A debatir

¿Qué ha sido de Pedro Sánchez?

El pasado 21 de mayo, Pedro Sánchez ganó con comodidad las elecciones internas del PSOE frente a su archirrival, Susana Díaz, y consiguió de este modo recuperar la Secretaría General que le había sido arrebatada mediante una torpe conspiración en la que se habían involucrado los principales pesos pesados del partido. Fue una bofetada de la militancia a un aparato orgánico que se había vuelto crecientemente conservador ante la irrupción de Podemos. Frente a la actitud defensiva de las viejas élites del partido, Sánchez propuso recuperar un proyecto clásico de izquierda (“Somos la izquierda” era su eslogan) y abrirse al diálogo y la negociación con Pablo Iglesias y los suyos, consciente de que necesitará el apoyo de Podemos en algún momento para poder gobernar.

Desde mayo, se ha sabido poco de Sánchez. Su estilo ha cambiado radicalmente. ¿Recuerdan sus intervenciones en el Sálvame o en el Hormiguero? En su primera fase, Sánchez era una presencia ubicua en los medios y lanzaba opiniones sobre los temas más variopintos, desde el toro de la Vega hasta la reforma del artículo 135 de la Constitución. De un tiempo a esta parte, sin embargo, sus intervenciones públicas son escasas y muy medidas. En consecuencia, resulta más difícil que antes saber en qué consiste su proyecto político y cuál es el grado de renovación ideológica y organizativa que está dispuesto a introducir en el partido. A cambio, parece haber ganado en estatura política, da la impresión de ser un dirigente más experimentado y con un sentido más profundo de la política.

En la crisis catalana ha adoptado una posición muy discreta. Es muy probable que desde un punto de vista estratégico ello le convenga, pues al fin y al cabo la crisis constitucional la ha dejado pudrir Rajoy con su inacción y cerrilismo. Sin embargo, se han oído voces críticas con su apoyo casi incondicional al Gobierno. La gran concesión que obtuvo a cambio de su posicionamiento favorable a la aplicación del artículo 155 fue la promesa (vaga) de Rajoy de abrir la cuestión de la reforma constitucional una vez que se estabilice la situación catalana. El PP, así, rompió el tabú de la reforma, pero los acontecimientos desde entonces parecen indicar que la derecha, aunque permita que arranquen los trabajos parlamentarios, no se va a comprometer en serio con el proyecto de reforma. Si así acabara ocurriendo, Sánchez tendrá poco que ofrecer a sus bases a cambio del apoyo que ha prestado a Rajoy.

Recuérdese que Sánchez se opuso taxativamente a la abstención del PSOE en la votación de investidura de Rajoy. Pero poco más de un año después el mismo Sánchez se ha abstenido de criticar la acción del Gobierno, hasta el punto de que el PSOE ha retirado la recusación de la vicepresidenta Soraya Sáez de Santamaría por la represión del 1 de octubre y votó en contra de la formación de una comisión de investigación sobre ese mismo asunto. De esta manera, el PSOE ha ido a corriente de la ola de españolismo que los independentistas catalanes han despertado con sus acciones y, sorprendentemente, ha conseguido con ello unir al partido.

Por lo demás, la crisis catalana ha introducido una mayor división entre PSOE y Podemos, con lo que la perspectiva de una alianza de izquierdas se vuelve más remota, lo que a unos alegrará y a otros disgustará.

Me gustaría plantear un debate esta semana sobre la gestión de Pedro Sánchez en estos primeros seis meses. ¿Cuáles han sido los puntos fuertes y débiles en este tiempo? ¿Ha jugado bien sus cartas en la crisis catalana? ¿Ha adquirido talla de presidente de gobierno? ¿Ha satisfecho las promesas y expectativas de un PSOE nítidamente de izquierdas?

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