Desde la tramoya

Rajoy, comentarista deportivo

Cada cual es libre de ir a los debates que estime convenientes. Ni Rajoy ni Sánchez, ni tampoco Rivera ni Iglesias ni Garzón pueden estar en todas las convocatorias que reciben. En el PSOE, por ejemplo, ha habido más de 25 peticiones para debatir, procedentes de universidades, medios grandes y pequeños, plataformas profesionales...

En el caso de Mariano Rajoy, es comprensible que no quiera pasar por la tortura de verse acosado por tres jóvenes ambiciosos que le sacarán los colores por la corrupción. De manera que deja que vaya su vicepresidenta, con la que los jóvenes lo tendrán algo más difícil.

Pero las que no tienen pase, y constatan de nuevo el carácter del presidente que tenemos, son las excusas que Rajoy ha puesto para no aceptar ningún debate excepto un cara a cara con Pedro Sánchez, que el presidente cree seguro que ganará.

Dijo que no iba al debate del lunes en El País, en el que por primera vez se verán las caras Iglesias, Sánchez y Rivera, por problemas de agenda. Pero al mismo tiempo en que se celebra el debate, a las nueve de la noche, Rajoy estará en una entrevista larga con Pedro Piqueras en Telecinco.

Dice Rajoy que no va al debate de Atresmedia, el del día 7, porque "tengo un problema, que tengo que seguir trabajando de presidente, y otros no". El presidente exagera porque, sin embargo, sí tiene tiempo de comentar tres partidos de fútbol, tal como le ha pedido la COPE, y porque hace muy pocos días, cuando le preguntaron en esa misma cadena si ve muchos partidos, Rajoy dijo: "Siempre dos o tres partidos los puedo ver. El del sábado por la noche lo veo casi siempre y el del domingo por la tarde".

Digámoslo con claridad tabernaria: Rajoy le echa mucha cara. No tiene respeto por la verdad, ni el pudor mínimo para no sonrojarse cuando miente. Nuestro presidente, además, es un indolente. Buena onda en la distancia corta, agradable en la conversación y nada agresivo, sí, pero indolente. Se aplica con mucha más pasión y conocimiento a los asuntos de fútbol que a los de Estado, como demostró con su erudición enciclopédica en la primera tertulia futbolera el miércoles, en la radio de los obispos.

Allí, por cierto, dijo que "no hay mejor defensa que una buena defensa". Ese es Rajoy: el hombre que ha pasado por cuatro ministerios y la presidencia del Gobierno sin que nadie sea capaz de recordar nada notable de su gestión, que no haya sido flotar como un corcho en la ola del ciclo económico y someterse al dictado de Bruselas. El hombre que afirma que "los catalanes hacen cosas", que "un plato es un plato y un vaso es un vaso", o que "España es una gran nación y los españoles muy españoles". Con esa clarividencia, ¿cómo va tener ganas de que le contradigan en un debate público?

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