Plaza Pública

La investidura de Pedro Sánchez en marcha

Odón Elorza

Me imagino la escena de Pedro Sánchez, iniciando su ronda de reuniones exploratorias para acreditar su candidatura a la investidura, recibiendo a un Rajoy desencajado –peor aún si no acudiera– a la puerta de una sala del Congreso para explicarle las reformas legislativas que necesita el país.

La respuesta del PSOE a las decisiones inesperadas de Rajoy y Podemos no será otra que la de tomar la iniciativa. Y debiera ser sin demoras que pudieran ser mal interpretadas, porque hay demasiado ruido y la gente, mareada por tanta volatilidad y cambio de posiciones, se empieza a cansar del desencuentro entre los partidos y de la falta de coherencia.

Es posible que la ciudadanía no sea consciente de la dificultad de avanzar en la búsqueda de acuerdos en este nuevo ciclo político con una aritmética parlamentaria diabólica, de la falta de una cultura de pacto y de la escasa empatía entre las fuerzas políticas. Una consecuencia de la desconfianza absoluta hacia Rajoy por sus actitudes antidemocráticas, fruto de la tensión entre los partidos tradicionales y los emergentes y de las formas de "actuar" de Podemos.

Sin embargo, nada de ello puede servir de excusa para que los partidos escapen de su responsabilidad tras la tramposa huída de Rajoy ante la investidura. La ciudadanía observa actitudes poco reflexivas, postureos, teatralización y arrogancia de unos y otros. Y no compensa, sino que provocan hilaridad, el intercambio público de tuits.

En medio de la confusión y las presiones inadmisibles que arrecian, con todas las miradas centradas en Pedro Sánchez –algunas de ellas con el deseo de que le desautorice el Comité Federal– el candidato del PSOE tomará la iniciativa de reunirse uno a uno con los líderes de los otros partidos, en una primera ronda exploratoria, para conocer qué acogida tendrían sus propuestas recogidas en un documento resumen de partida sobre bases socio-económicas y medidas de regeneración.

En él se contendrían las políticas necesarias que el PSOE –junto a quien le acompañara– quiere impulsar desde un gobierno de progreso para España, vía reformas legislativas, así como la propuesta de constituir la Ponencia para abordar la reforma de la Constitución. 

Es un movimiento audaz y simple a la vez, dotado en su desarrollo de una gran carga de pedagogía democrática que permitirá a Pedro Sánchez tomar con inmediatez la iniciativa para dejar claro qué queremos hacer desde el gobierno y para qué. Nada que ver con el juego de reparto de cargos y sillas o con las posiciones inmovilistas. La iniciativa ha de ser, también, la demostración de una apuesta total por el diálogo sin exclusiones y un intento de desbloquear la situación desde una posición propia.

Será preciso un calendario público de reuniones convocadas por Pedro Sánchez, como candidato que opta a la investidura, para comprobar sus posibilidades. La ronda comenzaría con el encuentro con Rajoy en el Congreso. Se iniciaría así un plan negociador a la búsqueda de consensos que aporta legitimidad al líder socialista y le permite controlar los tiempos. No veo problema en dirigir una petición al Rey para que retrase su cita con Pedro Sánchez ni habría que esperar a la celebración del Comité Federal del PSOE porque no hay tiempo que perder.

La segunda fase de estos encuentros los concretaría Pedro Sánchez, ya con aquellas fuerzas que hubieran mostrado interés real en entrar en la negociación y con las que se puedan compartir objetivos creíbles en acuerdos y posibles pactos para formar o ayudar a constituir un gobierno de progreso.

Si pacto y acuerdos no fueran alcanzables, tras intentarlo con rigor, convicción y en términos razonables, entonces el PSOE habría demostrado a la sociedad, y a sus votantes en particular, que cumplió de modo coherente sus compromisos electorales. Estaríamos ante unas elecciones anticipadas y cada cual tendría que responder de su responsabilidad en el fracaso de no haber sabido gestionar el mandato del 20-D. ______________

Odón Elorza es diputado del Partido Socialista por Gipuzkoa y exalcalde de Donostia (1991-2011).

¿Y si la militancia decide sobre los pactos?

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