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Muros sin Fronteras

Solo son cuatro años

Ha ocurrido lo impensable: Donald Trump será presidente de EEUU. El Telegraph británico tituló con ironía y un cierto oportunismo: “American Brexit”. Las elecciones norteamericanas han vuelto a desnudar a las empresas demoscópicas, incapaces desde hace tiempo de predecir el estado de ánimo de las sociedades sobre las que realizan sus sondeos. Sucedió en el Brexit y en el plan de paz de Colombia. Hablamos de un asunto que viene de lejos. Es como si se empeñaran en medir el gran enfado de gente desde las herramientas con las que medían su felicidad antes de la crisis de 2008, cuando todo era boyante y felizmente eterno.

Es todo el sistema, incluido el periodístico, el que vive enclaustrado en una burbuja de irrealidad que se retroalimenta. Solo hablamos entre nosotros, informamos de las cosas que nos suceden, nos preocupan y nos gustan. Ese mundo es el que fluye por las redes sociales. La mayoría de los ciudadanos vive y sufre otro tipo de vida en la que reina el desempleo, la precariedad laboral, los sueldos basura, la reducción de las pensiones. Hay un mundo que genera basura y otro que rebusca en ella.

No solo es un problema de EEUU, nosotros tenemos a Rajoy.

Lo más sorprendente es que Trump haya logrado conectar con el mismo tipo de electorado con el que conectó Barack Obama hace ocho años. Es un voto contra el sistema pese a que Trump sea parte destacada de ese sistema. Ha tenido la habilidad de presentarse como una víctima de Wall Street y de los medios de comunicación. Será un bocazas machista, que lo es, pero no es un idiota. Sabe lo que quiere: poder. Su victoria dice mucho de la escasa influencia que tienen los medios en los votantes cabreados. Ha sido un clamor contra él. Solo le ha sostenido, y con dudas, Fox News. Ha ganado contra todo, incluso contra una parte de su partido

Contará con un Congreso republicano, es decir sin contrapesos para poner sordina a sus chaladuras. Este presidente y este Congreso nombrarán un juez o jueza para el Tribunal Supremo en sustitución del ultraconservador Antonin Scalia, fallecido hace unos meses. Su reemplazo será de la misma cuerda para recuperar una mayoría de cinco a cuatro. La jueza progresista Ruth Nader Ginsburg, de 83 años, podría dejar su sitio por razones de salud. Sería una mayoría de 6-3. Está en juego el futuro de la ley del aborto, el control de armas, la reforma sanitaria, toda una legislación social.

El retroceso puede ser mayúsculo. El músico Harry Belafonte se preguntaba en la víspera de las elecciones en un artículo en The New York Times, “¿qué podemos perder?”. Y se respondía: “Todo”.  Eso es posiblemente lo que hemos perdido, pero aún no lo sabemos.

Te echaremos de menos, Barack

¿Por qué no ha ganado Hillary si enfrente estaba un tipo como Trump? La respuesta no es sencilla. Es una político gastada, símbolo de un sistema corrupto que ha llevado al país a la ruina. Sea justo o injusto, real o falso, es una imagen de la que no ha logrado despojarse. Tampoco resulta una persona empática, tiene fama de escuchar poco y de hablar mucho. Lo que más le ha perjudicado es la necesidad de un péndulo tras una Presidencia, que no llenó las expectativas del Yes we can. Con Obama ha existido una campaña de acoso y derribo de tufo racista en la que se le ha discutido, y Trump ha participado en ella, hasta su lugar de nacimiento. Ese mecanismo racista se ha trasladado a Hillary Clinton transformado en uno machista. Un amplio sector de la extrema derecha de EEUU no la soporta por ser mujer.

Visto con perspectiva, Hillary no ha sido una buena candidata. Queda la duda de qué habría pasado con Bernie Sanders, un político que podría haber discutido a Trump el voto del desencanto. Hay un dato que pone límites a esta hipótesis que ya corre por las redes sociales. El senador demócrata Russell Feingold, considerado progresista, ha perdido su escaño por el Estado de Wisconsin. Feingold votó contra la Patriot Act, entre otras leyes retrógradas.

¿Qué nos queda? Esperar que Trump sea un buen político, es decir que no cumpla sus promesas. Que se limite a dar titulares disparatados y que no toque el botón nuclear. También nos queda sacar conclusiones y preparar las elecciones de 2020. ¿Con Michelle Obama? Negra y mujer. Una gran opción.

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