los primeros gastos que se reducen no son los sociales, ya que se consideran políticamente sensibles, sino los relacionados con las infraestructuras, la construcción de carreteras, la vivienda y los servicios públicos”, observa Natalia Zoubarevitch.

Por el contrario, una decena de regiones ven aumentar sus ingresos —Moscú, Tartaristán o la región de Kurgan—, impulsadas por una economía más diversificada o por el auge del sector militar-industrial.

Una vida más cara

En este contexto, el Kremlin sigue buscando palancas para financiar el esfuerzo bélico. El IVA no es el único impuesto que aumenta para los hogares: a partir de septiembre de 2026 se aplicará un impuesto tecnológico sobre los teléfonos inteligentes, los ordenadores y los aparatos electrónicos.

Otras medidas se dirigen directamente a las empresas: el tipo impositivo estándar del impuesto de sociedades pasó del 20 % al 25 % el año pasado, se redujo el límite máximo del régimen fiscal simplificado para las pequeñas estructuras y aumentaron las cotizaciones sociales para algunas empresas.

En Moscú, Vadim (ficticio), de 37 años, dirige un gimnasio de artes marciales y organiza festivales. Según él, la situación de las pequeñas empresas varía según los sectores. “En la industria del deporte, la carga fiscal antes era mínima, alrededor del 1-2 % de la facturación anual. Hoy en día, los impuestos representan entre el 7 y el 8 %. Es un aumento significativo, pero las empresas se están adaptando. Estamos subiendo nuestras tarifas para mantener la estabilidad financiera.”

En su gimnasio, dirigido a las clases medias y altas, la cuota mensual cuesta 7.000 rublos (77 euros) y hay que contar con unos 30.000 rublos al mes (330 euros) para un entrenamiento personalizado. “No puedo decir que el poder adquisitivo se haya desplomado: la gente sigue gastando en fitness”, señala.

Este empresario observa una dinámica similar en el sector del entretenimiento. “Los costes han aumentado considerablemente, especialmente la logística, el combustible y el transporte, y los salarios casi se han duplicado en cinco o diez años, lo que ha encarecido la organización de eventos. Pero la gente sigue dispuesta a gastar en ocio, especialmente en actividades familiares y eventos para niños”.

La reducción de las posibilidades de viajar por Europa ha desplazado una parte importante del gasto hacia el turismo interno, más accesible. “Trabajamos activamente en este sector y observamos una demanda creciente”, afirma Vadim.

En Samara, una ciudad de 1,2 millones de habitantes a orillas del Volga, en el sur del país, Alexandre, de 40 años, confirma que ahora es difícil viajar al extranjero debido a los precios de los billetes de avión y constata una importante disminución de su poder adquisitivo en los últimos cuatro años. “Hoy en día, mi salario es suficiente para pagar la hipoteca, los gastos necesarios y algo de ocio, pero es prácticamente imposible ahorrar”, afirma este responsable financiero de una fábrica de muebles.

Su mujer y él no se privan de los bienes esenciales, pero van menos a restaurantes, compran menos ropa y viajan menos. “Sin embargo, tenemos unos ingresos bastante elevados en comparación con la media regional. En la región, muchos trabajadores con ingresos modestos prefieren alistarse en el ejército a pesar de los riesgos, ya que lo ven como una buena forma de resolver sus dificultades materiales.”

El ajuste se está haciendo de forma gradual: menos ahorros, más cálculos y una vigilancia permanente de los precios

En cuanto a los productos alimenticios, Alexandre señala que el fenómeno de la “reduflación” se ha extendido ampliamente en los últimos años: el precio del producto no aumenta demasiado, pero el formato se reduce. “Por ejemplo, la mantequilla: el paquete ya no pesa 500 gramos, sino 380, y el precio ha pasado de 350 a 450 rublos”. Los productos chinos, más baratos, ya están sustituyendo a sus equivalentes europeos en los mercados.

“Antes, el petróleo permitía resolver los problemas económicos de Rusia”, señaló el politólogo Andreï Kolesnikov a mediados de enero en Foreign Affairs. “Hoy en día, el pueblo se ha convertido en el nuevo petróleo”, escribió, refiriéndose a que las autoridades están haciendo recaer cada vez más sobre los ciudadanos y las empresas la financiación de la guerra.

Para él, se ha endurecido el contrato social que ha sostenido el régimen de Putin durante años. “Antes de la guerra, era sencillo: se apoyaba a las autoridades sin inmiscuirse en la política y se disfrutaba, al menos, de una relativa prosperidad económica. Ahora se espera que la población rusa acepte tanto la continuación de la guerra como un estancamiento económico prolongado”.

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En los hogares, la adaptación se está produciendo de forma gradual: menos ahorros, más cálculos y una vigilancia permanente de los precios. “Ahora esperas constantemente que surjan dificultades repentinas”, comenta Tatiana en Moscú. “Mantener una vida normal requiere mucho más esfuerzo y genera mucho más estrés”.

 

Traducción de Miguel López

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