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Muros sin Fronteras

No es un disparate: Trump puede ganar

Muchos dicen: "Después del Brexit, todo es posible, incluso que Donald Trump sea presidente de EEUU". La frase, o la idea, tiene un cierto tufo antibritánico. En España podríamos decir: "Después de las últimas elecciones, todo es posible, incluso que Donald Trump sea presidente de EEUU".

Hillary Clinton es, tal vez, la mujer mejor preparada de su generación para ser presidenta de EEUU. Pero también es una de las más odiadas por los republicanos y de las menos queridas por los demócratas, que la consideran una apparatchik, un producto elitista del sistema con una incapacidad congénita para la empatía. Hereda como mujer el odio racista hacia Barack Obama  (en su caso, sexista) por parte de una derecha estadounidense que parece echada al monte desde hace ocho años.

El último escándalo, además del que arrastra por la utilización de su correo privado para asuntos en teoría secretos –poniendo en peligro, dicen los críticos, la seguridad nacional–, ha estallado en el arranque de la semana grande del Partido Demócrata. La convención nacional en Pensilvania, que sigue a la republicana celebrada la semana pasada en Cleveland, debe lanzarla hacia la fase final de la larga carrera electoral con las mejores armas para derrotar a Donald Trump, el candidato republicano.

Ese último escándalo tiene que ver con Bernie Sanders, el aspirante derrotado en las primarias, un veterano político socialdemócrata (a la europea; casi comunista para la extrema derecha de EEUU) que ha logrado movilizar a miles de jóvenes que le ven como una alternativa a la casta. Una información filtrada por WikiLeaks demuestra que la plana mayor del partido no fue neutral en las primarias, que apoyó activamente a Hillary y conspiró para descarrilar la opción Sanders.

Esta información es potencialmente dañina para el partido y para su candidata. De momento, parece que lo han resuelto más o menos bien: dimitió la jefa del partido (en EEUU son maquinarias electorales que se activan solo ante las urnas); Sanders pidió a sus enfadadísimos seguidores que miraran hacia delante, que el objetivo es que Hillary sea presidenta, es decir que no lo sea Trump, y los demócratas han dado la vuelta al asunto culpando a hackers rusos de la filtración. Esta pista conduciría al Kremlin y a una conclusión: Putin vota por Trump. Este tipo de cosas tienen buenos titulares, ¿pero importan al ciudadano medio?

Las últimas encuestas colocan por delante al republicano, pero es lo lógico después de una semana en prime time. En la próxima será Hillary la favorecida. Habrá que esperar a septiembre para saber dónde está cada uno. El cineasta Michael Moore advierte de que la victoria de Trump en noviembre es más que posible y ofrecía algunas claves recogidas por infoLibre:

1) El republicano centrará sus esfuerzos en el Medioeste castigado por la crisis, Estados que tradicionalmente votan demócrata y que esta vez podrían cambiar de bando: Michigan, Ohio, Pensilvania y Wisconsin.

2) El votante blanco están enfadado, se considera perdedor de la crisis. Trump le ofrece lo que quiere oír. Entre esos votantes están los 'odiadores' de Hillary.

3). La demócrata no entusiasma a nadie.

4) Los seguidores de Sanders se van a quedar en casa

5) Trump representa una ruptura, un puñetazo en la mesa, algo tentador en medio de una crisis como la que vivimos. Sería lo que aquí en España llaman la tentación populista. En este punto conecta con el Brexit.

No va a ser una campaña en positivo, con propuestas atractivas que movilicen a millones de votantes, no va a ser el Yes We Can de Obama. Esta vez consiste en movilizar el voto defensivo, el pragmático, y conseguir que el 8 de noviembre acudan a votar suficientes personas dispuestas a parar los pies a Trump aunque sea con una pinza en la nariz.

Hillary Clinton va a depender de cinco grupos:

-Las mujeres. Conseguir que las estadounidenses vivan como una oportunidad propia la posibilidad de tener la primera presidenta en la historia de EEUU. Hillary, pese a su falta de empatía, aportará algo más de sensibilidad a los problemas de las mujeres que el misógino Trump.

Los negros. Hillary tiene toda la ventaja sobre Trump, y más ante la violencia policial que se vive en el país relacionada con la población afroamericana. El republicano solo promete mano dura y más permisividad con las armas.

Hay un problema racial creciente en EEUU que, tal vez, estaba ahí desde los tiempos de los derechos civiles, pero que ahora es evidente. Ser negro puede ser un motivo suficiente para que un policía blanco te dispare. Será Bill Clinton quien se encargue de movilizar este voto, lo mismo que Obama. Una persona, que ya habló ante la convención demócrata, que puede ser importante es Michel Obama, la mujer más preparada de su generación (más joven que Hillary).

Los jóvenes. Aquí lo tiene imposible Hillary, y tal vez Trump. Sanders y la senadora progresista Elisabeth Warren serán los encargados de movilizar a este sector que se siente más cerca de Occupy Wall Street que en colocar una mujer del sistema al frente del sistema

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Los hispanos. Pese a todas las diatribas de Trump contra los mexicanos en general y los indocumentados en particular, hay un número no marginal de hispanos, quizá los que ya tienen papeles, que se siente atraídos por ese lenguaje caudillista, faltón y belicoso que no les resulta tan ajeno. La idea del 'American first' atrae a los que ya están dentro, que ven en los nuevos inmigrantes una amenaza a su estatus y la posibilidad de tener que repartir una tarta cada vez más exigua.

Para evitar fugas, Hillary ha elegido como compañero de ticket, como candidato a la vicepresidencia al senador a Tim Kaine, un tipo que tiene varias virtudes de las que la candidata adolece: es simpático, transmite empatía y habla un español más que decente aprendido en Honduras, donde trabajó como voluntario. Tenerle como vicepresidente en noviembre sería una excelente noticia para los luchadores pro derechos humanos de ese país, para los seguidores de Berta Cáceres. Dejarían de ser invisibles a la acción de la política exterior.

Los republicanos moderados. En este punto también es esencial Kaine, que es ante todo, un católico centrista, una de las grandes bazas de Hillary para atraerse al voto moderado republicano, al conservador clásico que ve en Trump un clown alejado de las formas y modos tradicionales del Great Old Party. Piensen en el patricio George Bush padre, y sabrán a qué me refiero. Incluso un medio patán como Ronald Reagan parece un líder cabal y educado cuando solo era un mal actor que interpretó a la perfección su papel de presidente de EEUU, algo en lo que tuvo mucho que ver Nancy Reagan. Trump no tiene una Nancy, pero Hillary tiene a Bill. Esa es su ventaja y su problema. EEUU está harto de dinastías.

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