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El showcialismo...

Qué tiempo tan bueno para sacar la silla de enea al fresco y contemplar España comiendo pipas. Qué show nos han ofrecido los habitantes de Ferraz 70 en las últimas semanas. Si la idea era dar el espectáculo, misión cumplida, aplausos, han logrado por completo el showcialismo, muy fan.

“En el PSOE no hay bandos ni bandas” dijo Susana Díaz ante el comité andaluz, en plan madre total: ¡Ni primarias, ni primarios!, le faltó añadir. ¡Y recoged Ferraz que tenéis la sede hecha una leonera! ¡A ver si voy a tener que ir yo a coser el partido, que lo lleváis todo deshilachado!

Daba un poco la risa aquello de “no hay bandos”, cuando asistíamos a sendos análisis de la misma realidad con resultados diametralmente distintos. Y no solo desde el propio partido, también desde fuera, donde cada uno contaba la feria y los estatutos según le iban...

Mientras Rajoy, con los pies en alto y un transistor para ver cómo va el partido –de fútbol– espera en el sofá el momento de gobernar, mediante la abstención ajena o tras unas terceras elecciones –que, visto lo visto, le darían mejor resultado aún que las anteriores–, los socialistas se sacan los ojos, convierten la rosa en exabrupto y el puño en puñetazo. Bravo.

Es habitual la escisión en la izquierda. “Las izquierda” las llamo yo, en modo “Cantudos”, porque nunca hay una, hay muchas, hay más izquierdas que botellines.

Es inherente a la left wing, a lo largo de la Historia, el desacuerdo, el enfrentamiento, la pelea. Y no sucede únicamente en España, solo en el abanico ideológico de la socialdemocracia europea encontramos múltiples y diversas varillas. Pero aquí somos muy pasionales y la desavenencia se lleva al límite, si discrepamos, discrepamos. Cabe el símil exagerado: “un hombre, un voto” y “un hombre o mujer de izquierdas, una doctrina”. Excesivo, sí, pero no descabellado.

Si la discusión se quedara en lo meramente ideológico, podríamos concluir aquello de que es más crítico, reflexivo e inconformista el pensador de izquierdas. No le gusta que le impongan, no pasa por el carril, no es dócil ni maleable. Sería romántico, sí, pero falso de toda falsedad.

Ni el seguidor de izquierdas es siempre independiente y desapasionado en su análisis de los acontecimientos –también da la razón con ceguera a sus ídolos, cual believer–, ni los líderes se enfrentan únicamente por diferencias ideológicas.

Ya quisiéramos presenciar un debate de  altura sobre rumbo, proyecto o planes de futuro y escuchar más a menudo reflexiones razonadas, compartidas o no, pero incontestables en las formas y en la solidez de los argumentos, como las de Josep Borrell, por citar un ejemplo de solvencia intelectual.

Pero no, la mayoría de las veces asistimos a una mera lucha de poder, chusca y tragicómica como el Pressing catch. Habrá que saber ahora quién se adjudica el papel de Mark William Callaway, 'El enterrador'... del PSOE.

En esta semana, que ha desembocado en la dimisión del secretario general del PSOE –tras perder la votación sobre la celebración de un Congreso extraordinario–, hemos podido ver un show bochornoso al que no le ha faltado detalle:

– Follón en la calle, como cuando Justin Bieber se asoma al balcón del hotel.

– Ventanas abiertas de los vecinos de la sede socialista, con el himno del PP sonando a toda pastilla, en modo recochineo español on.

– Pradas, que no podía entrar a su despacho a recoger el retrato de su hijo. ¡Qué perra cogió con la foto, mira que no hacer copias!

– Un militante amarrado a la valla de la sede del PSOE en Mérida, en señal de protesta por el quilombo de su partido, emulando a Tita Cervera voceando “¡no a la tala!”. En su caso sería, ¡no a la tala del capullo de la rosa!”.

– La señora Pérez, desconocida para el gran público hasta ahora, enterrada en el ramillete de micrófonos, cual cabeza emergente de la tierra de Amanece que no es poco, gritando aquello de “¡¡La autoridad soy yo!!”.

Paella para los periodistas. Plumillas y cámaras relegados a la calle, hambrientos y al relente, como mandan los cánones.

– Más recesos en el Comité que visitas de un adolescente a la nevera en época de exámenes..

– Pablo defendiendo a un Pedro a punto de caer, el mismo al que no apoyó cuando podía Podemos.

– Gritos, insultos y las lágrimas de una lideresa descritas en Twitter con una metáfora que podría patrocinar Supergen:

Solo nos faltó el grandísimo Rafael Azcona para darle forma al relato y pillarnos una cogorza con vino de su tierra riojana.

Ahora llega el ¿Y ahora qué? De un PSOE “roto por completo” dice Pérez Tapias. Un partido al que no conoce ni la madre que lo parió, parafraseando parcialmente a Guerra, protagonista, en el pasado, de otra disensión. Un partido en el que cantar “agrupémonos todos” va a sonar más falso que Milli Vanilli. Susana debe de estar buscando en Amazon una máquina de coser carpas de circo.

Y al lío inmenso, súmenle la presión que no tardó en aparecer en la noche de los cuchillos largos. Poco después de la dimisión de Sánchez –mientras Revilla contaba en laSexta Noche que Pedro le había llamado desde el coche y le había asegurado que se presentaría a las primarias, siempre tiene una lata de anchoas y un titular a mano el presidente cántabro–, publicaba El Mundo: “El PP pide garantías de gobernabilidad a cambio de aceptar la abstención del PSOE” o sea “Si te portas bien, te dejo que me hagas un favor”. Aplausos.

Sigan ustedes despellejándose mientras Mariano, con la tranquilidad de la leona que, acostumbrada al jaleo doméstico de la sabana observa, repanchingada y moviendo la cola, cómo pelean sus cachorros, piensa: “Que se maten, mientras se enzarzan entre ellos me dejan a mí tranquilo. ¿Y el Madrid cómo va, ha vuelto a empatar?”.

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