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Buzón de voz

Un presidente antisistema

Los guardianes de las esencias democráticas ladran ante cualquier gesto de protesta callejera, ya consista en abucheos a las autoridades o en concentraciones pacíficas ante el Congreso. Casi todo lo que se sale de los cauces previstos en su personal y estricta interpretación de la normativa vigente es calificado de "antisistema". El "sentido común", tan proclamado como exprimido por Mariano Rajoy, dice que lo ocurrido hace unas horas en el Palacio de la Moncloa es el mayor gesto "antisistema" que se podía organizar desde el propio aparato del Estado.

Se trataba de la primera comparecencia pública del presidente del Gobierno después de la reproducción en El Mundo de algunos SMS que intercambió con Luis Bárcenas antes y después de conocerse sus multimillonarias cuentas en Suiza, y también después de que el propio extesorero del Partido Popular afirmara ante el juez Pablo Ruz que había realizado pagos en efectivo a Rajoy y a la secretaria general del partido, María Dolores de Cospedal, en 2008, 2009 y 2010. "En sobres de color marrón", y, en el caso de Cospedal, "en billetes de 500 euros".

Doble mensaje leído

Mariano Rajoy llevaba escrito un doble mensaje: 1) "El Estado de Derecho no se somete a chantaje". 2) "Voy a cumplir el mandato que me han dado los españoles". Dicho de otra forma, Rajoy utiliza la manida excusa de la razón de Estado para justificar su estrechísima relación con Bárcenas y se escuda en la mayoría absoluta parlamentaria del PP para comunicar que se fuma un puro con las graves acusaciones que pesan sobre él y sobre el partido que preside.

Pretender que lo que demuestran los mensajes telefónicos cruzados entre Rajoy y Bárcenas (y confirmados por el presidente) es que el Gobierno no presiona a jueces, fiscales e inspectores de Hacienda es realmente patético. ¡Faltaría más! Quizás a quienes tenga que convencer Rajoy del carácter sagrado de la independencia judicial sea a sus compañeros Federico Trillo o Alberto Ruiz-Gallardón, y no a los ciudadanos, que se conformarían con que la igualdad de todos ante la ley se demostrara cada día, en cada caso y en cada tribunal. Los SMS demuestran otras cosas, fundamentalmente el hecho de que Rajoy sigue apoyando y dando ánimos a su querido Luis Bárcenas pese a saber que atesoraba cuentas millonarias en el extranjero. Ese "yo siempre estaré ahí", efectivamente, estará siempre ahí, para recordar el nivel de exigencia ética de Mariano Rajoy.

La mayoría absoluta obtenida por el PP hace año y medio con un programa electoral que poco o nada tiene que ver con las políticas ejecutadas le sirve a Rajoy para proclamar que tiene "un mandato que cumplir" para "superar la crisis" y desarrollar su "programa de reformas". Todo lo demás vienen a ser "minucias", cosas al parecer propias de delincuentes y periodistas. Sobre todo se trata de un mensaje a los partidos de la oposición: Rajoy no va a dimitir ni piensa asumir ningún tipo de responsabilidad política; si alguien quiere sacarlo de la Moncloa, que presente una moción de censura que no habrá forma de ganar sin una ruptura interna en el PP. Sabe además que la moción de censura exige un candidato o candidata a presidente del Gobierno, y el PSOE aún no lo ha elegido, ni cabe imaginar que todo el abanico de la izquierda, UPyD y los nacionalistas pudieran pactar otro nombre para la ocasión.

La 'razón de Estado'

Hasta aquí, el contenido del acto perpetrado hace unas horas en el Palacio de la Moncloa y al que no puede denominarse rueda de prensa. El presidente del Gobierno despacha un escándalo político de proporciones evidentes con un par de respuestas leídas y, al menos una de ellas, ante una pregunta amañada. El derecho a la información es de los ciudadanos, y no un privilegio de los periodistas ni una herramienta para servir al antojo de un gobernante. Rajoy está obligado a responder, ante el Parlamento y ante la ciudadanía, sin trucos ni apaños con medios aduladores.

La estrategia de esquivar responsabilidades políticas y de confiar en que judicialmente no se pueda probar ningún delito es por sí misma antisistema, en el sentido que la Real Academia da al adjetivo: "contrario al sistema social o político establecidos". Pocas actuaciones socavan más el dañado prestigio de la democracia que esa "resistencia" en el poder a prueba de documentos, SMS, testimonios o preguntas incómodas. La razón de Estado debería indicar también la puerta de salida.

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