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DESDE LA TRAMOYA

Rajoy sin vergüenza

Rajoy esta hoy mejor que ayer. Los suyos –su grupo parlamentario, sus cuadros, sus militantes– respiran algo más tranquilos. Porque finalmente citó a Bárcenas decena y media de veces por su nombre. Porque habló una hora sin esquivar el tema, aparentemente. Porque sacudió un par de latigazos eficaces al líder de la oposición, algo que siempre anima a tu claque.

No tuvo ninguna vergüenza. Salió de frente, sin pudor. Valentón. Hay que tener poca vergüenza –dicho sea en el más literal sentido– para recurrir sin que te tiemble la voz de una decena de las más eficaces falacias retóricas de todos los tiempos.

Tomó la parte por el todo. Falacia típica. De manera que pudo decir "me equivoqué" sin vergüenza alguna. Para inmediantamente decir que solo se equivocó en depositar su confianza en Bárcenas. Como cuando a alguien le preguntas cuál es su principal defecto y te contesta "que soy demasiado bueno". Pobre Rajoy: se equivocó por confiar en su tesorero. Pero la magia retórica funciona. Hoy el cien por cien de los ciudadanos, de alguna manera, podrá decir que Rajoy "reconoce errores". Cuando en realidad lo que ha hecho ha sido negar prácticamente todos excepto ser demasiado bueno.

La falacia ad hominem. Como quien habla es un delicuente, nada de lo que dice es cierto. "Salvo alguna cosa" o, ahora, media docena de verdades para esconder grandes mentiras, como dijo el presidente. O, como lo dice Rubalcaba, que antes había dicho otras cosas sobre otros asuntos y en otros contextos, entonces tampoco vale nada la palabra del líder de la oposición. Nada de lo que todo el mundo sabe: que hubo sobresueldos, algunos presuntamente ilegales, financiación cuando menos oscura del PP, doble contabilidad... Pero como quien lo afirma está desacreditado por otros motivos, no vale nada lo que se afirma. Y el presidente así lo defiende sin vergüenza.

Las pistas falsas. ¿Qué vale más: unos apuntes al vuelo en unos papeles arrugados, o el Tribunal de Cuentas? El presidente sin vergüenza nos dice que el Tribunal, cuando un estudiante de primero de Derecho sabe que las auditorías de ese Tribunal son extemporáneas, incompletas, benévolas y controladas por los principales partidos. Pero sobre esa pista falsa se puede construir magistralmente la invalidación de cientos de otras pruebas más que verosímiles. Confiemos en que el juez las estudie, pero para entonces quién sabe sobre qué estaremos hablando. O cuando el presidente afirma que todos los partidos suplementan sus sueldos. Puede ser. Pero no estamos hablando de partidos, sino de ministros. Y éstos están sometidos, al menos en la ley, a un rígido régimen de incompatibilidades, que impide salarios adicionales. Pero el presidente sin vergüenza suelta la falsa pista y con eso, al menos a los suyos, les vale.

Argumento a silentio o, también ad ignorantiam. Un clásico en la retórica de Rajoy. Como ni afirmo ni desmiento, nada de lo que se me acusa es cierto. Y así a ver quién se aclara... O la famosa "presunción de inocencia": como aún no se sabe, no se puede afirmar. Es curioso que el presidente del Gobierno utilizara la defensa que Rubalcaba hacía apelando a la presunción de inocencia contra las acusaciones de Rajoy de antaño, para defenderse de las acusaciones que al propio presidente se le formulan ahora. Truco endemoniado pero eficaz.

Argumento ad consecuentiam. En la comparecencia del presidente hubo muchos ejemplos. La prueba de que soy transparente es que estoy aquí. Aunque todo el mundo sepa que estuvo ahí porque si no le habría caído una moción de censura, porque la presión era insoportable, porque se lo pedía medio partido, y porque su silencio producía bochorno internacional. Estoy aquí por la imagen del país (¡qué obsesión con la imagen del país!), cuando todo el mundo sabe que lo que daña la imagen del país es la financiación presuntamente ilegal del partido que está en el Gobierno.

Podríamos recorrer el diccionario de falacias buscando muchas de ellas en las palabras del presidente. Por cierto, Ricardo García Damborenea, el ex líder del socialismo vasco que según los papeles de Bárcenas recibió dinero del PP, tiene publicado, y gratis en Internet, un buen catálogo bajo el título Uso de razón. Así jugó sus cartas Rajoy: sin pudor, como gusta a propios y exaspera a extraños. Venía con una pareja de doses, pero jugó de farol, como si tuviera un repóker de ases. Trampeando con las cartas, jugando con la plasticidad de los argumentos falaces. Sin vergüenza. Hemos visto a ese Rajoy tahúr más veces en aquellos plenos brutales contra Zapatero, que llenaba de afirmaciones engañosas. Como entonces, Rajoy ha dado muestras de resistencia, de desparpajo y de poco apego a la verdad. A duras penas habrá aumentado un puntito ese miserable 15% que tiene de aprobación ciudadana, pero puede irse algo más tranquilo de vacaciones. Ya sabemos que si la economía le sonríe y la oposición sigue como está, incluso será reelegido. Qué arte.

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